"(...) Syriza, la coalición gobernante electa en enero, ha fracasado en su
pretensión de negociar con los eurodioses como iguales. Ahora el pueblo
griego se enfrenta a la condena de cargar la roca de sus deudas y sus
errores per saecula saeculorum. (...)
He aquí el fallo trágico que ha llevado a Grecia a la ruina. Los griegos, anclados en un orgullo ancestral, que poca relación tiene con la realidad moderna de su país, no han querido reconocer que simplemente no están capacitados para competir en el mismo terreno, obedeciendo las mismas reglas económicas de juego, que Alemania y Francia, o incluso España e Italia.
Lo más parecido a un consenso entre los expertos que
han participado en la gran polémica de los últimos meses es que la
entrada de Grecia en el euro fue un error. No es ningún secreto por qué.
Lo contó el autor estadounidense Michael Lewis en su bestseller mundial Boomerang: Viajes al nuevo tercer mundo europeo, publicado en 2011. El país menos europeo y más tercermundista que Lewis visitó fue Grecia. (...)
Hablé hace un par de años en Atenas con Stefanos Manos que se lamentaba
del primitivismo cultural detrás del funcionamiento económico de su
país. “Todo se maneja sobre favores personales”, dijo. “La gente sigue
creyendo que puede atenerse a una sinecura y no hacer nada, para
siempre”. (...)
Hoy la fiesta se acabó. Lo único que no han perdido los griegos es el orgullo. (...)
Por eso, optaron por un “no” rotundo a las medidas de austeridad
impuestas por los dioses del norte en el referéndum del domingo pasado,
medidas que el propio gobierno griego aceptaría prácticamente en su
totalidad cuatro días después. (...)
Fue tan inútil el gesto del referéndum como si Sísifo, al llegar a la
cima de la montaña y ver la roca rodando hacia abajo, decidiera negar
su impotencia y emitir un grito de rebeldía hacia los dioses —antes de
darse media vuelta y rendirse una vez más a su inexorable destino—.
Los griegos de hoy tienen, sin embargo, una opción que Sísifo no
tuvo. Una segunda oportunidad. Pueden mirarse en el espejo, reconocer
sus limitaciones, dejar de engañarse a sí mismos, aceptar quiénes son y
entender que su lugar por naturaleza no es en los cielos de la eurozona
sino solos, a su manera, en la agreste y noble tierra helena.
Para el
bien de ellos y de todos los europeos deberían redefinir su noción de
orgullo patrio, retirarse voluntariamente de lo que se ha vuelto para
ellos la tiranía del euro y buscar su propio destino en la independencia
y la libertad." (
John Carlin , El País,
12 JUL 2015)
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