"Los paraísos fiscales están concebidos para ser secretos y opacos.
Toda la razón de su existencia es la de ocultar la riqueza escondida en
ellos y un nuevo libro de Gabriel Zucman, The Hidden Wealth of Nations: The Scourge of Tax Havens (“La
riqueza oculta de las naciones. El azote de los paraísos fiscales”),
revela, como nunca, la magnitud de su papel en la economía mundial.
Zucman examina las discrepancias en las cuentas internacionales para
ofrecer las cifras más precisas y fiables que probablemente podamos
obtener sobre la cantidad de dinero almacenado en los paraísos fiscales.
Calcula que el ocho por ciento de la riqueza financiera del mundo –unos
7.600 billones de dólares- está oculta en lugares como Suiza, las islas
Bermudas, las islas Caimán, Singapur y Luxemburgo. Representa más
riqueza que la poseída por la mitad más pobre de los 7.400 millones de
personas del mundo.
Esa cifra tiene consecuencias importantes, pues representa un dinero
que debería estar en la base imponible tributaria. Si los países ricos
de Europa y de Norteamérica no pueden gravar eficazmente a los ricos,
tienen pocas posibilidades de preservar la democracia social y
contrarrestar el pronunciado aumento de la desigualdad que ha afectado
recientemente a sus economías.
Asimismo, las economías en ascenso
abrigan pocas esperanzas de crear sistemas tributarios progresivos, si
no pueden encontrar la riqueza de sus plutócratas.
Desde luego, Zucman se basa en el supuesto no demostrado de que se
pueden encontrar datos importantes en lo que se suele clasificar como
“errores y omisiones”, pero hay razones poderosas para creer que sus
cifras no van descaminadas.
El banco central de Suiza ha informado de
que tan sólo en los bancos suizos los extranjeros guardan 2,4 billones
de dólares y, aunque Suiza puede ser el paraíso fiscal más antiguo del
mundo, no es el lugar más ventajoso para aparcar el dinero propio. (...)
Se pueden eliminar los paraísos fiscales; lo único que se necesita es
cerrar los resquicios legales que permiten la elusión fiscal y
establecer mecanismos de imposición del cumplimiento de la ley gracias a
los cuales el riesgo resulte demasiado fuerte para que valga la pena la
evasión fiscal ilegal.
El primer paso debería ser una mayor transparencia. Como se suele
decir: “La luz del sol es el mejor desinfectante”. Por su parte, Zucman
es partidario de un único registro mundial: una base de datos de acceso
público en la que se detalle la propiedad de los instrumentos
financieros.
El segundo paso sería el de cambiar en el impuesto de sociedades los
beneficios notificados como obtenidos en un país por las ventas hechas y
los salarios pagados en dicho país.
Como señala Zucman, una gran
empresa puede trasladar su sede legal y utilizar mecanismos como la
fijación de precios de transferencia para cambiar su base imponible,
pero trasladar a los empleados fuera de las fronteras nacionales es más
difícil y tampoco se puede trasladar a los clientes.
Para que podamos luchar alguna vez eficazmente contra la desigualdad,
una fiscalidad de verdad progresiva tendrá que formar parte de la
combinación de políticas, pero, a no ser que eliminemos los paraísos
fiscales ahora, es probable que descubramos que carecemos de capacidad
para aplicarla." (J.Bradford DeLong / Michael M. DeLong – Proyect Sindicate , en Attac España, 08/10/2015)
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