"En el periodo posterior al 25 abril de 1974, la mistificación política
nunca alcanzó los niveles actuales. La mistificación consiste en hacer
creer a alguien una mentira como si fuera verdad.
La mentira es que el
proceso de la troika terminó con éxito, que Portugal goza hoy de mejores
condiciones para desarrollarse como país europeo y que la reforma del
Estado propuesta garantiza la creación de una sociedad más equitativa.
Que el éxito de la troika sea la otra cara de la hecatombe social que
abate a los portugueses empobrecidos; que las nuevas condiciones de
desarrollo sean las típicas de un país subdesarrollado (emigración,
trabajo y vejez sin derechos), que habíamos dejado de ser; que la
reforma del Estado propuesta sea aquella que los países latinoamericanos
rechazaron durante los últimos quince años precisamente para construir
sociedades más equitativas –nada de esto es relevante para los medios de
comunicación o entra en el discurso político. (...)
Entre los siglos XV y XIX hubo muchos relatos de viajeros y comerciantes
del norte de Europa sobre los portugueses y los españoles, así como
sobre las condiciones de vida predominantes en el sur de Europa.
Lo más
sorprendente es que estos relatos atribuyen a portugueses y españoles
las mismas características que, en la misma época, los colonizadores
portugueses y españoles atribuían a los pueblos “primitivos” y
“salvajes” de sus colonias.
He aquíalgunas citas ilustrativas del siglo
XVIII: “El portugués es perezoso, nada industrioso, no aprovecha las
riquezas de su tierra, ni tampoco sabe vender las de sus colonias”; “los
portugueses son altos, agraciados y robustos, en su mayor parte muy
morenos, lo que resulta del clima y más aún del cruce con negros”.
Es
decir, el mestizaje, que los portugueses consideraban la marca
benevolente de su colonización, se volvió en su contra mediante el
prejuicio colonial y racista. Cuando hoy leemos en la prensa alemana
noticias y comentarios acerca de los países del sur de Europa, es fácil
comprobar que el prejuicio colonial y racista todavía está muy presente. (...)
Del Deutsche Bank al FMI, los informes son unánimes en mostrar que
Portugal, lejos de converger, seguirá divergiendo de la Europa
desarrollada. Es decir, el objetivo de integración en la UE ha
fracasado, un fracaso que, con dosis brutales de mistificación, se
presenta como éxito.
Después dela guerra de Vietnam, nunca una derrotase
disfrazó tan bien de victoria. Dada su nueva condición, Portugal, para
no estorbar, debe ser mantenido dentro, aunque desde las afueras, y
vigilado.
Portugal sale seguro de Europa sujeto por la cuerda del
euro y del tratado presupuestario. No puede ir muy lejos. Ocupará un
pequeño lugar en el umbral de las puertas de Europa, un país sin abrigo
por donde pasarán regularmente las furgonetas de la sopa humanitaria.
¿Es digno de nosotros, como portugueses y europeos, que no haya
alternativas a este estado de cosas? Por supuesto que no. ¿Está el
actual sistema político-partidario en condiciones de explorar estas
alternativas? Claro que no. Como en democracia siempre hay alternativas,
¿el actual régimen es democrático? No.
¿Hay alternativas democráticas,
ya sea a escala nacional o europea, a este régimen autoritario? Claro
que sí. Para ello, es necesario que la balsa de piedra [1], tan
premonitoria, se desvíe lo suficiente para romper la cuerda o forzarla a
dar más margen de libertad al movimiento de la balsa.
No hay que
olvidar que los perros son los mejores amigos del hombre. El perro de
Saramago, Constante, en el momento crucial de decidir, optó por la
Península Ibérica."
(La salida limpia… de Europa, de Boaventura de Sousa Santos en Público, en Caffe Reggio, 24/05/2014)
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