"(...) Lo que sí puede decirse ya es que el presidente François Hollande
–algunos ponen en duda su voluntad de volverse a presentar a un nuevo
mandato presidencial dentro de catorce meses– y el primer ministro,
Manuel Valls, han hecho lo posible por provocar esta protesta.
Los dos
parecen convencidos de que la Francia de izquierdas a efectos prácticos
no existe (y a lo mejor tienen razón, este marzo lo aclarará) y que hay
que gobernar atendiendo solo a la derecha. Lo que han logrado es
destruir su base social y su propio Partido Socialista.
Muy
significativa, por su sonoridad, la dimisión del diputado socialista
Pouria Amirshahi, que lo deja todo, el carnet y el escaño, denunciando a
la “casta” y el “mundo sin ideas” de los partidos.
“Retirada de
nacionalidad, estado de urgencia, escalada penal, derecho laboral...
Francia no está gobernada por el ala derecha del Partido Socialista,
sino por neocon-servadores”, ha dicho. No es una ruptura con el PS, sino
con el establishment. Hasta los diputados hollandistas están enfadados
con el proyecto de ley de la ministra de trabajo, Myriam El Khomri, uno
de cuyos secretarios también ha dado portazo.
Valls,
verdadero iniciador del proyecto, se siente abandonado por Hollande, que
le ha pedido que frene y dialogue más con los sindicatos. Si la ley se
vacía de contenido, el propio Valls podría dar el portazo, dice un
colaborador del primer ministro.
Mientras tanto, el presidente
acaba de imponer la Legión de Honor al príncipe heredero saudí, Mohamed
Ben Nayef (70 decapitaciones en lo que va de año). “Sólo es protocolo”,
dice el ministro de Exteriores. El descrédito es total. (...) (Rafael Poch)" (Mikel Arizaleta, Rebelión, 10/03/16)
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