"(...) Los datos verdaderamente importantes, los que conforman la situación
presente, son estos: una tasa de paro del 25%, que tardará muchos años
en bajar del 20%, una bajada salarial muy extendida pero
especialmente profunda en las familias con menos ingresos, cuya renta
disponible se ha reducido en más de un 15%, un aumento sin precedentes
de la desigualdad, un Estado muy endeudado como consecuencia de la caída
de ingresos y el rescate a las entidades financieras, crédito
insuficiente a las PYMES y un deterioro dramático de los servicios
públicos.
Llevamos ya seis años arrastrando esta penosa situación y no hay visos de que vaya a mejorar significativamente en los próximos años. Es cierto que hemos salido de la recesión. Pero todo indica que nos espera un periodo largo de crecimiento bajo o estancamiento.
Llevamos ya seis años arrastrando esta penosa situación y no hay visos de que vaya a mejorar significativamente en los próximos años. Es cierto que hemos salido de la recesión. Pero todo indica que nos espera un periodo largo de crecimiento bajo o estancamiento.
La crisis, como bien se sabe, es especialmente dura en los países endeudados del sur.
Las instituciones de la Unión Europea (UE) y los países acreedores (con
Alemania a la cabeza) han impuesto unas políticas a los países
endeudados que comprometen su desarrollo futuro.
Para restablecer los equilibrios del área euro (por ejemplo, en las balanzas por cuenta corriente), se ha optado por someter a estos países a una devaluación interna brutal. Solo cuando la imposición de las políticas de austeridad era ya irreversible, decidió el BCE levantar la presión de la prima de riesgo.
Para restablecer los equilibrios del área euro (por ejemplo, en las balanzas por cuenta corriente), se ha optado por someter a estos países a una devaluación interna brutal. Solo cuando la imposición de las políticas de austeridad era ya irreversible, decidió el BCE levantar la presión de la prima de riesgo.
Digámoslo sin rodeos: Alemania y el BCE han utilizado la prima de riesgo
para doblegar cualquier resistencia de los Estados a los sacrificios
que consideran ineludibles para salvar la unión monetaria. La UE ha
preferido esta línea de actuación, que beneficia a Alemania sobre todo,
antes que negociar un cambio en las reglas disfuncionales de gobierno
del euro.
Por lo demás, las instituciones europeas y el grupo de países acreedores
se han negado a aprobar medidas sencillas que alivien las condiciones
de los países del sur. (...)
medidas ortodoxas como rebajar el valor del euro, aumentar la inflación al 2 o 3% y mutualizar parte de la deuda (eurobonos),
medidas todas ellas que podrían hacer más aceptables los ajustes que se
están realizando en el sur y que ahora están llegando a Francia e
incluso a Holanda.
Algunas de estas medidas, que hoy suenan casi
utópicas, estaban a la orden del día antes de que los países europeos se
metieran en la trampa del euro y las ponían en práctica tanto gobiernos
socialdemócratas como conservadores.
Muchos analistas extranjeros se sorprenden de la sumisión de los países del sur ante este estado de cosas. El debate fuera de nuestras fronteras es muy distinto del que tenemos en España. Lo que no se entiende desde fuera es por qué hemos aceptado que la supervivencia del euro esté por encima del bienestar de los ciudadanos. Y por qué los países del sur no presionan para cambiar unas reglas de juego que les resultan tan desfavorables.
Muchos analistas extranjeros se sorprenden de la sumisión de los países del sur ante este estado de cosas. El debate fuera de nuestras fronteras es muy distinto del que tenemos en España. Lo que no se entiende desde fuera es por qué hemos aceptado que la supervivencia del euro esté por encima del bienestar de los ciudadanos. Y por qué los países del sur no presionan para cambiar unas reglas de juego que les resultan tan desfavorables.
Recomiendo encarecidamente la lectura pausada y atenta del mejor
análisis que conozco sobre la crisis europea, a cargo de Fritz Scharpf (No Exit from the Euro-Rescuing Trap?). Scharpf es, desde hace décadas, uno de los estudiosos más prestigiosos del proceso de integración europea.
Es, además, alemán y socialdemócrata. No
ha destacado nunca por propuestas radicales o insensatas. No es tampoco
un jovenzuelo de ideas locoides e ingenuas: tiene ya 79 años. Su
diagnóstico es bastante sombrío:
“Los gobiernos de los países con una balanza de cuenta corriente positiva que se benefician del régimen actual no tienen incentivos para cambiar sus posiciones; por su parte, los gobiernos deudores, que preferirían un régimen basado en transferencias solidarias, carecen de poder negociador para cambiar los acuerdos a los que están atados”.
Ante esta
situación, sólo ve dos salidas: o bien un salto adelante en la unión
política en virtud del cual se imponga la regla de mayoría a escala
europea, o bien una amenaza unilateral de abandono del euro.
La segunda es la que examina con más atención: a su juicio, la única
forma de conseguir que los países acreedores y las instituciones de la
UE acepten renegociar las reglas de la unión monetaria consiste en que
los países deudores lleven a cabo acciones que pongan en peligro el equilibrio actual. La perspectiva de un abandono del euro abriría una crisis de tal magnitud que la UE preferiría renegociar las reglas de juego.
En la misma línea de Scharpf, en el pasado he defendido en varios artículos la necesidad de que España se plante de una vez en las instituciones europeas. Sólo así se crearán las condiciones para un cambio efectivo.
En la misma línea de Scharpf, en el pasado he defendido en varios artículos la necesidad de que España se plante de una vez en las instituciones europeas. Sólo así se crearán las condiciones para un cambio efectivo.
La postura que, me parece, deberían defender los
países deudores es esta: sí a una unión monetaria perfeccionada, en la
que se establezcan unas reglas más justas, incluso si eso requiere
transferir más poderes en política económica a la UE; pero, en caso de
que ese avance no se produzca, abrir un debate y, si así lo considera la
mayoría, marcharnos del club del euro.
Si los países de la unión monetaria quieren realmente conservar la moneda única y hay una amenaza seria de salida por parte de los socios del sur, los primeros no tendrán más remedio que aceptar la renegociación del actual diseño institucional. (...)
Si los países de la unión monetaria quieren realmente conservar la moneda única y hay una amenaza seria de salida por parte de los socios del sur, los primeros no tendrán más remedio que aceptar la renegociación del actual diseño institucional. (...)
Hace falta una estrategia política para provocar el cambio en la UE. Y
hablarle claro a la ciudadanía de qué haremos si nuestras demandas caen
en saco roto y todo sigue igual: ¿Nos quedaremos esperando años y años?
La clase dirigente se puede permitir una larga espera, pues su bolsillo
apenas se ha visto afectado por la crisis económica.
Pero en el resto de
la sociedad hay demasiada gente que ha sufrido innecesariamente y no tiene sentido que siga haciéndolo en nombre de la lírica europeísta. (...)" (Ignacio Sánchez-Cuenca , InfoLibre , en Rebelión, 14/05/2014)
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