"(...) ¿Por qué no se hace más para salir de esta situación? ¿Cuál es el problema? ¿No se sabe, no se quiere, no se puede? Veamos.
Sobre lo que hay que hacer, hay bastante consenso entre los
economistas y analistas y también entre algunos responsables de
políticas.
Probablemente quien mejor lo expresó fue el presidente del
Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, en su intervención el verano
pasado en la reunión de banqueros centrales en Jackson Hole, Wyoming:
una política fiscal comprometida con el equilibrio presupuestario, pero
con margen a corto plazo para impulsar la demanda y la inversión
pública; una política monetaria más laxa, llegando a la compra directa
de activos públicos y privados; y reformas estructurales para mejorar la
flexibilidad, la bajada de costes y precios y la productividad a medio
plazo.
Es decir, un cóctel de terapias. Como hacen los médicos contra
ciertas enfermedades que se resisten a los tratamientos convencionales,
necesitamos un cóctel que mezcle las medicinas de Keynes, Friedman y
Hayek.
Nunca sabremos cuál de esos principios activos fue el más eficaz,
pero, a cambio, aumentaremos las probabilidades de curación.
Si se sabe lo que hay que hacer, ¿por qué no se hace? (...)
¿tiene la zona euro los instrumentos que serían necesarios para
enfrentarse a una crisis como la que estamos viviendo desde el 2008? No,
no los tiene. No hay un banco central como Dios manda, sin cortapisas
legales para poder salir al rescate de la economía y de los gobiernos.
No hay una unión bancaria digna de ese nombre, que se haga cargo de las
quiebras bancarias sin endosárselas a los contribuyentes. No hay una
Hacienda europea capaz de embarcarse en un fuerte programa de inversión
pública que inyecte demanda en la economía. Y no hay mecanismos de
alivio de la deuda y de transferencias que eviten que se cronifique un
norte-sur dentro de la zona euro. (...)
¿cuáles son las opciones que tienen los responsables de políticas de
la eurozona? Tres.
La primera es avanzar rápido hacia una unión política
que se dote de esos instrumentos de acción.
La segunda es caer en la
trampa de la complacencia y aceptar el estancamiento prolongado y
convivir, mal que bien, con la crisis social y política.
La tercera es
una ruptura de la zona euro, algo que es posible si se opta por la
segunda opción.
¿Qué podría hacer que la opción fuese la primera? El miedo, dado que,
como acabo de decir, las viejas ideas son resistentes al cambio.
El miedo a la ruptura del euro en el 2012 llevó a las autoridades
europeas y nacionales a dar pasos hacia la unión y al Banco Central
Europeo a comprometerse con el mantenimiento del euro.
Ahora el miedo a
las consecuencias de un estancamiento prolongado o a la insurgencia de
los votantes podría crear nuevas presiones para el cambio. (...)" (¿No saben, no quieren o no pueden?, de Antón Costas en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 31/12/2014)
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