"(...) Ahora
todos estamos en un juego de espera. ¿Acaso las tímidas jugadas
recomendadas por el FMI y la OCDE restañarán la realidad de una demanda
mundial en declive? ¿Podrá resistir el dólar una ulterior pérdida de la
confianza en su capacidad para ser un repositorio estable del valor? ¿O
nos movemos hacia un alocado vaivén mucho mayor y más severo en el
llamado mercado, con todas las consecuencias políticas que esto sin duda
acarreará?
Una caída en la demanda mundial es la consecuencia directa de una
reducción en el empleo mundial. En los últimos 200, inclusive 500 años,
cada vez que había un cambio tecnológico que desaparecía empleos en
alguno de los sectores productivos, los obreros que estaban perdiendo su
empleo resistieron estos cambios. Quienes resistían se involucraron en
las llamadas demandas ludditas de mantener la tecnología previa.
Políticamente, la resistencia luddita siempre ha demostrado ser
infructuosa. Las fuerzas del establishment dijeron siempre que se
crearían nuevos empleos en reemplazo de aquellos que se perdieron, y que
se renovaría el crecimiento. Y era cierto. De hecho se crearon nuevos
empleos –pero no entre los trabajadores de cuello azul. Más bien los
nuevos empleos fueron trabajos de cuello blanco. (...)
Se ha asumido siempre que los empleos de cuello blanco estaban exentos de eliminación. Se suponía que estos empleos requerían interacciones de humanos con otros humanos. Se pensaba que no había máquinas que pudieran reemplazar al trabajador humano. Bueno, eso ya no es así. (...)
Sin embargo, ahora, cuando desaparecen puestos de cuello blanco, ¿dónde está el contenedor de los nuevos empleos que vayan a crearse? Y si no pueden ser localizados, el efecto global es que disminuyen severamente la demanda efectiva.
Sin embargo, la demanda efectiva es el sine qua non del capitalismo como sistema histórico. Sin una demanda efectiva, no puede haber acumulación de capital.
Ésta es la realidad que parece colarse reptando. No sorprende entonces que se expresen las preocupaciones. Pero no es probable que los tímidos intentos de lidiar con esta nueva realidad hagan, de hecho, una diferencia. La crisis estructural de nuestro sistema está en plena expansión. La gran pregunta no es si podemos reparar el sistema, sino con qué vamos a reemplazarlo. " (Immanuel Wallerstein, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 13/03/16)
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