"La salida de la crisis se ha producido a base de políticas monetarias
extraordinariamente expansivas, con la idea de que el camino de vuelta
(retirada de estímulos, subidas de tipos) no tardaría en volver.
Pero parece que esa reversión no es para nada sencilla. Y esa
dificultad puede explicar parte de lo que está ocurriendo en el mercado:
no hay guía u orientación porque estamos ante un programa de
optimización nuevo, con restricciones y variables —política monetaria
casi agotada y tipos de interés a cero o negativos—, con las que hasta
ahora no se había trabajado. La política fiscal, aun con restricciones,
constituye la única esperanza, aunque en el G20 muchos lo hayan querido
obviar. (...)
Se teme una guerra de divisas. También ha habido malestar con
aquellos que, con menos deuda y tan bajos tipos de interés, no tienen
predisposición por gastar, como Alemania. Ese es el principio del gran
problema: si el que puede no hace uso de la política fiscal, los
problemas se perpetúan. Y el famoso plan de inversiones europeo no acaba
de despegar. No hay atisbos de un esfuerzo común para ampliar el gasto.
Si el mundo está inundado de deuda y estamos ante tipos de interés
reales negativos, no podemos resignarnos a la aceptación de una
corrección a la baja en el nivel de crecimiento global, ni al
estancamiento secular. Puede que haya que afrontar una época prolongada
de moderación, hasta que una subida de tipos y un restablecimiento de
equilibrios financieros sea asumible para los tenedores de deuda
públicos y privados.
Pero esto no es incompatible con planes de gasto
coordinados, en paralelo a una consolidación fiscal en plazos más
razonables. Los que ven en la tecnología la oportunidad para escapar de
esta situación, tal vez tengan que esperar a otras innovaciones porque
las actuales tienen un recorrido importante pero no parece que puedan,
por sí solas, revertir el estado de depresión. " (Santiago Carbó , El País ,1 MAR 2016)
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