"(...) ¿Estamos saliendo de la crisis, como sostiene el gobierno?
Estamos en lo que parece el inicio de una recuperación, que en todo
caso durante el próximo año será débil, frágil y sujeta a numerosas
incertidumbres, como han puesto en evidencia los efectos del derrumbe
del peso argentino en la bolsa española.
En esta incipiente recuperación
está jugando un papel fundamental el gasto público, gracias al
aplazamiento, por dos años, de los objetivos de déficit público
impuestos por la UE. El incremento del techo de gasto público, unos
20.000 millones de más sobre lo contemplado en los presupuestos
aprobados para 2013, y el esfuerzo de desendeudamiento que han llevado a
cabo los particulares y las empresas por sus propios medios, es lo que
está haciendo que la demanda nacional (vía consumo e inversión privada, y
consumo público) tire unas décimas del PIB, frente al falso y erróneo
discurso gubernamental sobre la competitividad exterior.
La mejora, en
unas décimas, de esas variables macroeconómicas no va a suponer una
mejora sustancial del mercado de trabajo a corto plazo, como han puesto
en evidencia los datos de empleo del cuarto trimestre de la EPA.
¿Tiene que ver esta mejora de indicadores con que la economía española
es hoy más competitiva tras las reformas, como defienden los partidarios
del ajuste?
La devaluación salarial impulsada
por el gobierno, además de dolorosa en términos sociales, ha agravado la
crisis y ha retrasado la recuperación, ya que ha deprimido el conjunto
de la actividad económica.
El principal elemento para un crecimiento
económico estable y vigoroso es el incremento del consumo y la inversión
nacional. En una economía del tamaño de la española, que no es
comparable con otros países exportadores mucho más pequeños, el impulso
de las exportaciones vía devaluación salarial nunca podrá compensar la
caída de la demanda nacional que provoca esa misma devaluación salarial.
Esto sin tener en cuenta que los costes laborales son una parte cada
vez menor de los costes de producción, como afirma la propia Comisión
Europea. Los productos de los países desarrollados solo pueden ser
competitivos en los mercados mundiales (productos, no olvidemos, en los
que los derechos sociales de los que disfrutamos están incluidos en el
precio de venta) si las empresas que los fabrican son intensivas en
capital o basan su estrategia competitiva en detentar una situación de
monopolio en alguna fase del proceso de producción (como la innovación y
la diferenciación de producto). (...)
¿Es la devaluación salarial el precio a pagar por salir de la crisis?
No, ha sido la incapacidad política de los gobiernos de actuar
eficazmente sobre el sector financiero y energético lo que ha hecho que
finalmente el esfuerzo de reducción de costes haya recaído sobre los
costes laborales. Los sobrecostes que actualmente tienen que pagar las
empresas españolas por la energía y la financiación son debidos a la
influencia que las principales empresas de estos sectores tienen sobre
el poder político.
La crisis ha sido la excusa para aplicar un programa
de máximos del empresariado español menos abierto a la competencia
internacional, el que depende en gran medida de los presupuestos
públicos, el que menos invierte en modernizar su empresa, el que basa
sus márgenes empresariales en la sobrexplotación de los trabajadores.
Ha
sido el shock externo que los neoliberales españoles esperaban para
modificar radicalmente las reglas del juego en el mercado laboral,
incrementando exponencialmente el poder del empresario en las relaciones
laborales y despreciando las consecuencias demoledoras de la
devaluación salarial sobre el tamaño y sofisticación de la demanda
nacional.
La devaluación salarial descuelga a España de la senda de las
sociedades desarrolladas basadas en el conocimiento, en las cuales la
implicación de los trabajadores es fundamental para generar valor en la
empresa. (...)" (Entrevista con Bruno Estrada, eldiario.es, 26/01/2014)
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