"Es la primera mujer que ocupa la secretaría general de un sindicato
policial. Y además del primero del cuerpo, el Sindicato Unificado de
Policía (SUP), con casi 31.000 afiliados. Mónica Gracia sustituyó el pasado mes de julio al emblemático José Manuel Sánchez Fornet,
quien estuvo al frente de la organización durante 21 años. Ahora, ella
ha llegado para llevar la organización con su "propio estilo". (...)
El Gobierno del PP se presenta como el defensor del orden y cercano a las fuerzas de seguridad. ¿Es esto verdad? (...)
Al PP también se le olvida la situación social que estamos viviendo. Hay mucha gente en paro, que no tiene nada para comer, que su situación familiar es cada vez más precaria. Como es normal, estalla la crispación social. Mientras, ellos no saben lo que está ocurriendo a pie de calle. (...)
La Policía ha sido criticada duramente por reprimir las
protestas contra los recortes, incluso por el Consejo de Europa. Dado
que el SUP es una organización que también se opone a los recortes,
¿cómo abordan esta situación desde el sindicato?
Aunque a
veces se olvide la Policía también somos parte de la sociedad. Sufrimos
la crisis económica y los recortes sociales como cualquier otro
ciudadano. Pero hay quien, de forma interesada, trata de hacer de las
detenciones y las cargas la noticia y quedan ocultas las cuestiones
sociales que generan las situaciones de conflicto.
Para nosotros no es fácil, porque muchas veces entendemos la demanda
social que se expresa en la calle. Pero tenemos que hacer cumplir la
ley. Las UIP cumplen una orden, que no la da un policía, la da el
delegado de Gobierno. Es el político el que manda cargar y luego son
los agentes los que se llevan las críticas. (...)
Se dice que para los propios agentes es muy duro cuando
tienen que acudir a los desahucios. ¿Ninguno se ha negado a cumplir las
órdenes de echar a una familia de su casa?
Si un policía
se niega a cumplir una orden tendrá que hacer frente a una sanción y al
final su nómina se verá mermada. Además, si es una orden judicial,
podría sentarse en el banquillo delante de un juez.
Hay compañeros que nos han contado que se han bajado la visera del
casco cuando iban a un desahucio porque iban llorando. Llegan a un
barrio, como podría ser el suyo, y se encuentran con un panorama
desolador, con una familia con hijos pequeños, que los tienes que sacar
por la fuerza de su propia casa.
El agente también piensa que es una
situación injusta. Y seguramente al juez que haya dictado la orden
también le parece injusto. Pero las leyes son las que son y como agentes
de la autoridad faltaríamos a nuestro deber si no las cumpliéramos. (...)" (Público, 26/01/2014)
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