"Este inicio de año ha sido el peor en la historia de la bolsa de Estados Unidos. (...)
De acuerdo con el relato económico que predominó en los últimos tiempos,
2016 iba a ser el año en que la economía mundial se recuperaría por
completo de la crisis iniciada en 2008, y en el que EEUU sería el
abanderado de la recuperación, generando crecimiento y trabajo mediante
conservadurismo fiscal y políticas en favor de los empresarios. (...)
Según ese relato, no muy lejos de EEUU se encontraban
Irlanda y Gran Bretaña. Si bien la crisis les había pegado más duro, se
decía que su recuperación había sido admirable porque no titubearon a la
hora de mantener las políticas adecuadas, por mucha antipatía que
generaran entre sus ciudadanos: recortar el gasto público, especialmente
el dinero derrochado en gasto social, era visto como una forma de
generar empleo porque hacía más difícil que algunos vivieran a costa del
contribuyente. Irlanda y Gran Bretaña habían tenido además la sensatez
de no ceder ante los que piensan que todo es culpa de los bancos y
tampoco se pasaron regulando al sector financiero.
Se
decía que incluso las economías de Europa continental se estaban
recuperando poco a poco después de aceptar la necesidad de la disciplina
fiscal, reformar el mercado laboral y reducir la regulación a las
empresas. Por fin, el mundo, al menos el mundo desarrollado, estaba
listo para recuperarse plenamente.
¿Qué fue entonces lo que salió mal?
Los que siguen empeñados con ese relato tratan de culpar por adelantado a China de todos los males económicos que se avecinan. (...)
La importancia del mundo rico es ampliamente superior a
la de China. A menos que la acusación la formule un país en desarrollo
cuya suerte dependa de la exportación hacia China, el resto no puede
responsabilizar de sus males económicos al lento crecimiento de esa
nación.
Lo que verdaderamente ocurrió es que
Norteamérica y Europa occidental nunca se recuperaron de verdad de la
crisis de 2008. De acuerdo con el FMI, a finales de 2015, el ingreso per
cápita ajustado a la inflación (en moneda nacional) era menor que antes
de la crisis en 11 de estos países (sobre un total de 20).
En cinco de
ellos (Austria, Islandia, Irlanda, Suiza y el Reino Unido), fue superior
en muy poco: un 0,05% en Austria y un 0,3% en Irlanda. Solo en cuatro
países, Alemania, Canadá, EEUU y Suecia, el ingreso per cápita fue
considerablemente mayor que antes de la crisis. (...)
Incluso en Alemania, el país con mejores números de
entre esos cuatro, la tasa de crecimiento del ingreso per cápita fue
solo de 0,8% anual entre su último pico (2008) y 2015. La tasa de
crecimiento de EEUU, la mitad: 0,4% anual. Comparemos eso con el 1%
anual de la tasa de crecimiento que consiguió Japón durante sus
presuntas "dos décadas perdidas", entre 1990 y 2010.
Por si eso no bastara, gran parte de la recuperación se ha debido a
burbujas financieras, infladas por compras de deuda pública (expansión
cuantitativa) que se convierten en inyecciones de efectivo al sector
financiero.
La magnitud de estas burbujas ha sido aún
mayor en EEUU y Reino Unido. Ya estaban en niveles sin precedentes en
2013 y 2014 pero en 2015 llegaron aún más lejos: el mercado de valores
estadounidense llegó en mayo de ese año a un máximo histórico. (...)
Parece entonces que las principales causas de la actual
tormenta económica se encuentran en las naciones más ricas,
especialmente en las economías dirigidas por el mercado financiero de
Estados Unidos y Reino Unido.
Después de 2008, tras
rechazar una reestructuración profunda de sus economías, la única forma
en la que podían lograr una mejora era creando otra serie de burbujas
financieras. En su discurso, los gobiernos y los sectores financieros
transformaron una recuperación agónica en una recuperación espectacular.
Propagaron así el mito de que las grandes burbujas son signo de
economías saludables.
Independientemente de que las
actuales turbulencias del mercado lleven o no a una caída continuada o a
un derrumbe, son una señal de que hemos desperdiciado los últimos siete
años apuntalando un modelo económico en bancarrota.
Antes de que todo
empeore, debemos reemplazarlo por otro en el que el sector financiero
sea menos complejo y tenga mayor paciencia, en el que se estimule la
inversión en la economía real con incentivos fiscales y tecnológicos, y
en el que se implementen las medidas para reducir la desigualdad para,
de este modo, mantener la demanda sin crear más deuda.
Ninguna de estas ideas será fácil de implementar pero sabemos cuál es
la alternativa: poco crecimiento, inestabilidad y caída del nivel de
vida para la gran mayoría." (Ha-Joon Chang
, eldiario.es, 23/01/2016, profesor de Economía en la universidad de Cambridge)
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