"(...) Niño-Becerra afirma que la actual crisis era inevitable, que el
modelo económico que teníamos en 2007 ya no volverá nunca más y que el
nuevo que ha surgido de la crisis nos enfrenta a una realidad muy
diferente: una sociedad donde mandarán las grandes corporaciones
industriales; donde los hijos vivirán peor que sus padres; donde habrá
bajas tasas de crecimiento, menos producción, salarios bajos, más
desigualdad, mucha menos protección social y, lo más grave, empleo de peor calidad y un paro estructural en torno al 18% producto de una gran mano de obra sobrante a la que el progreso tecnológico va a dejar en la estacada.
Fiel a su carácter visionario, Niño-Becerra se atreve a anticipar que para evitar la miseria habrá que instaurar una renta básica y para evitar desórdenes públicos se terminará por instaurar el control de natalidad y la legalización de la marihuana. (...)
Fiel a su carácter visionario, Niño-Becerra se atreve a anticipar que para evitar la miseria habrá que instaurar una renta básica y para evitar desórdenes públicos se terminará por instaurar el control de natalidad y la legalización de la marihuana. (...)
¿A qué nos enfrentamos ahora?
Yo pienso que vamos a una situación de crecimiento muy bajo, paro estructural muy alto, en torno al 18%-20%, y un nivel de vida de la mayoría de la población muy bajo. El modelo de protección social también va a ir a menos.
La producción
bajará mucho, aunque no la productividad, y se necesitará a mucha menos
gente trabajando. La producción se personalizará —la impresión en 3D va a
revolucionar las manufacturas— y la fabricación a medida va a permitir
fabricar lo que quieras, en la cantidad que quieras y con el diseño que
quieras, pero sobrarán muchos trabajadores.
¿Qué se podrá hacer con toda esa mano de obra sobrante?
A largo plazo, no sé cuándo, habrá que aplicar un control de natalidad. Y a corto plazo habrá que implantar una renta básica. Esa renta básica va a ser imprescindible, pero no sólo por una cuestión moral o de carácter humanitario, si no por un asunto de orden público. A la gente habrá que darle algo.
¿En ese nuevo modelo podremos mantener las cotas de bienestar que teníamos antes de la crisis?
Claro que no. España es uno de los países donde más se percibirá esto. Entre 1997 y 2007 uno salía a la calle, miraba a su alrededor y pensaba: 'La gente vive bien'. Pero no era del todo real: el consumo se disparó, pero los salarios crecieron poquísimo, apenas un 0,7% al año. Aquella situación se logró a costa del endeudamiento. Los años que mejor fue España la productividad cayó. Todo se consiguió a base de crédito.
Pero
eso se ha acabado. Además, si el empleo va a ser cada vez más a tiempo
parcial y temporal, con salarios probablemente más bajos, el poder
adquisitivo será bajo por mucho que baje la inflación. Por tanto, el
nivel de consumo será bajo también. Nos vamos a tener que acostumbrar a
vivir austeramente.
¿También aumentará la desigualdad?
¿También aumentará la desigualdad?
Sí, claro, va a aumentar. Sobre la desigualdad, y soy muy heterodoxo en esto, pienso que el problema no es que el señor Amancio Ortega tenga la fortuna que tiene. Me importa muy poco el patrimonio que tenga Amancio Ortega. El problema es que haya gente en España que tenga que vivir con 300 euros al mes. Dejemos al señor Ortega en paz y veamos qué se puede hace por la gente que gana 300 euros.
Y ahí es donde entra en escena la renta básica.
Es una solución, porque la alternativa es una situación social insostenible. Pero es una solución triste porque le estamos diciendo a la gente: "Usted no es necesario. Yo le doy una renta básica, pero usted no me crea problemas". Por eso yo creo que, además de la renta básica, habrá otras medidas como la de la legalización de la marihuana. (...)
¿Dejaremos de tener algún día la percepción de que estamos en crisis?
La gente irá percibiendo cada vez más que volver al año 2006 es imposible. Tendrá que resignarse. Salir de la crisis será alcanzar una estabilidad en la que la inflación no crezca, en la que los tipos de interés no crezcan, en que el crecimiento sea bajo pero muy mantenido y con un paro estructural alto.
Habrá salarios bajos, trabajo a tiempo parcial y
temporal. Una situación de precariedad, en definitiva. La gran ventaja
para sobrevivir a esto la tienen jóvenes: mis alumnos tienen muy claro
que no van a cobrar una pensión pública y tienen muy claro que va a
vivir peor que sus padres, pero tenerlo tan asumido es una ventaja. Lo
van a pasar peor los que ahora tienen entre 40 y 50 años.
Parece que hemos fracasado.
Parece que hemos fracasado.
No, no hemos fracasado, simplemente el modelo se ha agotado.(...)" (Entrevista a Niño-Becerra, Público, 21/02/2015)
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