"¿Cuánto tiempo más tendrá el mundo que sufrir una situación en la cual
es difícil encontrar trabajo, los salarios se estancan o caen y los
gobiernos se ven forzados a recortar presupuestos, reducir servicios
públicos y eliminar programas sociales? (...)
La respuesta depende, por supuesto, del diagnóstico que se tenga
sobre sus causas. Hay cuatro interpretaciones principales acerca de las
razones por las cuales la economía global está tan anémica.
La primera es que llegó a su fin el “superciclo de las commodities”.
A comienzos de este siglo se produjo un fuerte aumento de los precios
de metales, hidrocarburos, productos agrícolas y en general todo tipo de
materias primas —las llamadas “commodities”—. Entre el año
2000 y el 2010 su precio promedio se duplicó (en contraste, durante todo
el siglo XX el promedio de estos precios cayó en un 0,5% cada año).
El crecimiento de la economía mundial y, sobre todo, el apetito de Asia,
especialmente de China, creó una fuerte demanda de estos productos que
hizo subir dramáticamente sus precios. Pero desde el año 2011, esta
tendencia se revirtió y los precios han caído en un 40%, lo cual ha
afectado a las economías de los países exportadores, que vivieron un boom cuando los precios estuvieron altos. (...)
Una segunda interpretación de las causas de la crisis se centra en
China.
El gigante asiático ha sido una de las locomotoras principales —y
a veces la única— que arrastra a las demás economías del mundo. Durante
la crisis económica de 2008, cuando colapsaron las economías europeas y
la de Estados Unidos, el Gobierno chino adoptó un muy agresivo programa
de expansión económica.
Aumentó el gasto público y la liquidez
monetaria, amplió el crédito, estimuló las inversiones y tomó todo tipo
de medidas que mantuvieron el dinamismo económico del país y su
capacidad de apoyar la economía global. Hay un impactante dato que
ilustra el alcance de este estímulo económico: Entre 2010 y 2013 en
China se vertió más cemento en obras de construcción que todo el cemento
usado en Estados Unidos durante todo el siglo anterior.
Pero esta expansión ha demostrado ser insostenible. Y hay síntomas
preocupantes con respecto a la salud económica de China. Para los más
pesimistas, esta locomotora ha descarrilado. Para otros, simplemente
sufre una desaceleración temporal. (...)
El economista Kenneth Rogoff
argumenta que esta debilidad se debe a lo que llama el “fin del
superciclo de la deuda”.
Según Rogoff, después de un prolongado período
en el cual países, empresas y personas se endeudaron demasiado, ahora
sufren la inevitable “resaca” en el cual se ven forzados a reducir las
altas deudas que habían acumulado. Esta necesidad de dedicar recursos a
reducir el endeudamiento obviamente limita las posibilidades de consumo e
inversión lo cual, a su vez, afecta negativamente el crecimiento
económico. (...)
Larry Summers, otro destacado economista, no lo ve así. Reconoce que
el alto endeudamiento puede estar inhibiendo el crecimiento económico,
pero nada comparado con el “estancamiento secular” que según él
representa la más grave amenaza que se cierne sobre la economía mundial.
Ésta enfermedad económica se da cuando hay mucho más ahorro que
inversión.
Las causas de esto son muchas y variadas. Inciden factores
demográficos tales como la estructura de edad, la composición y la
distribución geográfica de la fuerza laboral en el mundo, la
desigualdad, el impacto de las populosas economías asiáticas en los
salarios y el empleo sobre el resto del planeta y la constante
incorporación de nuevas tecnologías que eliminan puestos de trabajo al
tiempo que aumentan la capacidad de producción.
¿Qué hacer frente a esto? Summers recomienda estimular al máximo las
economías y utilizar todos los instrumentos de los cuales disponen los
gobiernos para contrarrestar las fuerzas que nutren ese estancamiento.
¿Cuál de estas visiones es la correcta? Todas. No son excluyentes y
es obvio que todas presentan un aspecto válido de la realidad económica
del mundo. Todas implican que, lamentablemente, la crisis no está cerca
de acabarse (...)" (
Moisés Naím , El País,
18 OCT 2015)
No hay comentarios:
Publicar un comentario