"(...) Según el economista Juan Torres (¿Quién vive gratis en España? Público, 17-11-13) “casi
el 70 % de lo que hoy debe el Estado español es por concepto de
intereses y este concepto es lo que hace que hoy día deba 4,5 veces lo
que debía en 1989.
Mientras que si los déficits de gastos e ingresos
corrientes generados desde 1989 se hubieran financiado por un banco
central con los mismos tipos de interés con que el Banco Central Europeo
financia a la banca privada, nuestra deuda ahora no llegaría ni al 15%
del PIB”.
De esta afirmación podemos sacar tres conclusiones:
1ª- La inmensa mayoría de la deuda pública corresponde a intereses (más de 100 millones diarios).
2ª
Esta deuda pública no se ha generado por los gastos ocasionados por el
estado de bienestar, sino por la ayuda económica que ha tenido que
proporcionar el Estado a la banca en crisis para evitar su quiebra, que
desde el 2009 se cifra en 246.000 millones de euros (según el FMI), con
los correspondientes intereses.
3ª- Si nuestro país hubiera
mantenido su Banco Central propio hoy no tendría ningún problema de
liquidez y de deuda pública. Debemos recordar que mientras el Banco
Central Europeo presta el dinero de todos los europeos a la banca
privada a menos del 1 %, ésta dedica ese préstamo a adquirir deuda
pública al 3, 4, 5, ó 6 %.
Por otra parte, el dinero directo que el
Banco Central Europeo ha prestado para el rescate de la banca (más de
61.000 millones de euros) no ha ido directamente a ella, sino que se ha
canalizado a través del FROB (Fondo de Reestruturación Ordenada
Bancaria), dependiente del Ministerio de Economía, y, por tanto, ha
pasado directamente a engrosar la deuda pública.
Sin embargo, los
ingresos en estos años de crisis han caído constantemente debido, sobre
todo, a la disminución de ingresos por el IVA (la fuerte caída del
consumo interno por bajada de salarios y el elevado nivel paro), al
mantenimiento de una fiscalidad injusta que recae sobre todo en los
asalariados, reducida tributación de las grandes empresas y
multimillonarias fortunas y al enorme fraude fiscal anual (unos 80.000
millones de euros). (...)" (Juan García Ballesteros, Rebelión, 30/11/2013)
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