“Me gustaría tener una casa grande y que mi familia no tuviera que pedir
comida ni ropa”, dice Encarni, de 12 años recién cumplidos, a IPS en la
pequeña vivienda que comparte con cinco familiares en un barrio
precario de la sureña ciudad española de Málaga. (...)
Casi todos los días a media tarde Encarni acompaña a su madre y a su tía a buscar alimentos a Er Banco Güeno,
un comedor social autogestionado por los vecinos del barrio de La
Palma-Palmilla, que ocupa desde hace dos años el local de una antigua
sede bancaria y brinda las tres comidas a personas necesitadas.
“Trabajé en la construcción hasta el comienzo de la crisis
en 2008 cuando me despidieron”, cuenta a IPS el padrastro de la niña,
Antonio Delgado, quien desde entonces no ha vuelto a encontrar empleo y
ha hecho de todo “desde recoger chatarra a vender en mercadillos”.
De rostro enjuto y dentadura maltrecha, Antonio hace pequeños arreglos
que apenas le reportan unos euros diarios, valiéndose de una máquina
soldadora y otra para inflar ruedas, apostadas en el pasillo de la casa,
un piso al que se accede desde la calle y en cuya entrada cuelgan
varias jaulas con pájaros.
Encarni detalla que su madre, Inmaculada Rodríguez, laboró
durante un par de meses cuidando una persona mayor, pero la despidieron. (...)
“Me gusta mucho ir al colegio. Sobre todo hacer gimnasia”,
cuenta la niña con su voz dulce, aunque le entristece sentirse a veces
apartada por sus compañeros, porque “vieron cómo entraba en el comedor
social a pedir comida”. “Pero yo no les hago caso”, agrega con una media
sonrisa.
Hace unos días su tía y sus tres primos se trasladaron a
otra vivienda cercana, pero hasta entonces en la casa de Encarni
convivían 11 personas, según enumeran cuando comparten su realidad
cotidiana con IPS.
Ella dormía en la cama de arriba de una litera con su prima
Estefanía, un año mayor que ella, y en la de abajo su tía Ana María y su
hijo Juan José, de nueve años. Al lado, en una cuna pasaba las noches
su otro primo, Ismael, de dos años y medio.
La madre de Encarni, su padrastro y otros cuatro familiares se repartían
el resto de las estancias de la casa que cuenta solo con un baño
pequeño al que se llega sorteando un tendedero, donde la ropa recién
lavada se seca al aire de un ventilador cerca de la cocina.
Estefanía e Ismael sufren de epilepsia, cuenta su madre, Ana
María, que está desempleada y muestra a IPS la caja donde guarda varios
medicamentos que deben tomar a diario.
“¿Tu casa es grande?, pregunta Encarni a IPS, mientras
acaricia el lomo de su perro, un cariñoso cachorro de pelo negro al que
llaman Gordo. Y después interroga: “¿de dónde sacan el dinero los
ricos?”. (...)
“Todo lo que está aquí nos lo dieron porque mis padres no tienen
suficiente dinero”, explica señalando la ropa doblada en estantes, los
paquetes de arroz y lentejas en una repisa alta de la habitación y hasta
la mochila que le regaló una vecina para el colegio, donde almuerza
diariamente gratis por la falta de renta familiar. (...)" (El Plural, 26/01/2015)
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