"(...) El
primer ministro Alexis Tsipras fue derrotado y sometido a un
“sacrificio ritual” por el ministro alemán de Finanzas Wolfgang
Schauble, quien actúa como el “guardián del templo” de un
fundamentalismo de mercado que es la verdadera naturaleza de la UE, que
no tolera la más mínima desviación o interpretación del dogma.
Salvo
esos guardianes del templo, nadie en la UE parece realmente feliz o
satisfecho con esta victoria aplastante. Basta echar un vistazo a lo que
muchos euro-creyentes han escrito en la “gran prensa” –lo que haremos
más adelante- para comprender que ésta ha sido una victoria pírrica, y
que si Syriza y el pueblo griego han sido derrotados y humillados, eso
ha sido al elevadísimo precio de exponer a la luz del día el
antidemocrático sistema de la UE, su rigidez institucional y el
insensato dogmatismo que ha llevado incluso a crear un mecanismo de
negociación sin existencia legal -el Eurogrupo-, para “asfixiar
mentalmente” (mental waterboarding) a los representantes gubernamentales
disidentes, en este caso de un gobierno que únicamente buscaba proteger
a su pueblo de las brutales políticas de austeridad que viene sufriendo
día tras día, año tras año, y de renegociar una deuda pública ilegal e
impagable. (...)
La
capitulación del primer ministro griego Alexis Tsipras ante la Unión
Europea fue inevitable desde el momento en que el Eurogrupo, bajo la
batuta de Schauble, puso sobre la mesa que si no había rendición total e
incondicional Grecia sería expulsada de la zona euro. Fue a partir de
ese momento, y en condiciones de dudosa legalidad como veremos más
adelante, que el dictado de condiciones sustituyó a la
negociación y que se selló tanto el destino inmediato del gobierno y el
pueblo de Grecia, pero también el de la UE.
Prueba de que
el “catalizador” griego funcionó, acelerando el proceso de poner a la
luz del día la verdadera naturaleza de la UE, son las nunca antes vistas
reacciones en los medios de prensa, agencias y diarios de gran tiraje.
En
el Irish Times, por ejemplo, un artículo expresa que atormentar a
Grecia es como enviar un mensaje de que ahora estamos viviendo en una
nueva UE. La UE como la conocimos se acabó durante el fin de semana. (...)
Sobre la amenaza de una expulsión de Grecia de la zona euro el diario irlandés señala que “a
largo plazo importa menos que esta amenaza no haya sido llevada a cabo
que el hecho de que haya sido hecha y considerada como aceptable. Una
vez sucedido esto, todos los proyectos europeos irreversibles devienen
reversibles, y lo irrevocable deviene revocable”, y sobre la
“disciplina financiera” basada internacionalmente en que todas las
deudas deben ser pagadas, el diario apunta que eso es dudoso,
“considerando que en marzo el FMI, casi sin alboroto, anuncio un paquete
financiero para un país europeo (Ucrania) que es de lejos más corrupto,
inestable y oligárquico que Grecia”.
En “Puntos de vista”
de la agencia Bloomberg, Clive Crook escribe que “éste desastre le
pertenece a Europa”, que el “acuerdo” al cual tuvo que someterse Grecia,
y la manera como fue obtenido, pone en tela de juicio la totalidad del
proyecto europeo: “la salida del sistema euro ha sido ahora contemplada
por Alemania y otros países, y no como una horrible posibilidad, sino
como un remedio para ser aplicado deliberadamente. Esto no puede ser
desaprendido. Seguirá como una amenaza tácita para mantener a Grecia en
la línea. Por un tiempo, seguramente, puede funcionar. Y no solo con
Grecia: también pour encourager les autres”, como se dice.
Y Crook añade que “esta crisis ha demostrado la impresionante incapacidad de la UE para gobernar. (...)
“Ya
es suficiente: Grecia debe dejar el sistema del euro”, expresa una nota
de los editores de la agencia Bloomberg, en la que señalan que “los
términos impuestos al primer ministro Alexis Tsipras el pasado fin de
semana tienen pocas posibilidades de ser aceptados, aplicados y
sostenidos por este gobierno griego o el de sus sucesores. El Parlamento
griego quizás los acepte porque piensa que la alternativa es peor –y a
corto plazo eso es quizás verdad. A largo plazo, un acuerdo impuesto
bajo una dureza extrema, y amargamente resentido por los griegos, no
será un éxito.
La confianza ha colapsado al punto que se le dijo a
Grecia que debe convertirse en una colonia de la UE, que no es un Estado
soberano () No importa lo que suceda en las próximas semanas, Grecia
puede terminar saliendo del sistema del euro. Una salida ahora será
dolorosa, seguramente. Los riesgos para el resto de Europa no son
pequeños. Pero Grecia estará al menos comandando su propio futuro, sin
tener que culpar a alguien por sus problemas. Lo más rápido esto sucede,
mejor será” (3).
Un editorial del diario canadiense Globe
and Mail titulado “Culpen a Berlín: ¿Por qué el acuerdo con Grecia está
condenado al fracaso?”, señala que una de las más preocupantes
enseñanzas de lo sucedido en las negociaciones es que “la zona euro,
ahora lo vemos, no es realmente una unión monetaria. Su miembro más
fuerte, Alemania, puede amenazar a los miembros más débiles con
impedirles el uso (del euro) y quitarles la protección. Si sus políticas
fiscales no le gustan a Berlín, puede empujar a esas economías al caos.(...)
Por
su parte nada menos que el FMI, uno de los miembros de la Troika
(Comisión Europea, Banco Central Europeo y el FMI), reconfirma que la
receta aplicada a Grecia es insustentable. (...)
El
financiamiento necesario hasta finales del 2018 es ahora de 85 mil
millones de euros y la deuda llegará al 200 por ciento del PIB en los
próximos dos años, siempre que haya un temprano acuerdo en un programa.
La deuda de Grecia solo puede ahora ser sostenible a través de medidas
de alivio de la deuda que van mucho más allá de lo que (la UE) está
dispuesta a aceptar hasta el momento”. (...)
Uno
a uno los velos que protegían de los ojos europeos la fea desnudez de
la UE fueron cayendo en esa “negociación” en la que Grecia fue obligada a
capitular bajo la amenaza de ser expulsada de la zona euro, y el primer
velo en caer fue el de que todos los países son iguales y se negocia en
respeto: “nos pusieron un cuchillo en la garganta”, dijo Alexis
Tsipras, mientras que Varoufakis dijo que “negoció con una pistola” en
la sien. Para que Tsipras aceptara “rendir la soberanía” de su país
–dijeron “regocijadamente los funcionarios de la UE, fue sometido a un
mental waterboarding” (una asfixia mental), reporta el diario Irish Time
(nota 1).
Otro de los velos que cayó es la respuesta que
Varoufakis recibió cuando pidió que el Eurogrupo le dijera cuál era la
base legal de la amenaza de expulsión de Grecia de la UE, que había
recibido un poco antes. Varoufakis, en entrevista con NewStatesman (ver
nota 5) dijo que no tuvo una respuesta porque los expertos de la UE le
dijeron que el Eurogrupo no tiene existencia legal, puede decir y hacer
lo que se le dé la gana y no quedan rastros porque no conserva las
minutas de las discusiones. (...)
¿Por
qué era importante desnudar a la UE? Porque la victoria humillante y
típicamente imperial de la UE contra Grecia, pequeño pueblo en una
región de muchos pueblos también aplastados por la austeridad del dogma
neoliberal y la utopía monetaria del euro (que tanto se parece al patrón
oro de triste memoria) demuestra de manera clara y precisa lo que ya
muchos alertaban, que no hay ni habrá alternativas económicas, sociales y
políticas favorables a las mayorías populares dentro de la UE en su
formato actual, que fue cuidadosamente creado para ser lo que es, y no
otra cosa, y que “el sueño europeo” se ha transformado en “la pesadilla
europea”. (...)" (Alberto Rabilotta, Alainet, 16/07/2015)
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