24.9.14

Y Gallardón ya no es el chico de la película...

"(...) . En la película de la reforma de la ley del aborto es Ruiz-Gallardón el protagonista. Pero no es el director. Porque el director se llama Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno. Quizá el protagonista, por su personalidad, codirige algunas escenas el film. Pero, insisto, no es el director.

  Un planteamiento guía al director y a su protagonista: el PP ha incumplido nada más llegar su programa de mantener los impuestos o no subirlos bajo ningún concepto con el deseo de bajarlos despues. Pero Rajoy los sube.

  Se trata, pues, de cumplir lo que se está en condiciones de cumplir.

  Estiman que mientras tarda en llegar la pretendida recuperación económica de Rajoy, un sector de electores del PP debe ser alimentado con ideología. Que es necesario cuidarlo. Mimarlo. Es un sector a horcajadas de cuya movilización, callejera  muchas veces, el PP ha cabalgado contra Zapatero durante la legislatura 2004-2008, un sector de votantes que ha sido usado para desgastar al Gobierno del PSOE.

 Ruiz-Gallardón asume entre sus tareas el diseño del anteproyecto de reforma de la ley del aborto. Se metarmorfosea totalmente en el personaje que debe interpretar. A tal punto que su papel se ve muy influenciado por otros anteriores. De centrista-progre, un papel que ha asumido con gusto durante años, debe pasar a conservador-reaccionario.

 Esta actuación tiene, o puede tener, su recompensa. Ese premio es ganarse la confianza de un sector del Partido Popular que le critica y que desconfía de él.

 Poseedor del don de la eterna juventud, cual Dionisos en la mitología griega, nunca ha dejado de acariciar la presidencia del Gobierno. Es una tentación sobre la cual no puede pasar página.

  Su actuación como protagonista de la reforma del aborto que le confía Rajoy es excesiva. Ruiz-Gallardón sobreactúa. Se mete en la piel del personaje conservador-reaccionario que debe interpretar, se abandona a tal ensimismamiento que olvida una cosa fundamental: no está rodando una película, está en un lugar preeminente de la política española. Y europea.

  Parece creer que mientras llega la pretendida recuperación económica de Rajoy, un sector de electores del PP debe ser alimentado con ideología. Que es necesario cuidarlo. Mimarlo. Es un sector a horcajadas de cuya movilización, callejera  muchas veces, el PP ha cabalgado contra Zapatero durante la legislatura 2004-2008.

 Esta sobreactuación no está presente solamente en su interpretación de la reforma del aborto. Al tiempo encara otros proyectos presuntamente históricos: la ley de reforma del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), la nueva ley Orgánica del Poder Judicial, la tasas judiciales, la reforma de ley de enjuiciamiento criminal elaborada por el magistrado Manuel Marchena y abandonada, la prisión permanente revisable...

  Y su reacción ante los problemas que surgen en lugar de hacer brillar al Gobierno le provocan  deterioro político y tensión con la jueces y sus asociaciones: la defensa de Carlos Dívar como presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, el fallo sobre la doctrina Parot (tenía el preaviso de la Sala Pequeña del Tribunal Europeo de Derechos Humanos con un año de anterioridad), reforma de la jurisdicción universal (considerada "confusa" por el Tribunal Supremo) y otros.

  Ruiz-Gallardón está en todo y en ninguna parte.

  Su huida hacia adelante está jalonada, finalmente, por la idea de que es necesario dar una respuesta al ascenso de Podemos -los frikis de Pedro Arriola, el asesor áulico de Rajoy- en las elecciones europeas y arrebatarle (!) la bandera de crítica a la clase política... a través de la reforma de los aforamientos. Una reforma que en realidad desvía la atención desde los políticos hacia aquellos a quienes el ministro de Justicia ya ha golpeado con anterioridad: los jueces, magistrados y fiscales. (...)

  Pero algo ha pasado en el final de esta escapada.

  Ruiz-Gallardón ha hecho una catarsis de mesa y mantel. Se presenta ante sus amigos siempre como el el dueño de su destino. El que no va a tolerar que lo ninguneen.

  Veamos.

 El sábado 6 de septiembre es una fecha relevante. Rajoy reúne en el parador de Sigüenza al comité de dirección del PP, al que acude Pedro Arriola. El asesor de Rajoy, con los números en la mano y el análisis de la situación del electorado del PP, explica en qué hay que centrarse en esta etapa post pérdidas electorales del 25 de mayo de 2014. 

En qué caladeros de votos hay que pescar de aquí a las elecciones municipales y autonómicas de mayo próximo, antesala de las generales de finales de 2015. 
 Rajoy baja el pulgar para al proyecto de reforma de la ley del aborto. (...)

Fue la estocada definitiva al corazón de Alberto Ruiz-Gallardón. El presidente del Gobierno le arrebató la escena final, la más dramática de toda la película: la confirmación de la retirada del proyecto de reforma Gallardón.

   Rajoy, apoyado de facto en un amplio sector del partido, le dio el último empujón.

  Y Ruiz-Gallardón, destrozada su agenda, no tiene más remedio que anticipar su comparecencia. Su escena solemne en el Congreso no se iba a rodar. El director de Reforma del Aborto. La película, Mariano Rajoy, había gritado: ¡Corten!

  Ni siquiera vaciló el presidente del Gobierno ante el solemne momento que supone la inminente convocatoria del referéndum de Cataluña y el papel central del ministro de Justicia, que el propio Ruiz-Gallardón se encargó de realzar la semana pasada de manera grandilocuente.

   Porque, claro, ya tenía Rajoy un propio como sustituto. (...)"         (Ernesto Ekaizer, El País, 23/09/2014)

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