"El Tratado de Maastricht y la aparición del euro desencadenaron una
guerra comercial que ha devastado las economías de los países
periféricos y lleva camino de hacer lo propio con sus sistemas
políticos, destruyendo la soberanía y desmantelando el bienestar de los
estados que se encuentran en dificultades.
Pronto se evidenció que
aquella prosperidad había derivado de un previo y continuado desarrollo
económico y social conseguido en el plano nacional por estados
enmarcados en el constitucionalismo social de posguerra, con dinámicas
intervencionistas y planteamientos redistributivos que la unión
económica y monetaria ha eliminado por completo. Se trata, en palabras de Emmanuel Todd, de la negación de Europa.
En
este contexto, se antoja imprescindible desbordar los márgenes
impuestos y atreverse a plantear la ruptura con las limitaciones que
impiden el avance de un programa realizable de transformación social. En
nuestra opinión, la salida del euro constituye una alternativa
necesaria para recuperar la soberanía y superar la gravísima crisis que
atravesamos.
Se trataría, junto con la negación al pago de la deuda
ilegítima, del primer paso de una estrategia constituyente que pretenda
el reequilibrio de la economía en el marco de un desplazamiento del
poder económico y social hacia el Trabajo, situando al Estado en el
puesto de mando de la economía.
La estrategia tiene numerosos y
diversos eslabones. De entrada, es previsible que la devaluación
monetaria provoque un incremento de la deuda externa, pues debería
liquidarse en una moneda mucho más valiosa que la nuestra y sería
imposible continuar satisfaciéndola.
Por lo que respecta a la deuda
pública (alrededor de 300.000 millones de euros), parece ineludible la
suspensión de pagos y la realización de una auditoría pública para
asegurar una quita sustancial que aligere el aplastante peso de la deuda
sobre nuestra economía.
En particular, consideramos que debería
declararse ilegítima la contraída por el Estado en la reestructuración y
rescate del sistema financiero, que ha supuesto una obscena
socialización de las pérdidas acumuladas por la banca en la financiación
de las burbujas bursátiles e inmobiliarias.
Por lo que respecta a
la deuda privada, los bancos estarían bajo presión y tendrían que
afrontar quiebras. Las tensiones que experimentaría el sector financiero
harían insoslayable la nacionalización del mismo y la creación de una
banca pública con el fin de garantizar los depósitos y asegurar una
financiación estable a las pequeñas y medianas empresas.
Además, y
fundamentalmente, el control público del crédito haría posible afrontar
los desequilibrios de fondo que han provocado la crisis, convirtiendo la
banca pública en un instrumento clave para revertir la financiarización
de la economía y transitar de un modelo dependiente basado en la
especulación a un modelo basado en la economía real, productiva e
industrial.
En paralelo, el Estado debería nacionalizar los
sectores estratégicos (servicios públicos, transporte, energía y
comunicaciones) y promover una política de inversiones públicas que,
manteniendo la protección y defensa del medio ambiente como pilar
fundamental, contribuyese a modificar y renovar la estructura productiva
del país, deteniendo los procesos de desindustrialización y
especialización productiva que derivan de una inserción asimétrica en la
economía europea.
Como han destacado algunos autores, la crisis
económica está provocando un preocupante deterioro de nuestra capacidad
productiva motivado por la debilidad de la actividad inversora, la
descapitalización del tejido industrial y la descualificación de la
fuerza de trabajo, ahondando la fractura productiva que separa al centro
de la periferia[1].
En este contexto, la reconversión del modelo productivo deviene una tarea urgente, so pena de embocar una rápida y dramática transición al subdesarrollo.
En definitiva, se trata de iniciar una trayectoria de crecimiento
diferente, caracterizada por la intervención pública en la economía, la
colaboración de un sistema bancario público y el respeto al principio de
sostenibilidad ecológica.
Como correlato de lo anterior, la estrategia constituyente tendría que
abordar dos aspectos cruciales para detener y revertir la ofensiva
neoliberal: una reforma fiscal progresiva y una profunda
reestructuración del mercado de trabajo, como expresión de una nueva
racionalidad económica que sirva a los intereses de la mayoría social.(...)" ('La Unión Europea: una nueva colonización (y II)', de Héctor Illueca y Adoración Guamán en Público, en Caffe Reggio, 25/01/2014)
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