" La gente está percibiendo que ese superestado en construcción,
que llamamos Unión Europea, está dañando sus condiciones de vida y que,
cada día que pasa, es considerado más como un problema que como
solución a los problemas actuales.
El Eurobarómetro muestra que
mientras, en 2007, el 65% de los españoles confiaba en la Unión Europea
(UE), hoy desconfía el 75% de la ciudadanía. Y, asimismo, el 60% de la
población de la UE desconfía de la propia UE. (...)
Branko Milanovic, un experto en cuestiones de desigualdad, escribió en
un libro reciente que una de las causas de la disolución de la Unión
Soviética y de Yugoslavia se halla en la fuerte desigualdad
interregional que tuvieron.
La diferencia en el PIB por persona entre la
república soviética más rica y la más pobre era de 6 a 1 y, en el caso
de Yugoslavia, la diferencia interregional era de 8 a 1 (frente a 1.5 a 1
entre el estado más rico y el más pobre de Estados Unidos, o 1.4 a 1 en
Alemania, 1.6 a 1 en Francia o 1.7 a 1 en España).
Pues bien, en el
caso de la UE la diferencia es 7 a 1 y ello será un factor estructural
de tensión rupturista en una UE que parece más inclinada a aceptar y
gestionar las diferencias de renta, entre sus estado integrantes, que a
facilitar la convergencia en nivel de renta. (...)
El Banco Central Europeo (BCE) tiene prohibido prestar dinero a los
estados y, por tal motivo, lo que hace es prestar a la banca privada, a
un tipo de interés muy bajo, para que, a su vez, ésta conceda crédito a
los estados a un tipo de interés mucho más elevado. (...)
De hecho, hay un economista que ha calculado que, si España tuviera un
Banco Central de verdad, que le prestara al 1%, en vez de estimular la
especulación de la banca privada sobre la deuda pública, pues entonces
tendríamos una deuda pública próxima al 14% del PIB y no al 100%.
Por
culpa del modelo del BCE, que nos endosaron el PP y el PSOE, en 2014
gastaremos más en intereses de la deuda que en ayudas a las personas
desempleadas.
La UE está dividida en más espacios fiscales que estados para provocar
que los países compitan unos contra otros bajando impuestos y
erosionando la base fiscal con que se financia el estado del bienestar.
Un estudio publicado por la Fundación de las Cajas de Ahorros muestra
que el tipo nominal del impuesto de sociedades en la Unión Europea de
los Quince, en 1995, era el 38.03% y, en 2005, el 30.11%. En 2004,
ingresaron diez nuevos estados con un tipo impositivo nominal del 20.5%.
La carrera hacia la desfiscalización de los estados ha sido organizada
de manera muy eficaz. (...)
Asimismo, el hecho de que en la UE quepan diferencias que multipliquen
por más de diez los ingresos salariales en unos países, en relación con
otros, facilita las deslocalizaciones y la competencia salarial a la
baja.
El terreno de juego que se ha definido en la UE actual es
inmejorable para destruir derechos: presupuesto europeo casi
irrelevante, BCE que organiza la especulación de los prestamistas contra
los estados, competencia fiscal y laboral a la baja y presiones
constantes para privatizar lo público y socavar las pensiones.
El diseño institucional europeo, apoyado con entusiasmo por el bipartidismo español, ha agravado las consecuencias de la crisis y supone una amenaza permanente para las condiciones de vida de la ciudadanía. Ese proyecto de UE antisocial se apoya en la destrucción progresiva de las estructuras democráticas.
El diseño institucional europeo, apoyado con entusiasmo por el bipartidismo español, ha agravado las consecuencias de la crisis y supone una amenaza permanente para las condiciones de vida de la ciudadanía. Ese proyecto de UE antisocial se apoya en la destrucción progresiva de las estructuras democráticas.
El propio presidente del
BCE, Mario Draghi, ha declarado que “muchos gobiernos todavía deben
darse cuenta de que perdieron su soberanía nacional”. Esto quiere decir
que hay pueblos europeos que se han quedado sin soberanía para decidir,
sin poder sobre sus propios asuntos, y, por lo tanto, sin democracia. (...)" (Ramón Trujillo , Rebelión, 21/02/2014)
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