"Por qué tendría que sorprendernos el aumento del racismo, el
antieuropeísmo y el populismo en Europa, si las instituciones y los
Gobiernos europeos no hacen nada realmente eficaz para frenar las causas
que los alimentan? Todo lo contrario, las políticas frente a la actual
crisis financiera y económica fomentan esos movimientos. (...)
¿Cuáles son, entonces, los factores reales que están detrás de esos movimientos xenófobos y populistas? (...)
Cuando la población experimenta un deterioro brusco de sus
condiciones de vida y cuando, en esas circunstancias, los Gobiernos
aplican políticas de austeridad, la incertidumbre y el miedo al futuro
se extienden entre la población.
A su vez, el miedo al futuro entre la población alimenta la
xenofobia, el odio al “otro”; y el miedo a la “mecánica del odio” lleva a
los Gobiernos a respuestas autoritarias. Por uno y otro lado, los daños
los reciben las libertades civiles y la democracia.
En esta situación
vale la pena recordar las palabras del presidente Franklin D. Roosevelt
cuando, en su toma de posesión, en medio de la Gran Depresión de los
treinta, señaló “que a lo único que debemos temer es al miedo”. (...)
Pero mucho me temo que las circunstancias económicas y la política europea son un factor de riesgo político. Por cuatro razones.
Primera. La agenda oficial de la política económica europea sigue
dominada por el objetivo de reducción rápida del déficit, en interés
básicamente de los prestamistas. El crecimiento, el paro y la
desigualdad no están dentro de sus prioridades reales, son meras
declaraciones retóricas.
Segunda. El euro, en su actual lógica de funcionamiento, es como una
golden straitjacket, una camisa de fuerza de oro, que impide a las
economías de los países en crisis margen para crecer, a pesar de los
esfuerzos de sus poblaciones. La apreciación del euro frente a todas las
monedas en 2013 se comió las ganancias de competitividad de las
reducciones salariales internas. Esto es algo frustrante, que crea
resentimiento en la población.(...)
Tercera. La fragmentación financiera que sufre la zona euro. Un grupo
de países tienen que pagar un elevado sobrecoste, de entre 200 y 300
puntos básicos, para financiarse, respecto de lo que pagan otros, como
Alemania. Esto es algo que no puede mantenerse mucho tiempo, asesina el
crecimiento y el empleo en los países que han de pagar ese sobrecoste. Y
es la negación de la propia esencia de una unión económica y monetaria.
Cuarta. La UE está coqueteando con la deflación. Es decir, con una
bajada generalizada de los precios. Esto es algo a lo que todo
economista sensato teme porque no se sabe cómo hacerle frente.
Miren el
caso de Japón, que lleva en esa situación desde la crisis inmobiliaria
de 1992. La deflación es especialmente peligrosa para las economías
altamente endeudadas, porque el pago de la deuda es más costoso a medida
que los precios y las rentas bajan. (...)
Esos cuatro factores tienen en común que acentúan el estancamiento
económico, el paro y la desigualdad en Europa. Y la falta de
crecimiento, el paro masivo y la elevada desigualdad son los tres
jinetes del Apocalipsis que alimentan la xenofobia, el populismo y el
antieuropeísmo. (...)" (
Antón Costas
, El País, 12 ENE 2014 )
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