"(...) El propósito del BCE no es otro que el de tratar de relanzar el
crédito a familias y empresas dentro de la Eurozona: propósito en el que
lleva inmerso desde principios de 2014, cuando comenzó a adoptar
políticas deliberadas de laxitud crediticia.
Fue en ese momento cuando
el instituto emisor adoptó su política de intereses negativos y su
primera ronda de TLTRO. Más adelante, en marzo de 2015, desplegó el tan
esperado Quantitative Easing europeo, con monetizaciones mensuales de
60.000 millones de euros en activos financieros diversos.
Mas no parece que el BCE haya cosechado un éxito extraordinario al
respecto. Es verdad que el crédito a familias y empresas retoma su
crecimiento desde mediados de 2014, pero su ritmo de expansión es
perfectamente equiparable al experimentado entre 2010 y 2012 sin ninguna
de tales medidas en vigor (y, en todo caso, se trata de un ritmo muy
inferior al vivido antes de la crisis).
De hecho, el termómetro que suele emplear el BCE para averiguar si su
política monetaria expansiva está surtiendo el efecto deseado o no —un
incremento interanual del IPC cercano al 2%— no puede haberse comportado
de un modo más desastroso: desde mediados de 2014, el IPC se ha hundido
a tasas cercanas al 0%, lo que sólo le ha servido al banco central como
excusa para seguir duplicando su apuesta por una política monetaria
acomodaticia.
¿Y por qué cabría esperar que todo aquello cuanto ha fracasado hasta
la fecha vaya a funcionar a partir de ahora? En realidad no hay ninguna
razón para ello: el BCE sólo está tensionando crecientemente la cuerda a
ver si, en algún momento, termina surtiendo efectos.
Esto es, presionar
tanto como sea necesario para que el crédito privado vuelva a aumentar
pero ni un pascal más. Por un lado, redobla el castigo que venía
propinándoles a los bancos en caso de que se nieguen a prestar; por
otro, introduce nuevas zanahorias para aquellas entidades que accedan a
extender financiación a familias y empresas. (...)
Dado que los intereses negativos actuales ya ascienden a más de 1.300
millones de euros, en apenas doce meses el BCE estará fustigando a los
bancos privados con un pseudoimpuesto anual de más de 5.000 millones de
euros. (...)
El deseo del BCE es que los bancos intenten compensar estos inescapables
intereses negativos esencialmente mediante dos vías: una, incrementar
su volumen de créditos a familias y empresas (a más créditos, más
ganancias que compensarán las pérdidas expansivas vinculadas a los
intereses negativos); dos, reducir sus costes de financiación. (...)
Y si la forma de contrarrestar las pérdidas por intereses negativos
es prestar más y rebajar los costes propios de financiación, ¿qué mejor
que vincular ambas estrategias? Es aquí donde nos topamos con la
zanahoria presentada ayer por el BCE: el programa TLRTO pretende
recompensar a las entidades financieras con una nueva ronda financiación
barata equivalente al 30% del nuevo crédito que hayan concedido entre
2014 y 2016.
Pero lo significativo no es esto, sino que si, además, los
bancos incrementan significativamente el crédito que conceden a familias
y empresas hasta enero de 2018, el BCE los agraciará con tipos de
interés negativos del -0,4% por todo el volumen de financiación que
hayan recibido (es decir, en este caso el BCE les pagaría a los bancos
unos intereses del 0,4% por endeudarse con BCE).
En otras palabras, lo que el BCE les está diciendo a los bancos es
bien simple: “Si se quedan quietos y sin prestar, les impondré pérdidas
extraordinarias (intereses negativos); si aumentan su cartera de
préstamos a familias y empresas, compensarán esas pérdidas
extraordinarias con mayores ingresos y, además, yo mismo los financiaré a
tipos de interés negativos”.
El problema de tales presiones con palos y
zanahorias es que la razón de fondo por la que los bancos no están
prestando a los ritmos pre-crisis no es que carezcan de músculo
financiero suficiente, sino que no encuentran a demandantes de crédito
lo suficientemente solventes como para prestarles. (...)
Es decir, el Banco Central Europeo está empujando a las entidades
financieras a que asuman mucho más riesgo prestando a aquellos que, a su
entender, no merecen recibir crédito alguno: si eres prudente, te
penalizo con más impuestos (intereses negativos sobre los depósitos de
la banca en el BCE); si eres imprudente, te subvenciono (intereses
negativos sobre los préstamos TLTRO del BCE a la banca). (...)" (Juan Ramón Rallo, Vox Populi, 11/03/16)
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