"La economía mundial se desliza por una espiral bajista que los esfuerzos
de las autoridades no logran contener. El descenso se inició en 2008
cuando, a la vez que el sistema financiero internacional quebraba, China
se topó con una ley de hierro del desarrollo económico: no se puede
crecer indefinidamente más de un 10% anual, so pena de que la industria
genere productos que no encontrarán comprador.
A China le ha llegado la hora de la reconversión industrial y el mundo
está sintiendo sus efectos. Y como la industria china (construcción
incluida) no puede crecer al ritmo de antes, tampoco puede importar la
misma cantidad de materias primas —China consume la mitad o más de todas
las materias primas industriales imaginables— y eso se ha notado en que
el precio de éstas no ha parado de caer desde febrero de 2011. (...)
Estados Unidos, por el deterioro de su sector energético y minero, ya
está en recesión industrial, al tiempo que la productividad se estanca,
los beneficios empresariales caen (esto es condición necesaria de las
recesiones generalizadas) y los tipos de corto plazo empiezan a subir.
Los bancos que prestaron al sector energético serán la correa de
transmisión, y un gran accidente financiero o empresarial, el toque de
clarín para la recesión global.
El fenómeno más llamativo con el que todo esto se manifiesta es la
caída de las Bolsas, iniciada en la primavera de 2015, y con sus
episodios más agudos en el mes de agosto pasado y en enero de este año.
Entretanto, la desconfianza hacia las medidas económicas de su Gobierno y
la expectativa de depreciación de su moneda están provocando la huida
de capitales de China: más de un billón de dólares en un año. (...)
La reacción de Pekín ha sido un poco desordenada: restablecer
parcialmente el control en los movimientos de capitales, limitar la
compra de divisas por los nacionales, detener empresarios y a quien hace
“ventas maliciosas” en Bolsa, etc. Y aunque inyecta liquidez al sistema
bancario, la drena después comprando yuanes con dólares para detener la
caída de su cotización.
Todo esto provoca dudas sobre si sabe lo que está haciendo. Ya solo
le falta azotar al río Yangtsé, como ordenara hacer Jerjes con el
Helesponto. Aunque da la impresión de que otro tanto puede terminar
haciendo Mario Draghi con el río Meno, Janet Yellen con el Potomac o el
Banco de Japón con el Arakawa.
Todos gesticulando para contener un
destino trazado: el último coletazo de la gran crisis, antes de que, a
partir de 2018, se inicie un nuevo ciclo de crecimiento sostenido." (Juan Ignacio Crespo , El País,23 ENE 2016)
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