"(...) Las élites manipulan, enfangan y ponen sus sucias manos hasta en los conceptos más románticos,
en esos sueños y héroes de la literatura popular presentes en el
subconsciente de los más desfavorecidos, los despreciados, los
humillados.
Y de eso va el artículo, de cómo los poderosos se han apropiado del mito de Robin Hood para su beneficio.
Antes de entrar en la manipulación del mito, permítanme explicar por
qué los más poderosos pueden maniobrar y usar a su antojo todo lo que
haga falta para mantener el status-quo actual.
La larga reflexión
agónica de esta pieza de James Meek solo es posible, implícitamente,
porque en la actualidad se combinan los ingredientes básicos que
permiten semejante atrocidad y manipulación. Se trata del predominio
cultural de la élite, centrado en el uso y abuso de cuatro elementos:
educación, escuelas de pensamiento, medios de comunicación y lenguaje.
Por un lado, la educación y las escuelas de pensamiento. En economía,
por ejemplo, hay una profunda crisis de visión de la escuela dominante,
cuyas teorías e hipótesis de partida no solo es que no se cumplan, sino
que además son nocivas para nuestra salud. Pero les da igual, siguen
enseñando las mismas falsedades por motivos de control ideológico y de
defensa de los intereses de la superclase.
Es cierto que empiezan a
emerger con fuerza voces críticas, que además coinciden con aquellos que
mejor analizan y predicen lo que está pasando. Pero es insuficiente. Un
ejemplo, la esquizofrenia de las agencias de calificación.
A eso añadan ustedes el control masivo de los medios de comunicación
-el panorama nacional es desolador-, y el uso del lenguaje. Al margen
que dichos medios publiquen el caso de corrupción x o y, en realidad es
teatro barroco. (...)
Hacen todo lo posible por mantener el estatus que nos ha llevado
hasta aquí, y del que dichos medios de comunicación forman parte. Ya me
entienden ustedes. Respecto al lenguaje, hay una tendencia a acosar al disidente, al que piensa distinto, al que en definitiva es libre.
Pero dicho lenguaje llega a la cobardía cuando se culpabiliza y se responsabiliza de la situación de sufrimiento –paro, desahucios,…- a aquellos que la padecen. Y de eso va el hurto que las élites y los poderosos han hecho del mito de Robin Hood.
Manipulando el mito de Robin Hood
Como señala James Meek, los más ricos y poderosos de Europa,
Australia y América del Norte han dado la vuelta a la tortilla,
utilizando el mito de Robin Hood en su beneficio. En esta nueva versión de Robin Hood los otrora pobres y débiles -desempleados, discapacitados, refugiados…- han sido recolocados en el cuadro conceptual donde solíamos situar a los más ricos y poderosos.
Son ellos, la categoría social previamente etiquetada como "pobre", a
quienes se les acusa de vivir en grandes casas, revolcarse en el lujo y
no tener ganas que trabajar. Les presentan como vagos, perezosos,
parásitos.
Mientras que los que antes se consideraban ricos, ahora, por
obra y gracia del lenguaje, se les presenta como aquellos que trabajan
muy duro para obtener una recompensa más o menos justa. Y bajo ese
lenguaje perverso, “hay que apoyar a esta nueva categoría de pobres”,
los otrora ricos.
En esta nueva versión del mito de Robin Hood, “el sheriff de Nottingham es el Estado,
que lleva a cabo un despiadado saqueo de las propiedades y dinero de
aquellos campesinos honestos que trabajan duro, con el objetivo último
de financiar al nuevo concepto de ricos, es decir, los desempleados, los
discapacitados, los refugiados, las madres solteras de la clase
trabajadora, los gorrones, los garrulos, los cinceladores y tramposos“.
En esta nueva versión del mito, apostilla Meek, “Robin Hood es el que rebaja los impuestos a los ricos. Es Margaret Thatcher. Es Ronald Reagan. Es Marco Rubio.
Hay que sabotear al sheriff de Nottingham y sus malvados dispositivos
de recaudación de impuestos, entre ellos el de sucesiones y herencias
Hoy en día, la clave está en la expresión "personas trabajadoras".
Con esta expresión, los políticos conservadores incluyen a todo el
espectro de personas empleadas que poseen bienes.
Desde el dueño de un
café de poca monta que lucha por pagar a duras penas un préstamo
bancario; pasando por aquellos más ricos, algunos de los cuales
simplemente viven de las rentas, de sus herencias.
Pero a todos ellos se
les mete en el mismo saco, clasificándolos como campesinos, pequeños
propietarios que viven de la tierra, pero que están sujetos a los
impuestos crueles del Sheriff. Pero detrás del lenguaje usado lo único
que hay en una sarta de mentiras. Los grandes beneficiarios de todos los recortes impositivos son los mega-ricos, que bajo el nuevo lenguaje, han pasado a denominarse “gente trabajadora”.
Y ¿quiénes son los nuevos ricos, en lo que podríamos
calificar como la mayor manipulación histórica del mito de Robin Hood?
Ya ni disimulan. Hacen sentirse culpable al desempleado por ser
perezoso, vago, no estudiar. Son aquellos que proceden de un país pobre,
atraídos por las bondades y casas de lujo que ofrecen los gobiernos
extranjeros. Son aquellos que pertenecen a un sindicato y acosan a los
auténticos trabajadores para que vayan a la huelga.
Tal vez son aquellos
que fingen estar enfermos o pretenden una baja por enfermedad y cobrar
una pensión inmerecida. Bajo este argumento, bajo este lenguaje, estos perezosos encima son recompensados por el gobierno con “beneficios de lujo”. Porque están ociosos, son acomodados, y viven de la ardua labor de otro. ¡Cuánta mentira! ¡Cómo me repugnan todos y cada uno de estos manipuladores!" (Juan Laborda, vox Populi, 20/02/16)
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