"Estos tiempos son muy duros para aquellos que durante mucho tiempo hemos creído en la idea de Europa. (...)
En los últimos tiempos y especialmente en los últimos días, con la
negociación con Grecia, hemos despertado del sueño europeo. Hemos visto
que hoy ya no se trataba de la vieja discusión entre la “Europa de los
mercaderes” y la “Europa de los pueblos”, sino de que la actual Europa
es el Europa de los mercados y de los poderes financieros que excluye y
entierra la Europa de los ciudadanos. (...)
Ya hace tiempo que la UE inició una deriva clara hacia convertirse
básicamente en un amplio mercado y poca cosa más. La caída del muro de
Berlin significó el final del miedo al enemigo externo.
La unificación
alemana, la rápida apertura hacia los antiguos países del Este, la
mayoría con poca tradición democrática, pero que constituían “la
hinterland alemana”, ha comportado un cambio radical del proyecto.
El
inicio de la CEE se basaba en la existencia de un eje franco-alemán,
donde Alemania era el liderazgo económico, y Francia el liderazgo político. Todo esto se ha acabado, hoy hay sólo un liderazgo el de Alemania que impone su poder económico al resto de socios. El papel de las instituciones europeas se ha devaluado totalmente.
El “diktat”
alemán es total. La propia moneda única, el euro, se realizó a la
medida de los deseos y necesidades alemanas. El poder financiero, “los
mercados” se convirtió en la base indiscutible de la nueva Europa
alemana.
La pérdida de valores en la construcción europea ha sido una constante (...)
El papel de la UE no ha impedido, más bien al contrario, que se hayan
dado guerras cruentas en el marco europeo. Hay que recordar también el
papel de Alemania y otros en la implosión de la antigua Yugoslavia, y cómo se han desprendido y abandonado países como Bosnia que ha acabado como un estado fallido. O el papel nada neutral en el conflicto ucraniano.
Dos hechos significativos que se han dado últimamente son
demostrativos de la pérdida de valores a la UE. El primero es la
política migratoria, o la política de solidaridad externa de la UE.
Muchos hemos sentido vergüenza hacia la política de la UE hacia la
inmigración que se acumula en las fronteras norteñas de África,
estableciendo cuotas ridículas en relación a la importancia del
problema, cuotas en las que incluso no ha sido posible acordar
compromisos concretos de los países de la UE.
Pero quizás el caso que da toda la dimensión de la crisis europea,
del “fin del sueño europeo” es el de Grecia. En primer lugar hay que
decir que el rescate en Grecia ha sido básicamente el rescate de los
bancos europeos (especialmente alemanes y franceses). (...)
Así la política de la UE ha sido una política de rescate de los
bancos de los grandes países dominantes de la UE, más que una ayuda al
pueblo y a la ciudadanía griega a la que se ha castigado con profundos
recortes en sus condiciones sociales, llevando al país al
empobrecimiento y a una situación de una deuda externa impagable.
Es evidente que los gobernantes de Grecia tienen responsabilidad en la situación. (...)
La actuación de la UE con Grecia cuestiona su raíz democrática. Al
margen de las situaciones económicas, se ha tratado siempre de un
problema político, incluso podríamos decir ideológico. Los poderes
políticos y económicos no pueden consentir que haya quienes quieran
salirse del pensamiento único de la austeridad y del castigo a la
ciudadanía. (...)
La pérdida de credibilidad democrática de la UE es irreversible. Esta
actuación en defensa de los poderes económicos y el castigo a los
pueblos, especialmente a los más díscolos, comportará que continúe el
aislamiento de la ciudadanía hacia las instituciones europeas y lo que
es más grave, la ruptura del “sueño europeo” nos devolverá al fomento
del nacionalismo excluyente y egoísta, como ya se está dando en una gran
parte de los países de la UE , desde Francia u Holanda hasta los países
del norte.
La ruptura del “sueño democrático europeo” puede significar
el regreso al pasado negro del nacionalismo en Europa." (
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