28.4.14

La privatización de la sanidad catalana... la de los 'amiguetes'

(...) Los salarios del personal sanitario se han visto reducidos, como media, en un 20% desde el año 2011, aunque en algunos centros y exclusivamente respecto a los facultativos, el decremento se aproxima al 50%. 

A pesar de que los responsables de la Consejería y los directivos de los centros, designados y dependientes de la misma, insisten una y otra vez en pretender convencer a propios y extraños de que parte del “ahorro” se debe a su gran labor mejorando la gestión y optimizando los recursos, lo único verdaderamente cierto, objetivo y demostrable es que el “ajuste” se ha hecho exclusivamente en base al recorte sobre salarios y plantillas, y a expensas de una notable disminución de la actividad asistencial. 

Se han cerrado camas, quirófanos y unidades enteras de hospitalización; se han disminuido plantillas y costes de personal; se ha reducido el número de intervenciones; se han eliminado los turnos de tarde que daban salida a las listas de espera diagnósticas y quirúrgicas; se han establecido criterios restrictivos para la prescripción de algunos medicamentos y de pruebas diagnósticas de coste elevado; se han cursado instrucciones para disminuir la estancia media y “agilizar” las altas hospitalarias... y, lo que es más relevante y explica en gran parte todo lo anterior: se ha derivado actividad asistencial a centros privados, se ha establecido un acceso preferente a la atención asistencial privada pero financiada con dinero público, y se ha puesto en manos privadas la gestión de algunos centros y servicios públicos sanitarios. 

Y todo eso se ha hecho, consciente e intencionadamente, de forma autónoma en cada centro, permitiendo eludir así el control parlamentario y utilizando diversas estrategias para conseguir la colaboración o, cuando menos, la posibilidad de eludir o minimizar cualquier tipo de oposición o crítica por parte de los profesionales.

Una de las razones que, a diferencia de lo que ha ocurrido en Madrid, explican la prácticamente nula respuesta por parte de los profesionales del sector, radica en el peculiar modelo sanitario catalán, tan loado por algunos y tan nefasto, vistos los resultados, para el conjunto de ciudadanos de Cataluña. 

El 74% de los hospitales y centros sanitarios de Cataluña son privados, tanto los hospitales sociosanitarios y psiquiátricos como los hospitales universitarios y generales de grandes comarcas catalanas como Granollers, Manresa, Martorell, Terrasa… no disponen de una sola cama de gestión pública estricta. La asistencia sanitaria de otras áreas, como Sant Boi o Esplugues de Llobregat, está casi en su totalidad en manos de la Iglesia. 

De los casi 70 hospitales de Cataluña, únicamente ocho pertenecen al Instituto Catalán de la Salud (ICS) y son de titularidad al 100% pública: Vall d’Hebron, Bellvitge, Can Ruti y Viladecans en Barcelona; Josep Trueta, en Girona; Arnau de Vilanova, en Lérida, y Joan XXIII y Virgen de la Cinta, en Tarragona. Suman 4.027 camas, lo que representa tan sólo un 12% del total de Cataluña.

Debe recordarse que el pasado mes de febrero, el Gobierno de la Generalidad aprobó la fragmentación del organismo público ICS en las comarcas de Lleida, como inicio del ambicioso plan que tiene previsto la Consejería para acabar definitivamente con el ya residual sistema público de salud en Cataluña.

 Ese plan permitirá desagregar el único organismo sanitario público catalán en diversas empresas filiales, con autonomía de gestión y personalidad jurídica propia, de forma que puedan eludirse los mecanismos de control del gasto público y que los puestos de trabajo puedan ser asignados digitalmente, sin sujeción a los principios de publicidad, concurrencia, capacidad y mérito, exigidos normativamente para la provisión de empleo público. 

Esa decisión se ha tomado sin participación ni consenso alguno con los agentes sociales; CiU y ERC rechazaron en sede parlamentaria la moción de ICV que reclamaba detener ese proceso hasta acordar con profesionales, sindicatos, dirección de los centros y grupos parlamentarios el desarrollo de una normativa específica sobre la cuestión.

 Esos centros públicos dependientes del ICS son, en este momento, gestionados directamente por la Generalidad, aunque están incluidos en la Red Hospitalaria de Utilización Pública (XHUP). La XHUP es un organismo constituido por 64 centros hospitalarios de Cataluña, la mayoría generales, que forman una maraña heterogénea, con distinta dependencia patrimonial (ICS, Generalitat, Diputaciones, Ayuntamientos, consorcios entre diversas administraciones, Iglesia y diversas órdenes religiosas, Cruz Roja y empresas privadas) y con diferente complejidad, tamaño, función y gestión, pública o privada, con o sin ánimo de lucro.

La situación del Hospital Clínico y Provincial de Barcelona es el paradigma de la transparencia y coherencia reinantes en este peculiar modelo catalán. En el mes de febrero del 2008, ese Hospital fue transferido a la Generalidad desde la Administración del Estado, que era su titular. 

A pesar de ser uno de los centros sanitarios más importantes de Cataluña, no tiene ni se conoce su forma empresarial ni su personalidad jurídica concreta; las actuaciones de la dirección del centro, e incluso de la Administración catalana, hacen dudar de que la consideren una entidad de derecho público. 

¡El Hospital Clínico! ¡Que dependía directamente del delegado del gobierno! ¡Una entidad tan pública, o más, que la Guardia Civil!. Claro está que, esa sorprendente “duda” sobre la naturaleza pública del Hospital, permite seguir desviando recursos públicos en beneficio privado, a través de la “joya de la corona” del sistema, espejo donde se miran con envidia otros centros y algunos profesionales, que es “Barna Clínic”, gracias a cuyos suculentos beneficios se consigue la adhesión incondicional de la casta profesional dominante.

El aquietamiento de los profesionales del sector tiene también otras explicaciones. Así, por ejemplo, la paz laboral que reina en el Hospital Clínico, y gracias a la cual se mantiene “el negocio”, ha sido facilitada mediante la preservación de las condiciones laborales y salariales de sus trabajadores, prorrogando los Convenios Colectivos laborales y privados de la entidad, y no aplicando la totalidad de las normas reservadas a los empleados del sector público que, sin reparo alguno, han sido impuestas en otros centros, incluso en algunos de titularidad indudablemente privada.

Pero hay todavía más razones. En contraposición a la progresiva y creciente precarización laboral que se viene imponiendo a los profesionales jóvenes aunque sobradamente experimentados, se ha puesto un excelente cuidado en mantener y potenciar privilegios y prebendas de la élite profesional, especialmente la vinculada a los actuales poderes públicos, la que tiene mayor visibilidad social y más fácil acceso a los medios de comunicación.(...)

  A los más fieles y fervorosos devotos al dogma imperante, se les permite el acceso a la actividad privada en el mismo centro de trabajo e incluso se finge ignorar que la realizan en otro centro durante la jornada ya retribuida. 

A los “mejores”, a los que forman parte de la “piña”, se les confía la prestación sanitaria de los pacientes que no pueden ser atendidos por “insuficiencia presupuestaria” derivándolos a los centros privados de los que son titulares. (...)"               (Carme Pérez, crónica Global, Jueves, 17 de abril de 2014

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