4.4.16

El BBVA estaba cobrando intereses de demora por un crédito a la Generalitat a corto plazo ya vencido e impagado. La alarma se disparó en el Ministerio de Economía...

"Durante los primeros días del pasado mes de marzo el equipo de Luis de Guindos, el ministro de Economía, se aplicó a conciencia para evitar que la agencia de calificación de deuda Standard & Poor’s (SP) situara a Catalunya en el nivel de impago puntual ( selective default), un concepto que califica una situación en la que el deudor incumple el pago de una deuda mientras atiende el resto de sus obligaciones. 

La agencia se planteó esa decisión una vez tuvo conocimiento de que un banco, el BBVA, estaba cobrando intereses de demora por un crédito a la Generalitat a corto plazo ya vencido e impagado.

Aunque al final se evitó tal dramático desenlace revertiendo un informe muy duro de la agencia de calificación, la alarma se disparó en el Ministerio de Economía al conocer las intenciones de SP, pues las deudas de las administraciones incorporan una cláusula ( cross default) que permite a los acreedores reclamar la devolución inmediata de la deuda si se produce un impago, aunque sea parcial o puntual. 

Es decir, la Generalitat y, en cascada, el Estado se encontrarían ante un aluvión de ejecuciones de la gran mayoría de la deuda bancaria y financiera no vencida. Un escenario indeseado tanto en Madrid como en Barcelona.

Pero en cada ciudad a su manera. En la capital catalana, la inquietud del vicepresident y conseller de Economia, Oriol Junqueras, y su equipo se centró en el impacto político y de imagen de un bochornoso escenario de espantada financiera que cuestionaría la idea de que los mercados son potenciales aliados, se compensaba sabiendo que el Gobierno central tendría que echar mano del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) para evitar una dinámica de impago del Estado.

En el caso de Madrid, las cosas eran diferentes. Por un lado, el Gobierno de Mariano Rajoy había asegurado a los inversores internacionales que el Estado estaba detrás, garantizaba las deudas de todas las administraciones españolas, y el dictamen de SP certificando un impago pondría en cuestión esa seguridad. 

Por otro lado, el Gobierno, con Luis de Guindos a la cabeza, llevaba mucho tiempo trabajándose la mejora de sus propias calificaciones de deuda por las agencias, además de SP, Moody’s y Fitch.

 El ruido a cuenta de las estrecheces catalanas ponía en evidencia esos esfuerzos. Después se sumó el cambio de escenario de la economía mundial y la incertidumbre tras las elecciones generales y la dificultad para constituir un nuevo gobierno. 

En conclusión, Moody’s anunció, coincidiendo con los días de la tormenta catalana, que descartaba elevar la nota de la deuda española. El pasado viernes SP mantuvo la suya. (...) 

¿Alguien puede considerar que la economía española ha dejado atrás la crisis? El año pasado hubo un crecimiento superior al 3%, incrementos de la recaudación de casi dos dígitos, el precio del petróleo marcó mínimos históricos, la deuda pública (Draghi mediante) se colocó prácticamente gratis, el euro mantuvo su perfil bajo, hubo récord turístico…. Y aun así, el déficit fue de 56.000 millones. 

El Estado está en colapso territorial, la Seguridad Social sigue cavando un agujero financiero descomunal que pone de manifiesto que el mercado de trabajo está hecho unos zorros pese a (tal vez a causa de) la pregonada reforma laboral, y la economía se enfría.

Tal y como están las reglas, el Gobierno, sea nuevo o el actual en funciones, debería asumir un ajuste en lo que queda de año de unos 25.000 millones de euros para cumplir con el antojo de Bruselas.

 ¿Cree alguien que tal cosa es posible? Ni en este año ni el que viene. España profundiza su crisis territorial y la ausencia de un modelo económico de crecimiento sostenible. Sólo faltaría ahora algún integrista del déficit para añadir gasolina al incendio."              (La crisis que revela el déficit, de Manel Pérez, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 03/04/16)

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