"Mientras el partido de la no violencia y de una independencia
nacional con intensas y amistosas relaciones con Rusia es claramente
mayoritario en el país, según la última encuesta disponible, fuentes
militares de Estados Unidos reconocen que Moscú ya tiene, “el pleno
control operativo de la Península de Crimea”,
territorio ancestral ruso mayoritariamente poblado por rusos pero que
pertenece a Ucrania y que, alegando inestabilidad, Moscú ha ocupado
ilegalmente.
En Balaclava, base de la armada, una nueva unidad
ucraniana se rinde: la mitad de los soldados firman por Crimea (léase
Rusia), la otra mitad optan por Ucrania y se van tras firmar un papel.
En otra un ultimátum de fuerzas rusas anoche que éstas desmentían: los
ucranianos tienen órdenes de Kíev de no usar armas, pero cualquier
incidente armado con muertos en territorio ocupado significaría un
desastre para la operacion de Putin.
En la capital, donde desde hace una semana hay un gobierno pro
occidental a todos los efectos (UE, OTAN y FMI), se percibe desencanto.
Creían tener todo el poder y se reconocen débiles. No solo por lo de
Crimea. No solo porque sus adversarios – el “anti Maidán”- andan
crecidos y a la ofensiva en el Sur y el Este del país, con asaltos a
sedes de gobierno regionales en Odesa, Donetsk y otras ciudades (...)
Síntomas de división entre Estados Unidos y Alemania, cuyo sector
empresarial tiene muchos intereses en Rusia y teme que mantener la línea
radical (con ayudantes polacos y script de Washington) no conduzca a
ninguna parte. (...)
En cualquier caso hay tufillo de paso atrás en el ambiente. “Practicar
la diplomacia no es debilidad”, dice el ministro de exteriores alemán
Frank-Walter Steinmeier en Bruselas. (...)
“Quienes interpretan nuestras acciones como una especie de agresión y
nos amenazan con sanciones y boicots son los mismos que han estado
animando a sus aliados (en Kíev) a declarar ultimátums y renunciar al
diálogo”, dice Lavrov.
El paso atrás es necesario por Ucrania, un
país en alto riesgo que necesita un mediador para iniciar distensión.
Si alguien con autoridad fundara el “Movimiento contra la violencia en
Ucrania” se llevaría al país de calle. ¿Pero quién? Quienes tienen
autoridad en el oeste y en el centro del país, no son reconocidos en el
este y el sur, y viceversa. Las Iglesias están divididas y más bien
contribuyen a la radicalización.
¿Un mediador internacional?: la UE es
parte del problema, Rusia también. Secuestrada por una “comunidad
internacional” que no pasa de representar al 5% de la población mundial,
la ONU apenas existe… Ucrania pide a gritos un acuerdo. Un 68% quiere
que Ucrania y Rusia sean países independientes pero amigos, con
fronteras abiertas y sin aduanas, según la última encuesta disponible. (...)
Los radicales son clara minoría pero determinan la situación." (Rafael Poch, La Vanguardia, o4/03/2014)
"(...) Lo que se ve en la península, por lo menos de momento, es una operación perfecta; toma de infraestructuras, centros neurálgicos, movilización de líderes populares, cambio de gobierno local.
Uno tras otro hasta cinco mandos militares ucranianos de Crimea reniegan de Kíev, con gran efecto sicológico. Nada parece haber sido dejado a la improvisación. Es obvio que la inteligencia militar rusa, y no solo la militar, preparó esta arriesgada respuesta con años de antelación.
Casi tantos años como el empeño del otro imperio por arrastrar a Ucrania al regazo de la OTAN y realizar el sueño de los halcones de Washington y Bruselas: amarrar sus barcos en Sebastopol y Balaclava, las bases militares rusas de Crimea, escenarios de seculares glorias militares ruso-soviéticas y decir, “!aquí estoy yo¡”.
Como meter el Yuri Dolgoruki, un submarino estratégico ruso de última generación en el puerto de San Diego. ¿Absurdo? En esta quimera geopolítica de machos, la OTAN se ha encontrado con la horma de su zapato: “!Hasta aquí hemos llegado”¡, ha dicho el Kremlin.
Desde la misma disolución de la URSS (1991) y la siguiente independencia de Ucrania, todas las encuestas de opinión han ofrecido una mayoría de ucranianos hostiles al ingreso de su país en la OTAN.
Esa realidad, así como una mínima atención a los intereses de seguridad de Rusia (ese país existe, tiene fronteras e incluso intereses comerciales con sus vecinos, que no pueden reducirse a “imperialismo”), habrían aconsejado un estatuto de neutralidad para Ucrania, pero a base de dinero, influencias, inversiones en medios de comunicación y “centros de estudios estratégicos independientes”, compra de magnates y operando siempre sobre la identidad nacional (antirusa) de un sector minoritario del pueblo ucraniano, mayormente del Oeste del país, el asunto se ha forzado. Para hacer la tortilla, incendiamos la cocina. (...)
“Habría sido mucho más sabio decir, “Ucrania eligió el no alineamiento y nosotros lo respetamos”, observa el comentarista de The Guardian Jonathan Steele, un veterano ex corresponsal en Moscú.
En lo que tiene de pulso imperial, la batalla de Ucrania, cuyo último capítulo ha sido esa mezcla de revuelta popular y cambio de régimen inducido desde Occidente, lo ha puesto todo hecho unos zorros. Se dice que el servicio secreto polaco ha financiado a los neonazis del “Pravy Sektor” en Kíev. La Fundación Konrad Adenauer de la canciller Merkel ha financiado al opositor Vitali Klichkó, los americanos a otros.
¿Y qué decir del Canal 5 de la tele ucraniana, del magnate atlantista Petró Poroshenko (quinta fortuna del país), con conexión directa con “La Voz de América”, el principal medio de comunicación del nuevo gobierno de Kíev?
Todavía no ha mentado que entre los caídos en las violencias de Kiev hay unos cuantos policías muertos por arma de fuego - ya tengo once nombres anotados y contrastados en mi libreta, pero dicen que hay más. Esto es muchas cosas, pero también es un festival de intoxicaciones. Y en la respuesta que estamos observando del otro lado, se trata de lo mismo.(...)" (Rafael Poch, 04/03/2014)
"(...) Lo que se ve en la península, por lo menos de momento, es una operación perfecta; toma de infraestructuras, centros neurálgicos, movilización de líderes populares, cambio de gobierno local.
Uno tras otro hasta cinco mandos militares ucranianos de Crimea reniegan de Kíev, con gran efecto sicológico. Nada parece haber sido dejado a la improvisación. Es obvio que la inteligencia militar rusa, y no solo la militar, preparó esta arriesgada respuesta con años de antelación.
Casi tantos años como el empeño del otro imperio por arrastrar a Ucrania al regazo de la OTAN y realizar el sueño de los halcones de Washington y Bruselas: amarrar sus barcos en Sebastopol y Balaclava, las bases militares rusas de Crimea, escenarios de seculares glorias militares ruso-soviéticas y decir, “!aquí estoy yo¡”.
Como meter el Yuri Dolgoruki, un submarino estratégico ruso de última generación en el puerto de San Diego. ¿Absurdo? En esta quimera geopolítica de machos, la OTAN se ha encontrado con la horma de su zapato: “!Hasta aquí hemos llegado”¡, ha dicho el Kremlin.
Desde la misma disolución de la URSS (1991) y la siguiente independencia de Ucrania, todas las encuestas de opinión han ofrecido una mayoría de ucranianos hostiles al ingreso de su país en la OTAN.
Esa realidad, así como una mínima atención a los intereses de seguridad de Rusia (ese país existe, tiene fronteras e incluso intereses comerciales con sus vecinos, que no pueden reducirse a “imperialismo”), habrían aconsejado un estatuto de neutralidad para Ucrania, pero a base de dinero, influencias, inversiones en medios de comunicación y “centros de estudios estratégicos independientes”, compra de magnates y operando siempre sobre la identidad nacional (antirusa) de un sector minoritario del pueblo ucraniano, mayormente del Oeste del país, el asunto se ha forzado. Para hacer la tortilla, incendiamos la cocina. (...)
“Habría sido mucho más sabio decir, “Ucrania eligió el no alineamiento y nosotros lo respetamos”, observa el comentarista de The Guardian Jonathan Steele, un veterano ex corresponsal en Moscú.
En lo que tiene de pulso imperial, la batalla de Ucrania, cuyo último capítulo ha sido esa mezcla de revuelta popular y cambio de régimen inducido desde Occidente, lo ha puesto todo hecho unos zorros. Se dice que el servicio secreto polaco ha financiado a los neonazis del “Pravy Sektor” en Kíev. La Fundación Konrad Adenauer de la canciller Merkel ha financiado al opositor Vitali Klichkó, los americanos a otros.
¿Y qué decir del Canal 5 de la tele ucraniana, del magnate atlantista Petró Poroshenko (quinta fortuna del país), con conexión directa con “La Voz de América”, el principal medio de comunicación del nuevo gobierno de Kíev?
Todavía no ha mentado que entre los caídos en las violencias de Kiev hay unos cuantos policías muertos por arma de fuego - ya tengo once nombres anotados y contrastados en mi libreta, pero dicen que hay más. Esto es muchas cosas, pero también es un festival de intoxicaciones. Y en la respuesta que estamos observando del otro lado, se trata de lo mismo.(...)" (Rafael Poch, 04/03/2014)
No hay comentarios:
Publicar un comentario