"(...) En 2015, Syriza en Grecia y Podemos en España podrían
entrar en el gobierno con claras intenciones de cambiar las reglas del
juego.
Es probable que, como explicaba recientemente,
ambos partidos lo tengan muy difícil para aplicar las políticas que
prometen. La principal razón es que los Estados nación en la Eurozona
han cedido gran parte de su soberanía económica a Bruselas y Frankfurt y
en un mundo con libre movimiento de capital las naciones muy endeudadas
tienen poco margen de maniobra. Pero es un tanto simplista creer que
con eso el reto que plantean estos nuevos partidos está solucionado.
El panorama político refleja un desajuste estructural en el corazón del
diseño institucional de la Eurozona. En el presente modelo, el coste
social de mantener el sistema de tipo de cambio fijo extremo como es la
Unión Monetaria está resultando ser excesivamente alto para los países
del Sur.
El auge de Syriza y Podemos es un reflejo del desequilibrio
fundamental entre democracia, que permanece en el Estado nación, y las
fuerzas económicas y los instrumentos para gobernarlas que hace tiempo
abandonaron las arcaicas fronteras Westfalianas. (...)
No podremos mantener eternamente nuestro sistema de tipo de cambio a base de austeridad porque choca con la democracia nacional.
Hace ya más de seis años que empezó la crisis y, aunque los datos
macroeconómicos han mejorado en el Sur de la Eurozona, la
ciudadanía sigue sin percibir esas mejoras. En España y Grecia el
desempleo no bajará de la barrera del 20% en los próximos dos años al
menos. Grecia se encuentra al borde de una crisis humanitaria, con casi
cuatro millones de personas (de una población de 11 millones) en riesgo
de pobreza o exclusión social, según estimaba recientemente la Unión Europea.
(...) a los griegos todavía les queda probablemente más de una década de
austeridad y transferencias permanentes de recursos a sus ricos vecinos
acreedores del Norte. Tanto es así que hasta ahora gran parte del
esfuerzo de los griegos ha sido precisamente para eso, para pagar
deudas.
Como se ilustra muy bien en éste muy retwiteado gráfico de Macropolis,
del total del dinero recibido en los rescates, solamente el 11% se ha
dedicado al sector público. El resto a servir la deuda y el pago de
intereses.(...)
La segunda opción es terminar de construir la prometida unión fiscal y
política en la Eurozona y convertir la unión monetaria en un Estado
Federal. De esa manera los ciudadanos enfadados del Sur podrían imponer,
por la vía democrática, un cambio en la política económica que les sea
menos perjudicial. (...)
Por esa vía, funcionando como un solo país, es como Japón pudo
sobrevivir más de una década de deflación y bajísimo crecimiento
económico. El equilibrio político deflacionario funcionó porque el paro
se mantuvo en niveles mucho más bajos que en el Sur de la Eurozona
ahora, a través de una política fiscal anti-cíclica agresiva (y también
una regulación laboral más flexible) que era el reflejo de las
preferencias de los votantes japoneses. (...)
La situación en Grecia es responsabilidad tanto del excesivo gasto
público en Grecia en los años anteriores a la crisis como de la actitud
irresponsable de los bancos del Norte de la Eurozona que estaban
dispuestos a prestar sin preocuparse por si los bancos griegos podrían
pagar de vuelta los préstamos. (...)
Pero hay una tercera vía que pasa por actuar en un
frente común en los países deudores para llevar adelante las reformas
mínimas necesarias y políticamente aceptables para que la Eurozona no
termine siendo víctima de su propio diseño disfuncional.
Esas reformas
deberán incluir un acuerdo entre deudores y acreedores para abordar una
restructuración ordenada de parte de la deuda en la Eurozona (siguiendo
un modelo como éste o éste)
y la creación de un fondo permanente para la lucha contra el desempleo
que permita reducir el enorme sufrimiento.
Y, en el corto plazo, una
acción decidida sobre los tres pilares que Draghi sugirió en Jackson
Hole hace ya seis meses para volver al crecimiento: un política
monetaria mucho más agresiva para cambiar las expectativas de inflación ( QE
que incluya la compra masiva de bonos soberanos, algo que sucederá
pronto), un ajuste fiscal más gradual en el Sur acompañado de políticas
de inversión en aquellos países que tengan espacio fiscal, y un
compromiso parar avanzar en reformas estructurales de una forma más
gradual.
El problema de esta vía es que no hay visos
de que el sesgo ideológico en la política económica en la Eurozona en
favor de los acreedores vaya a cambiar. Es más, es probable que el año
que viene el poder hegemónico de Alemania en Europa sea más fuerte que
nunca por la debilidad del resto de los grandes en Europa ¿Y por qué iba
Merkel a cambiar su estrategia si en casa – que no olvidemos es donde
resulta elegida - si le da tan buenos resultados?
Paradójicamente la victoria de Syriza en Grecia podría forzar ese cambio
necesario. Pero existe el riesgo de que la cuerda se tense demasiado.(...)" (Toni Roldán Monés
, eldiario.es, 10/01/2015)
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