"España es el único país de la Unión Europea en el que los movimientos
sociales de base han conseguido una expresión electoral significativa.
En las últimas elecciones europeas, Podemos, un partido nuevo vinculado
al 15M, obtuvo una importante representación.
Pocos meses después, en
las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015, una
constelación de candidaturas unitarias -inexistentes meses antes y más o
menos participadas por Podemos- se convirtieron en 1ª o 2ª fuerza en
infinidad de circunscripciones electorales.
Esta progresión -que se
produce a costa de sus rivales electorales de izquierdas, pero también
de derechas- se explica por 3 factores principales:
primero, las
consecuencias económicas, ecológicas y sociales de las políticas
neoliberales del bipartidismo PSOE-PP;
segundo, la ambivalencia ante
estas políticas de los partidos de izquierda, tanto estatal como
nacionalista; y
tercero, la crítica democrático-radical del 15M,
movimiento de masas que, en la primavera y el verano de 2011, se
transmitió a barrios y ciudades, atravesando la totalidad de las luchas
sociales, condicionando intensamente la agenda política en el estado
español y conmoviendo a los militantes sociales de varios continentes.
Entre 2007 y 2014, el paro pasó de 2,1 a 5,9 millones de personas. Con
la subida del Euribor (del 2,2 % en 2007 al 5,4 % en 2013), 300.000
familias pierden su vivienda por una estafa hipotecaria a gran escala
organizada –o consentida- por bancos, políticos, notarios y jueces.
Recortes sociales, privatizaciones y EREs disparan la precariedad, la
pobreza, la desigualdad social y la nueva emigración forzosa de
ciudadanos españoles en un contexto de saqueo de las arcas públicas por
parte de políticos estatales, autonómicos y municipales, cientos de
ellos actualmente sometidos a procesos penales.
Desde el 15 de mayo de 2011, este movimiento expresó la frustración acumulada durante años a través de consignas como: “PSOE-PP, la misma cosa es; no hay pan para tanto chorizo; que se vayan todos; lo llaman democracia y no lo es”.
En 2014, una parte del movimiento decidió pasar de las protestas a las
propuestas añadiendo a “que se vayan todos”, “venimos nosotros” y
creando un satisfactor electoral capaz de ocupar el espacio de una
verdadera oposición a las políticas antisociales y antidemocráticas de
los sucesivos gobiernos. (...)
Al atreverse a construir un partido, embarcarse en procesos electorales y
entrar en las instituciones, el movimiento asumió grandes riesgos,
necesarios para seguir avanzando. Al lograr éxito electoral, la derecha
tradicional, la izquierda capitalista y la izquierda radical, se
movilizaron para neutralizarlo por sus excesos o por sus defectos.
Ahora, las encuestas influyen en los matices de sus propuestas
electorales para las elecciones generales de Diciembre de 2015 y la
parte del movimiento presente en las instituciones vive la contradicción
entre su experiencia militante (poder constituyente) y su inexperiencia
institucional (poder constituido). (...)
Estamos ante un movimiento constituyente limitado y contradictorio
cuyos representantes institucionales proceden de la movilización
popular. La presencia de estos militantes en las instituciones puede
ayudar a resolver algunos problemas de la ciudadanía dando el lugar a
quienes llevan muchos años defendiendo sus mismos postulados y
aumentando –no disminuyendo- la participación, la unidad y la
organización popular que les ha puesto donde están.
Simétricamente, los colectivos y militantes sociales veteranos deben
reconocer a quienes, en buena lid, han demostrado su fuerza con
contenidos, movilización, organización, votos y zozobra de los enemigos
de los derechos humanos y la democracia. Si lo conseguimos, entraremos
en un círculo virtuoso de protestas y propuestas para la igualdad, la
justicia y la seguridad de tod@s. De no ser así, volveremos al eterno
retorno “auge-crisis-impotencia” de los movimientos sociales en los
últimos 38 años." (Agustín Morán , Caes, en Rebelión, 22/09/2015)
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