"Primitivo es el conserje de una urbanización casi fantasmal. Vigila seis
bloques de viviendas nuevas (apenas tres años de antigüedad) levantada
en una zona de expansión de Castellón y que nació pegada al único centro
comercial de la ciudad. En la actualidad no viven ni 30 personas. La
obra comenzó casi al mismo tiempo en que la burbuja inmobiliaria se
deshinchaba. (...)
Hoy es una de las estampas que más ejemplifica la fiebre urbanística de la provincia.
“De los seis bloques solo hay en venta dos y hay 26 vecinos para 264
pisos”, explica Primitivo. Él lleva trabajando en la urbanización desde
2011. “Al principio tenía que hablar solo o con las farolas”, bromea.
El
aburrimiento le llevó a limpiar uno a uno los 264 pisos. Ahora, dice,
hay “algo de movimiento”. En una libreta va apuntando los nombres de los
nuevos inquilinos. Ni que decir tiene que el cuaderno tiene demasiadas
hojas en blanco. (...)
Un gran cartel que ocupa toda la fachada de uno de estos bloques
anuncia la venta de estos pisos que han pasado a ser propiedad de dos
entidades bancarias. Enfrente, el resto de la urbanización, otros cuatro
bloques con pisos de lujo, han pasado a manos de otro promotor.
La
bajada de precios mueve a algunos compradores como Jorge Mateos, un
joven que espera a ver una de estas viviendas. “Está todo muy vacío”,
comenta sorprendido. El precio, unos 90.000 euros para un inmueble
nuevo, podría hacerle relegar el hecho de vivir en una urbanización
fantasma, comenta.
Castellón es, con diferencia, la provincia con más viviendas nuevas
en stock, según el informe sobre el sector inmobiliario en España
publicado recientemente por CatalunyaCaixa, que arroja un parque
excedentario del 25,84%.
Un piso de cada cuatro de nueva construcción
tiene el cartel de se vende. En total, 114.703 viviendas nuevas y
vacías. Para dar cuenta del problema basta ver que la segunda provincia
con más excedente no llega al 9%. (...)
Moncofa es un claro ejemplo de la construcción desmedida. En este
municipio de unos 7.000 habitantes se proyectaron viviendas para 120.000
personas. En total, 31.500 pisos. Se han construido 8.000. La burbuja
estalló en pleno desarrollo y ahora la costa ha quedado jalonada de
bloques de hasta doce pisos donde prácticamente no vive nadie.
En
algunos casos los edificios nuevos han empezado a desconcharse. Hay
solares sin edificar frente a moles de ladrillo. Parques infantiles casi
desiertos: en pleno día festivo solo hay una familia en uno de ellos.
“Aquí en frente [un bloque de 12 plantas] vive una persona”, dice un
vecino que se encoje de hombros cuando se les pregunta por la fiebre del
ladrillo en este municipio.
La mayoría de estos inmuebles son propiedad
de bancos (y del banco malo) que han tirado precios. Los empresarios no
ven factible que estas construcciones se derriben. “Tarde o temprano se
venderán, están en la playa y sería una barbaridad tirarlos”, dice
Renau. Otra cosa son los esqueletos, las obras sin terminar. “Dan mala
imagen y son peligrosos, habría que tirarlos”, comenta Sanz.
También el aeropuerto ha jugado su papel en la especulación
urbanística. Las expectativas de nuevos turistas llevaron a los
Ayuntamientos a dar más suelo al ladrillo. “En Oropesa la construcción
ha sido imparable”, recogió un reciente informe de Greenpeace. Allí,
Marina d’Or ha levantado decenas de bloques de apartamentos. Muchos de
ellos sin compradores, en propiedad de bancos o en alquiler. (...)
La construcción en las zonas de costa ha dado lugar a verdaderos
esperpentos. En Almassora, un municipio colindante con Castellón, se
decidió urbanizar parcelas antes rústicas en el distrito marítimo. (...)
No importó que la playa tenga carencias como la inexistencia de un
paseo marítimo y, peor aún, que a tan solo unos metros se ubique el
polígono industrial de El Serrallo donde se instalan empresas como
Repsol, Iberdrola, UBE y BP.
Hay tanques de combustible a cien metros de las viviendas. El boom del ladrillo no se paró por eso. (...)
Los saqueadores han llegado a desvalijar decenas de chalets. En esta
zona se venden chalés junto a la playa por menos de 60.000 euros." (El País, 24/11/2013)
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