"El Estado de Baviera ha creado un programa para reclutar a jóvenes
españoles dispuestos a trabajar en Alemania. Les facilita cursos de
alemán, vivienda y una integración supervisada a sus destinos laborales.
La operación ofrece ventajas para ambas partes: Alemania se asegura de
poder escoger los perfiles que necesita, y los jóvenes españoles pueden
encontrar la oportunidad profesional que su país no es capaz de darles.
Pero más allá de esta benevolente interpretación, lo que en realidad
oculta la noticia es la transferencia de capital humano y profesional de
los países empobrecidos por la crisis, hacia los países que no solo no
la han sufrido tan intensamente sino que se han beneficiado de ella.
Alemania, pese a tener una deuda mayor, paga ahora menos intereses que
en 2007. Grecia, en cambio, pese a haber sido rescatada (o precisamente
por ello) no solo no ha reducido su deuda, sino que la ha más que
duplicado y los intereses no hacen sino incrementarla. (...)
A diferencia de las olas migratorias de los años cincuenta y sesenta,
no es mano de obra barata lo que quiere Alemania. El director de la
Agencia Federal de Empleo, Frank-Jürgen Weise, declaró el año pasado que
Alemania necesitará importar más de 200.000 titulados superiores y
profesionales de alta cualificación al año y espera encontrarlos en los
países del sur.
EE UU logró la hegemonía económica y cultural gracias a su capacidad
para importar talento del resto del mundo. Algo parecido está empezando a
ocurrir en el interior de Europa. Mientras aumentan las trabas a la
movilidad de los trabajadores pobres y poco cualificados, se crean
oficinas de reclutamiento para los que aportan talento y creatividad.
La
posibilidad de movilidad interior puede ser vista como un alivio por
los países en crisis, pero no deja de ser una transferencia masiva de
capital humano, una descapitalización. Esta movilidad selectiva permite a
los países importadores apropiarse del esfuerzo realizado por los demás
para formar élites profesionales y a la larga, agravará todavía más la
brecha entre la Europa del norte y la del sur. (...)
Con salarios de 800 euros al mes, un 25% de paro, una enorme bolsa de
economía sumergida y unas clases medias sin capacidad para consumir,
pocos ingresos tendrá el Estado. Y sin ingresos fiscales suficientes, el
Estado de bienestar, es decir, la sanidad, la educación y los servicios
sociales, acabarán siendo, efectivamente, insostenibles. Y esto es lo
que tenemos que debatir." (
Milagros Pérez Oliva , El País, 1 FEB 2014)
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