22.12.15

El espejismo islandés, la revolución traicionada

"Lejos del Círculo Polar Ártico, la forma en la que Islandia afrontó la devastadora crisis económica en la que cayó en 2008, encarcelando a banqueros, derrocando al gobierno y procesando al primer ministro, y al negarse supuestamente a pagar parte de su deuda o rescatar a sus bancos, se vio, sobre todo por los movimientos sociales europeos de izquierda, como un modelo a seguir, un ejemplo de democracia real y participativa, la manifestación de un paraíso popular.  (...)

 Pero no es oro todo lo que reluce, la realidad es compleja y la historia no es la misma según quien la cuente.

La islandesa Selma Björt Stefánsdóttir tiene “casi 18 años”, trabaja en un hotel limpiando habitaciones y cuando le planteo esta visión romántica de la “revolución de las cazuelas” se arranca de las orejas perforadas los auriculares del teléfono inteligente y me dice: “para contestarte déjame encenderme otro cigarrillo”. Se lo prende y comienza a hablar con una sonrisa triste. (...)

 “Cuando sucedió aquello yo era muy joven y no entendía bien lo que estaba pasando. Veía a mi familia comprando un montón de cosas y gastando un montón de dinero, pero de repente no había dinero para nadie. Mi familia perdió su casa”, recuerda Selma.

“Cuando yo tenía once años tuve que empezar a trabajar en un hotel. Ahora todo es muy caro. Casi no puedo pagar el alquiler de mi apartamento. Es muy duro. A veces una se pone furiosa de cómo lo jodieron todo, de cómo ahora siendo tan joven todo está frente de ti y no puedes comprar nada. Tienes que trabajar, trabajar, trabajar y nada más que trabajar y todo es carísimo, incluso la comida”, lamenta la joven islandesa, casi independizada de sus padres a tan temprana edad como es normal en estas frías latitudes.

El gobierno de coalición entre el Partido Socialdemócrata y el Verde-Izquierda, que le dio la espalda a los ciudadanos que obligaron a dimitir al gobierno neoliberal y aceptó las draconianas condiciones impuestas por organismos extranjeros, “iba a hacer cosas buenas pero lo fue haciendo peor y cada vez peor. Nuestro sistema de salud era uno de los mejores del mundo y ahora está totalmente jodido. A principios de este año caí muy enferma, tuve que ir al médico y me costó mucho encontrar uno porque la mayoría de ellos se ha ido porque no hay dinero. El sistema está en la ruina, está muerto, y los impuestos son tan altos que casi todo lo que gano se me va en pagar al gobierno”, se queja Selma.  (...)

La profesora de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad pública islandesa en Reikiavik, Alyson Bailes, académica británica que ha trabajado en Islandia los últimos nueve años, asegura que la presunción de que los islandeses manejaron la crisis mejor que otros países es lo que “a su presidente y otros políticos les gusta difundir, pero no es un hecho verdadero, como bien han demostrado investigaciones internas y análisis académicos”. (...)

La profesora Bailes reconoce que la alianza de centro izquierda que gobernó entre 2009 y 2013 realizó “un buen trabajo técnico con la ayuda del FMI en áreas como PIB, comercio y empleo, lo que es positivo”, pero que, sin embargo, “esto se consiguió solo con estrictos controles de cambio de divisas contrarios a la práctica moderna internacional y están demostrando ser muy difíciles de superar”.

“Nada se ha hecho sobre la intrínseca debilidad de la moneda islandesa, porque la única alternativa real es el euro, pero las voces anti Unión Europea siguen siendo mayoritarias aquí, y el actual gobierno de centro derecha electo en mayo de 2013 se ha negado a dejar que la gente vote libremente en un referéndum sobre la conveniencia de continuar las negociaciones de adhesión con la UE o no. El proceso de adhesión se ha congelado simplemente por acción ejecutiva de una forma que muchos ciudadanos consideran no democrática”, insiste Bailes.

Para esta profesora británica en Reykiavik, la “dramática victoria” del Partido Social Demócrata y el Partido Izquierda-Verde en 2009 representó una oportunidad para atender las demandas del pueblo islandés, sin embargo, estos gobernantes “perdieron la ocasión y derrocharon su tiempo en medidas excesivamente provocativas y divisorias, mientras fallaban precísamente en esas cosas que la coalición de izquierdas debería haber hecho bien como aliviar el malestar social causado por la crisis”.

“El gobierno de la coalición de izquierdas concluyó sin haber realizado decisivos progresos sobre la constitución y los votantes acabaron extremadamente desencantados”, lamenta, que señala que esta es la explicación para que en las elecciones de 2013 ganaran “exactamente aquellos que gobernaron Islandia durante el período previo a la crisis y cuyas políticas de desregulación, amiguismo con las grandes empresas, y la falta de supervisión, llevó a la burbuja bancaria”.

Actualmente, “durante este gobierno, los bancos han vuelto a empezar a hacer bastante lo que les da la gana, los grandes propietarios de la agricultura y la pesca y los grandes intereses vuelven a tener una excesiva influencia sobre la política, el gasto social ha sido recortado y se han introducido medidas fiscales regresivas”.

Bailes indica que recientemente, ya en 2015, se han producido “interesantes nuevas tendencias”, como el hecho de que un tercio de los islandeses, según encuestas, apoya actualmente al pequeño Partido Pirata, con tres escaños en el Parlamento y que surgió para luchar por las libertades en internet, “y libertades públicas en general”, pero que han desarrollado “sobre la marcha” un programa más abarcador.

El ascenso de nuevos pequeños partidos como Los Piratas supone una potencial pérdida significativa de votantes para los tradicionales, advierte Bailes.

En definitiva, según la académica británica, “la vieja rivalidad derecha-izquierda” ha continuado en Islandia de una “forma destructiva” que impide “una imparcial asignación de culpas y castigos” a unos u otros.

Otro profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Islandia, Thorolfur Matthiasson, es menos crítico con el gobierno de izquierdas que lideró Sigurðardóttir, y asegura que Islandia hizo las cosas mal sobre todo antes de la crisis.

Después del colapso de la economía en 2008, “Islandia puso en marcha el programa más completo de alivio de la deuda para las familias y las empresas que en cualquier otro lugar” y emprendió “un proceso constitutivo ejemplar que el actual gobierno no está respaldando”.

Matthiasson defiende que “el juicio contra el Primer Ministro y el encarcelamiento de los banqueros fue parte de un programa de reconstrucción de la confianza entre el público con respecto al sistema social y legal en el país”. Sin embargo, reconoce, el juicio al primer ministro “se convirtió en un teatro político que no fue bueno para la reputación de nadie”.

Pero no a todos los islandeses les fue mal durante la crisis. “A nosotros, de hecho, nos fue muy bien”, dice el dueño de un humilde restaurante del sur islandés que prefiere que su nombre no aparezca en este reportaje. “Con la devaluación de la moneda, el turismo creció enormemente y comenzaron a venir cada vez más extranjeros”, celebra el pequeño empresario.

La economía islandesa se basa actualmente en el turismo, la pesca y el aluminio, cuyos precios en alza a principios de la crisis ayudaron a que la situación no fuera todavía peor de lo que fue, explica Bailes.

En Islandia, lo único que parece barato es la energía, que los islandeses aprendieron a encauzar desde sus numerosos volcanes. Por ello, uno de los países donde resulta más económico procesar el aluminio es este. Hasta China procesa aluminio en Islandia. Ahora, la economía islandesa depende sobre todo del precio del aluminio. Pero “a hora, hay preocupaciones serias sobre los precios del aluminio”, señala Bailes.

Selma apaga su cigarrillo y concluye orgullosa y decidida: “sé que es a mi generación a la que le corresponde cambiar todo aquello que se hizo tan mal y lo vamos a hacer”.        (Iñaki Estívaliz , Rebelión,  16/12/15)

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