"(...) En los mercados serios no se suspende una subasta sin razones poderosas;
y cuando se suspende es porque los participantes han cometido algún
delito. Como este no es el caso, al menos de momento, cabe deducir que
la Marca España está a punto de caer, una vez más, en el ridículo. (...)
Como el llamado equipo energético no parece enterarse, habrá que repetir
que el problema no es la subasta en sí —y por tanto no cabe eliminarla
sin disponer de un método o procedimiento para fijar el precio en enero,
precio que ahora queda sometido a la más negra incertidumbre—, sino el
mecanismo total de fijación de precios, perpetrado por el PP en tiempos
de Aznar.
Una de tantas herencias envenenadas (como las autopistas
radiales) que no suele mencionar Rajoy en su catálogo de denuestos
contra los socialistas ni figuran en el catecismo del PP. (...)
Para fijar el precio de la electricidad se suman dos factores: el
resultado de una subasta, llamada Cesur, y los llamados peajes (costes
de transporte, distribución, etcétera), que evolucionan en la práctica a
discreción (limitada) del Gobierno. El enredo está y siempre ha estado
en la subasta.
A ella concurren las empresas comercializadoras, que son filiales de
las eléctricas, y, como vendedores, intermediarios financieros (bancos
comerciales, de inversión o mesas de trading de las compañías). Esta
composición explica que el intercambio de ofertas y demandas que se
produce en la subasta no es industrial, sino financiero.
Es decir, el
precio resultante de la electricidad incorpora, añade, una ganancia
financiera. Con independencia de que el mercado esté condicionado o
manipulado, el absurdo principal es que un cruce de operaciones
financieras no puede ni debe determinar el precio de la tarifa
doméstica.
Es un dislate —como el de anular la subasta por las bravas—
que solo se le podía ocurrir a los genios de perra chica de los
Gobiernos aznaríes. Parece más propio, natural o adecuado fijar
referencias como el precio medio al que se cruza la oferta y demanda
eléctrica real en el pool (antes de la distribución).
O, como se hace en otros países, establecer un precio ex ante durante
un periodo de tiempo y corregirlo en función de la evolución del
mercado. Los procedimientos son múltiples y agotarían varios tomos de
apretada lectura que ni este Gobierno ni sus supervisores de cámara
están en disposición de leer.(...)" (
Jesús Mota
, El País, 21 DIC 2013)
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