"(...) El deterioro del mercado de trabajo ha
significado un aumento muy notable de la sensación de inseguridad y
estrés entre la población trabajadora y entre la población en general,
así como un aumento muy marcado del deterioro de las condiciones
laborales, con un aumento de la mortalidad y morbilidad (cantidad de
personas que son consideradas enfermas en un espacio y tiempo
determinado) entre la población trabajadora.
Hoy en Europa, una persona
muere cada 3,5 minutos debido a accidentes o enfermedades laborales.
Otra consecuencia es la percepción
generalizada de las clases populares de que su capacidad de incidencia e
influencia sobre las instituciones que afectan más directamente a su
vida y bienestar (como los lugares de trabajo y las instituciones
representativas) es bajísima.
Existe una alienación generalizada (que
afecta a personas de todas las sensibilidades políticas) hacia las
instituciones de los establishments políticos, mediáticos, financieros y
económicos, que consideran poco sensibles a sus preocupaciones y
necesidades.
Existe un desapego que se está convirtiendo en un rechazo
cada vez más activo y movilizador, que augura una etapa de grandes
tensiones. Esta situación, generalizada a lo largo de toda la UE, es
incluso más acentuada en los citados países periféricos.
Este desapego
muestra un gradiente, siendo menor (aun siendo mayoritario) en los
países donde existen formas de participación de los trabajadores en la
gestión de los puestos de trabajo, como lo son los países escandinavos y
Alemania, a través de sistemas de cogestión.
Pero incluso en estos
países ha habido un descenso del porcentaje de trabajadores que están
empleados en empresas cogestionadas. En España este sistema es
prácticamente desconocido, excepto en el sector de cooperativas, como la
corporación Mondragón." (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 3 de abril de 2014, en www.vnavarro.org, 03/04/2014)
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