27.3.14

La salida de la crisis será lenta y difícil por dos razones: las cargas heredadas del pasado y las dificultades para fortalecer la demanda interna

"(...) La recuperación es un cambio de tendencia del crecimiento: nuestra economía, tras largos años cayendo y mucho (el 7,5% desde 2008), empezó a crecer débilmente (unas décimas), impulsada principalmente por la demanda exterior, desde mitad de 2013 y, recientemente, se ha registrado un ligero repunte del empleo. (...)

Pero estas mejoras no llegan al ciudadano. Las familias siguen con bajos ingresos, elevadas deudas y reducido consumo, los empresarios, también muy endeudados, no reciben créditos para sus negocios, el desempleo es desorbitado, soportamos mayores impuestos para financiar los intereses de la deuda y los múltiples recortes continúan pesando sobre la población: en definitiva, la crisis sigue ahí.

 Hemos salido de la recesión, no de la crisis: no cabe utilizar un lenguaje engañoso. La recuperación solo constituye un primer paso, aunque importante.

El ciudadano puede preguntarse: ¿Es sólida esta recuperación o morirá como la de 2010?, ¿cómo la hemos conseguido y a qué coste?, ¿se consolidará pronto hasta superar la crisis?

 ¿Es una recuperación sólida? 

Probablemente más que la de 2010 y no porque aquella no lo fuera, sino porque la austeridad merkeliana la destrozó. Pero la actual tampoco está exenta de numerosos riesgos, de distinta magnitud y probabilidad. (...)

Los principales riesgos nacionales son el déficit público, el sistema financiero, el crédito privado, el problema catalán, la elevada e impune corrupción y el malestar ciudadano fuente de desestabilización y conflictos sociales.¿Qué recuperación tenemos y a qué coste? 

 Una recuperación de origen externo y con grandes costes sociales. El Gobierno pretende atribuirla a sus políticas y reformas, pero sus causas más inmediatas son los estímulos exteriores y la flexibilización permitida por Bruselas para reducir el déficit público. (...)

La intensa y acelerada contracción fiscal —impuesta ciertamente por Bruselas, pero aplicada celosamente por nuestro Ejecutivo— nos hundió en la segunda recesión y retrasó la recuperación. En palabras de Stiglitz, “las políticas de austeridad hicieron que la desaceleración fuera más profunda y larga de lo necesario, causando consecuencias de dilatada duración”, como la reducción del PIB y la destrucción de empleo registradas en la presente legislatura. (...)

Además, los ajustes del déficit se materializaron en descensos de los ingresos medios y bajos y en reducciones de recursos para educación y sanidad, aumentando la desigualdad más que cualquier país europeo.

¿Se consolidará la recuperación y en qué plazo hasta superar la crisis? 

 Estimo, y creo no ser pesimista, sino rigurosamente realista frente a determinados triunfalismos, que la salida de la crisis será lenta y difícil por dos razones: las cargas heredadas del pasado y las dificultades para fortalecer la demanda interna. (...)

Según Olli Rehn, arreglar una crisis como la española acaba costando una década. El Instituto de Estudios Fiscales (IEF), think tank del Ministerio de Hacienda, prevé que el nivel de PIB anterior a la crisis no se recuperará hasta alrededor de 2018 y, según el FMI, hasta 2020: nos situaríamos ahora prácticamente a mitad de la crisis en términos de producción.

 ¿Y en desempleo? El propio IEF estima que a final de esta década la tasa de paro superará el 15%. ¿Para cuándo el 8% de 2007?

Salimos de la recesión, pero seguimos en crisis. Solo si somos conscientes con realismo de las grandes dificultades que implica superarla, podremos tomar las medidas necesarias. Medidas que lleguen a la inmensa mayoría. Mejor con grandes pactos de Estado. Pero para eso hace falta talla política."             ( , El País 26 MAR 2014 )

No hay comentarios: