"(...) Hoy se da por sentado que Europa está jodida, que se jodió. Hay
distintos diagnósticos. Unos, que se debe a la pereza de los del Sur,
que el aire mediterráneo y la siesta los hizo vivir por encima de sus
posibilidades (eso que hemos oído tanto, hace tiempo ya en América
Latina).
Otros, por la rigidez del Banco Central de Alemania, que domina
la troika y se impone a las otras economías. Las medicinas se
diferencian un poco, pero al fin y al cabo, amargas todas. Porque todos
aceptan que Europa se jodió.
Lo cual es un fenómeno de inmensas dimensiones, representa un
retroceso de dimensiones civilizatorias, porque el Estado de bienestar
social europeo fue una construcción solidaria que se había vuelto
referencia a escala mundial. Terminar con él implica así un retorno a
tiempos de exclusión social y abandono que Europa había dejado atrás. (...)
Yo ubicaría ese momento en el paso del primero al segundo año del
primer gobierno de François Mitterrand, en Francia. La victoria,
finalmente tan conmemorada de la izquierda francesa en la segunda
pos-guerra, propició a Mitterrand un primer año centrado en las
nacionalizaciones, en la consolidación de los derechos sociales, en una
política externa solidaria y volcada hacia el Sur del mundo.
Pero el mundo había cambiado, Reagan y Thatcher imponían un nuevo
modelo y una política internacional, Francia sufrió las consecuencias
del nuevo escenario. Una posibilidad sería que Francia estrecharía
alianzas con la periferia, con el Sur del mundo, con América Latina, en
particular, liderando a los países que más directamente sufrían los
virajes globales.
La otra, que predominó, fue el cambio radical de
orientación del gobierno socialista francés, adaptándose a la nueva ola
neoliberal, a su manera, sumándose como aliado subordinado al liderazgo
del bloque EUA-Gran Bretaña.
Ese viraje, que consolidó la nueva hegemonía, de carácter neoliberal,
inauguró la modalidad de gobiernos y fuerzas socialdemócratas
asimilados a la hegemonía de los modelos centrados en el mercado y en el
libre comercio. La España de Felipe González no tardó en adherir, fue
seguida por otros gobiernos, y abrió camino a que, en Latinoamérica
también, esa vía se extendiera a países como México, Venezuela, Chile,
Brasil, entre otros. (...)
La crisis iniciada en 2008 agarró a Europa absolutamente fragilizada,
porque estaba inmersa en los consensos neoliberales, lo cual le impidió
reaccionar como los gobiernos latinoamericanos, que se han inspirado
precisamente en los modelos reguladores que habían sido hegemónicos en
Europa en las tres décadas calificadas de gloriosas, para reaccionar
positivamente frente a la crisis.
El resto es la fisonomía actual de Europa, de destrucción del Estado
de bienestar social, tirando fuego al alcohol, tomando medicinas
neoliberales para la crisis neoliberal, que solo se ahonda y prolonga." (Emir Sader, Público, 28/12/2013)
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