"En la edición The Guardian
del 3 de mayo se insistía en la noticia de que el Reino Unido tiene una
de las tasas de mortalidad más altas de Europa occidental entre los
niños menores de cinco años.
Los datos están extraídos de un estudio
internacional cuyos autores expresan su sorpresa por las malas cifras
para un país que sigue blasonando de “asistencia sanitaria universal y
gratuita”.
Sin embargo, a tenor de los resultados, parece obvio que sus
políticos deberían preguntarse por los efectos de la introducción de
criterios mercantilistas con la progresiva desaparición de pediatras y
obstetras, la privatización de la gestión sanitaria e introducción en el
NHS de objetivos nocivos a todas luces como los de competitividad o el
partenariado privado-público sobre (y contra) los seres más indefensos,
los niños y niñas, que sufren y mueren por los desvaríos neoliberales en
la sanidad.
No son palabras: los hechos son demasiado
lamentables. El Reino Unido tiene la segunda peor tasa de mortalidad
infantil en Europa occidental después de Malta, con siete muertes por
cada 1.000 nacimientos según el Institute for Health Metrics and
Evaluation de Seattle.
(...) a pesar de que las razones probablemente sean complejas, no hay que
olvidar la mala organización de los servicios de salud infantil en el
Reino Unido, donde las tasas de mortalidad de niños menores de cinco
años son altas en casi todas las etapas -en los primeros seis días de
vida, entre un mes y un año de edad y entre un año y cuatro años de
edad.
Por ello, Horton añadió: “Hasta que nuestros políticos entiendan
que las condiciones de salud de los niños -la salud de la próxima
generación de ciudadanos británicos- son graves, los recién nacidos y
los niños y niñas seguirán sufriendo y muriendo innecesariamente”.
Más
allá de las estadísticas (en este caso nada frías) otra parte de la
explicación de la alta tasa de mortalidad infantil nos la da Sarah Boseley,
que dirige la sección de sanidad de The Gardian, al relacionar la
muerte de los bebés, niños y adolescentes con las desigualdades y la
pobreza.
Boseley escribe: “La muerte de un niño es siempre una tragedia.
Las muertes evitables de miles de niños menores de cinco años, cada año
de edad en el Reino Unido es un escándalo, en opinión del Real Colegio
de Pediatría y Salud Infantil (RCPCH) y la Oficina Nacional de la
Infancia, que afirman que las culpables son las crecientes desigualdades
de la sociedad británica que dejan a muchas familias en la pobreza y la
privación.
Los datos del Informe “¿Por qué mueren los niños?” se
desglosan por etapas de vida. El Reino Unido presenta malas ratios
especialmente en los primeros seis días de vida, de un mes a un año y
-lo peor de todo- de uno a cuatro años. Las razones son un poco
diferentes, pero hay un factor de vínculo excepcional: las muertes
aumentan con la privación socioeconómica.
(...) A pesar de que enfermedades como el cáncer son raras en niños, cuando
aparecen pueden ser fatales y pueden ser difíciles de diagnosticar en
primaria. En nuestro afán de defender el NHS en los últimos años, dice,
hemos omitido poner a los niños en el centro de nuestras preocupaciones.
“¿No deberíamos estar pensando en un modelo de atención en el que los
pediatras acompañaran el trabajo de los médicos de atención primaria?”. Y
la misma lección se debe aprender en otras áreas ya que la
reorganización sanitaria es, obviamente, un largo camino por recorrer,
pero el enfoque en las comunidades más pobres es urgente, por todo lo
que sabemos acerca de la salud y las muertes infantiles. (...)" (Àngels Martínez Castells, Attac España, 07/05/2014)
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