"(...) . En la película de la reforma de la ley
del aborto es Ruiz-Gallardón el protagonista. Pero no es el director.
Porque el director se llama Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno.
Quizá el protagonista, por su personalidad, codirige algunas escenas el
film. Pero, insisto, no es el director.
Un planteamiento guía al director y a
su protagonista: el PP ha incumplido nada más llegar su programa de
mantener los impuestos o no subirlos bajo ningún concepto con el deseo
de bajarlos despues. Pero Rajoy los sube.
Se trata, pues, de cumplir lo que se está en condiciones de cumplir.
Estiman que mientras tarda en llegar
la pretendida recuperación económica de Rajoy, un sector de electores
del PP debe ser alimentado con ideología. Que es necesario cuidarlo.
Mimarlo. Es un sector a horcajadas de cuya movilización, callejera
muchas veces, el PP ha cabalgado contra Zapatero durante la legislatura
2004-2008, un sector de votantes que ha sido usado para desgastar al
Gobierno del PSOE.
Ruiz-Gallardón asume entre sus tareas
el diseño del anteproyecto de reforma de la ley del aborto. Se
metarmorfosea totalmente en el personaje que debe interpretar. A tal
punto que su papel se ve muy influenciado por otros anteriores. De centrista-progre, un papel que ha asumido con gusto durante años, debe pasar a conservador-reaccionario.
Esta actuación tiene, o puede tener, su
recompensa. Ese premio es ganarse la confianza de un sector del Partido
Popular que le critica y que desconfía de él.
Poseedor del don de la eterna juventud,
cual Dionisos en la mitología griega, nunca ha dejado de acariciar la
presidencia del Gobierno. Es una tentación sobre la cual no puede pasar
página.
Su actuación como protagonista de la
reforma del aborto que le confía Rajoy es excesiva. Ruiz-Gallardón
sobreactúa. Se mete en la piel del personaje conservador-reaccionario que
debe interpretar, se abandona a tal ensimismamiento que olvida una cosa
fundamental: no está rodando una película, está en un lugar preeminente
de la política española. Y europea.
Parece creer que mientras llega la
pretendida recuperación económica de Rajoy, un sector de electores del
PP debe ser alimentado con ideología. Que es necesario cuidarlo.
Mimarlo. Es un sector a horcajadas de cuya movilización, callejera
muchas veces, el PP ha cabalgado contra Zapatero durante la legislatura
2004-2008.
Esta sobreactuación no está presente
solamente en su interpretación de la reforma del aborto. Al tiempo
encara otros proyectos presuntamente históricos: la ley de reforma del
Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), la nueva ley Orgánica del
Poder Judicial, la tasas judiciales, la reforma de ley de enjuiciamiento
criminal elaborada por el magistrado Manuel Marchena y abandonada, la
prisión permanente revisable...
Y su reacción ante los problemas que
surgen en lugar de hacer brillar al Gobierno le provocan deterioro
político y tensión con la jueces y sus asociaciones: la defensa de
Carlos Dívar como presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, el fallo
sobre la doctrina Parot (tenía el preaviso de la Sala Pequeña
del Tribunal Europeo de Derechos Humanos con un año de anterioridad),
reforma de la jurisdicción universal (considerada "confusa" por el
Tribunal Supremo) y otros.
Ruiz-Gallardón está en todo y en ninguna parte.
Su huida hacia adelante está jalonada,
finalmente, por la idea de que es necesario dar una respuesta al
ascenso de Podemos -los frikis de Pedro Arriola, el asesor
áulico de Rajoy- en las elecciones europeas y arrebatarle (!) la bandera
de crítica a la clase política... a través de la reforma de los
aforamientos. Una reforma que en realidad desvía la atención desde los
políticos hacia aquellos a quienes el ministro de Justicia ya ha
golpeado con anterioridad: los jueces, magistrados y fiscales. (...)
Pero algo ha pasado en el final de esta escapada.
Ruiz-Gallardón ha hecho una catarsis
de mesa y mantel. Se presenta ante sus amigos siempre como el el dueño
de su destino. El que no va a tolerar que lo ninguneen.
Veamos.
El sábado 6 de septiembre es una fecha
relevante. Rajoy reúne en el parador de Sigüenza al comité de dirección
del PP, al que acude Pedro Arriola. El asesor de Rajoy, con los números
en la mano y el análisis de la situación del electorado del PP, explica
en qué hay que centrarse en esta etapa post pérdidas electorales del 25
de mayo de 2014.
En qué caladeros de votos hay que pescar de aquí a las
elecciones municipales y autonómicas de mayo próximo, antesala de las
generales de finales de 2015.
Rajoy baja el pulgar para al proyecto de reforma de la ley del aborto. (...)
Fue la estocada definitiva al corazón de
Alberto Ruiz-Gallardón. El presidente del Gobierno le arrebató la
escena final, la más dramática de toda la película: la confirmación de
la retirada del proyecto de reforma Gallardón.
Rajoy, apoyado de facto en un amplio sector del partido, le dio el último empujón.
Y Ruiz-Gallardón, destrozada
su agenda, no tiene más remedio que anticipar su comparecencia. Su
escena solemne en el Congreso no se iba a rodar. El director de Reforma del Aborto. La película, Mariano Rajoy, había gritado: ¡Corten!
Ni siquiera vaciló el presidente del
Gobierno ante el solemne momento que supone la inminente convocatoria
del referéndum de Cataluña y el papel central del ministro de Justicia,
que el propio Ruiz-Gallardón se encargó de realzar la semana pasada de
manera grandilocuente.
Porque, claro, ya tenía Rajoy un propio como sustituto. (...)" (Ernesto Ekaizer, El País, 23/09/2014)
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