"(...) Vale la pena pensar en serio acerca de cómo muchas formas de expresión democrática, sobretodo la disidencia efectiva, están siendo sepultadas.
La razón de fondo, siguiendo la Teoría Política de Sheldon Wolin, es muy sencilla. La “superclase” decidió que la democracia era una amenaza a su riqueza y poder, y empezó a maquinar como neutralizarla, obviamente sin dar la sensación de que lo estaba haciendo. Como resultado, la democracia S.A.
Hay que sustentar la apariencia externa de democracia, con el fin de
mantenernos tranquilos y entretenidos, a la vez que se elimina cualquier
sustancia de ella. Echen una ojeada a la mayoría de las tertulias
televisivas. Son nidos de grillos donde se confrontan opiniones
aparentemente divergentes.
Los interlocutores ni siquiera se escuchan,
van con la posición tomada de antemano. No hay intercambio sosegado de
ideas. Todo es un teatro al más puro estilo barroco. Lo peor es que
están absolutamente vacuas de contenido. Nos ofrecen un espectáculo
donde el escenario es muy colorido y llamativo pero que en realidad está
vacío.
Lo sustantivo es mantener todo como está con el fin de continuar aplicando de manera sistemática aquellas políticas distópicas empeñadas en reconstituir el sistema existente. El objetivo no es otro que favorecer de manera permanente a la clase dominante. Para eso, y por eso, el interés de la ciudadanía en participar en la vida pública lo han rebautizado como "populismo mal informado”.
Pero claro, las élites, no pueden salir a la palestra y decir que la
disidencia, o la opinión radicalmente diferente, son nocivas en sí
mismas. Ser capaz de mantener una opinión discrepante, incluso un voto
radical, es después de todo el núcleo de la libertad democrática. Por
eso la tarea en la que ya se ha embarcado la “superclase”, y sus
acólitos, es doble.
En primer lugar, crear la atmósfera y condiciones
que hagan que la propia ciudadanía quiera reprimir la disidencia; para
luego obsequiarles con un vocabulario nuevo, de frases e ideas pegadizas
con las que expresar su recién descubierta cautela hacia los
disidentes.
En Europa y Estados Unidos la retórica y la paranoia en torno a las amenazas a la seguridad nacional ofrece un ruido de fondo muy similar al macartismo.
En el Reino Unido, por ejemplo, un nuevo proyecto de ley pretende dar a
los servicios de policía y de seguridad británicas más poderes para
poder detener un desplazamiento o viaje, cancelar pasaportes e incluso
prohibir que la gente hable en las universidades. En España, de nuestra “ley mordaza”, mejor ni hablamos.
Pero va a ser necesario buscar una narrativa distinta con la que desacreditar a aquellos que discrepan y disienten de las élites políticas y económicas en todo lo referente a la economía, las finanzas, la globalización y el medio ambiente. La “superclase” necesita nuevas etiquetas
con las que señalar y referirse al modo de pensar de estos disidentes.
Por ejemplo, aquellos que se oponen a la austeridad, en realidad se
oponen “a la implementación de las reformas económicas necesarias para
mantener nuestro bienestar". Pero aún hay más, se atreven a afirmar que
“aquellos que muestran su oposición a los tratados comerciales
multilaterales en realidad no los entienden”; y “quienes muestran su
preocupación por los problemas ambientales en realidad exageran y se
oponen al progreso de sus conciudadanos”.
Tratan de confrontar lo “responsable”, expresión que hace referencia a algo racional, equilibrado y basado en la evidencia, como oposición a lo "populista".
¡Pero si lo más irresponsable y pernicioso son el conjunto de políticas
distópicas implementadas por los mal llamados “tecnócratas”! Da igual,
lo tienen claro, hay que parar, denigrar, calumniar y desacreditar al
disidente." (Juan Laborda, Vox Populi, 19/03/16)
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