"(...) Según el Informe “Pobreza y trabajadores pobres en España” (octubre de
2014) de la Fundación Primero de Mayo de Comisiones Obreras, sólo el
44% de la población española en edad de trabajar está actualmente
ocupada, 5,6 millones de personas en edad de trabajar no pueden hacerlo
y sólo un 32% de la población en desempleo recibe alguna prestación.
El informe presta atención además a la categoría de “trabajadores
pobres”. España es el tercer país de la UE en pobreza de su población
ocupada (12%). Además, un 33% de asalariados cobran un salario igual o
inferior al SMI (Salario Mínimo Interprofesional), estipulado en 648,60
euros mensuales para 2015. (...)
“En España hay una cultura de usar y tirar a los trabajadores; en el
momento en que a un empresario se le presenta una disfunción, procede a
despedir”, explica el docente. Desde el año 2008 (inicio de la crisis)
se han producido cinco millones de despidos “individuales” en el
estado español.
La “cultura de la temporalidad” es un hecho irrebatible, que la recesión ha acentuado. “Aunque los empresarios puedan despedir gratis y libremente durante el primer año en el contrato de fomento de los emprendedores, no han utilizado tanto esta modalidad”, asegura Antonio Baylos, ya que “prefieren firmar un contrato temporal por horas o días”.
La “cultura de la temporalidad” es un hecho irrebatible, que la recesión ha acentuado. “Aunque los empresarios puedan despedir gratis y libremente durante el primer año en el contrato de fomento de los emprendedores, no han utilizado tanto esta modalidad”, asegura Antonio Baylos, ya que “prefieren firmar un contrato temporal por horas o días”.
Otro cambio respecto al periodo
anterior a 2008, afecta a la mediación de los representantes de los
trabajadores en los despidos colectivos, y a la necesidad de alcancar
un acuerdo. “Esto hoy ha desaparecido”, asegura el docente.
Además, el
convenio colectivo no sólo ha perdido su función vinculante, sino que
puede ser “inaplicado” continuamente de acuerdo con los planteamientos
empresariales. El resultado es hacer “funcionales” el sindicato y el
convenio a las necesidades de gestión de la empresa. (...)
Un estudio de Cáritas publicado en 2006 alertaba de que el paradigma
de “pobre” estaba cambiando. Ya no se limitaba a la persona sin empleo o
“sin techo”, sino que podía tratarse de un trabajador precarizado.
Así, entre los 1,3 millones de personas que Cáritas consideraba en 2006
en estado de pobreza “severa”, se incluían “miles de trabajadores que
no consiguen estabilidad en el empleo y las personas que dependen de
ellos”. (...)
Respecto a la creación de nuevos puestos de trabajo, Goerlich destaca
que se crea en el estado español el mismo empleo estable que hace 15
años, el 9%. Ahora bien, “la devaluación interna y la precariedad en
las condiciones laborales sí que son un fenómeno más reciente, que se
abre paso a partir de 2008”.
La respuesta a la recesión consistió en la
“devaluación interna”, con la idea de que “las condiciones laborales
han de empeorar o flexibilizarse para evitar más despidos”, explica
Goerlich, quien sitúa el origen de este principio rector en la reforma
laboral de 2010 (gobierno de Rodríguez Zapatero), que “estiró al
máximo” la reforma laboral del PP (2012). (...)" (Enric Llopis , Rebelión, 27/02/2015)
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