"Imaginemos que a cualquier familia trabajadora que no pudiera pagar
su hipoteca, el Banco de España le diera un crédito para poder pagarla.
De esa forma, dicha familia pasaría de tener una deuda con una entidad
privada, a tener su deuda con el Banco d España.
Sigamos imaginando que
le aceptara como aval el coche, aunque supiera que no vale lo mismo que
el dinero prestado. Imaginemos más: que, a pesar de la ayuda, esa
familia no pudiera pagar el crédito, y entonces se le diera uno nuevo, y
le aceptara como aval los muebles de su casa. Si eso fuese así, nadie
hubiera sido desahuciado.
Pero la realidad supera la ficción. Sólo que en lugar de “familia
trabajadora” debéis poner “banquero” y en lugar de “coche” o “muebles”
podéis poner “activos”, y obtendréis una descripción exacta de lo que
están haciendo los Estados y el Banco Central Europeo con la Banca
Privada de toda la Unión Europea.
Entre 2011 y 2012, el BCE ha prestado 1,018 billones de euros a unas
800 entidades financieras. A finales de 2013, las entidades bancarias
europeas aún debían 718.407 millones de euros (206.760 millones las
españolas). Para facilitar el acceso de estas entidades a los préstamos,
el BCE les ha rebajado sustancialmente la calidad mínima exigida de los
activos que podían presentar como garantía.
Si los bancos no pudieran
hacer frente a esos créditos, tendrían que cubrirlos los Bancos
centrales de cada Estado, lo que no hace sino evidenciar que estamos
ante ayudas públicas sin ninguna clase de discusión.
Además, en la medida que el BCE tiene prohibido prestar a los
Estados, le han brindado una excelente fuente de financiación a los
bancos privados. Tomar crédito del BCE al 1% y prestar a los gobiernos a
un tipo de interés muy superior. Una parte sustancial de los beneficios
de la banca española provienen ya de los diferentes títulos de deuda
soberana que tiene en sus balances.
En el período 2000-2013, las
Administraciones Públicas han pagado 141 mil millones de euros más de
gastos financieros que los que hubieran pagado financiándose
directamente desde el BCE. En 2013 hemos pagado de más, una cifra
similar a la que el Estado ha dedicado a prestaciones por desempleo, 29
mil millones de euros. (...)
La combinación de la ventanilla del BCE con las ayudas de los
Estados, han evitado la quiebra del sistema financiero europeo. Pero el
precio está siendo que, ahora, el hipotecado es el erario público. Se
recorta en Sanidad, en Educación, en Dependencia, se despiden
trabajadoras y trabajadores públicos, y se sigue sosteniendo a los
banqueros. Una cosa implica la otra.
Y hablamos de los banqueros deliberadamente, puesto que lo que están
salvando no es tanto los bancos como el dominio de los grandes
accionistas y directivos de estas entidades sobre el ahorro de la
sociedad. Los bancos siguen sin gozar de buena salud financiera,
manteniendo una situación que sería de quiebra si se retirasen las
ayudas públicas y que solo augura nuevas crisis en cualquier momento de
los próximos años.
Su volumen de deuda ha dejado de crecer al ritmo que
lo hacía en el pasado, pero sigue siendo imposible de pagar. Y la
morosidad continúa creciendo en la medida que la crisis se prolonga.
Ahora son más dependientes de la ayuda pública que nunca y se
permiten, incluso, la especulación con la deuda pública, con el riesgo
aparejado que conlleva arrastrar a los estados a una situación de
quiebra. (...)
Y, moraleja, si la banca privada es inviable sin el apoyo del dinero público, pues que sea pública (...)." (Marina Albiol Guzmán, Carlos Sánchez Mato, Economía para críticos e indignados, 05/04/2014 , Enlace al artículo en Diario Público
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