"(...) Un rápido vistazo a Panamá Papers revela una característica positiva y
sobresaliente y otra negativa. Lo positivo es la solidaridad total
entre los participantes: en el sombrío mundo del capital global, todos
somos hermanos.
El mundo occidental desarrollado está allí, incluyendo a
los escandinavos no corruptos, quienes se dan la mano con Vladimir
Putin. Y el presidente de China, Xi, Irán y Corea del Norte también
están ahí. Los musulmanes y los judíos intercambiar guiños amigables, es
el verdadero reino del multiculturalismo, donde todos son iguales y
todos diferentes.
La característica negativa: la contundente ausencia de
los Estados Unidos, que le presta cierta credibilidad al reclamo de
Rusia y China de que hay involucrados en la investigación intereses
políticos particularizados.
Entonces, ¿qué vamos a hacer con todos estos datos? La primera y
predominante reacción es la explosión de furia moralista, por supuesto.
Pero debemos cambiar de tema de inmediato, de la moral a nuestro sistema
económico: los políticos, los banqueros y gerentes siempre fueron
codiciosos, así que ¿qué es lo que nuestro sistema legal y económico les
facilitó para que se realizaran en esa avaricia de manera tan
desmedida?
Desde la crisis financiera de 2008 en adelante, las figuras públicas,
del Papa hacia abajo, nos bombardean con mandatos para luchar contra la
cultura de la codicia excesiva y el consumo. Como lo dijo uno de los
teólogos cercanos al Papa: “La crisis actual no es una crisis del
capitalismo, sino una crisis de la moral.” Incluso hay sectores de la
izquierda que siguen ese camino. (...)
Hay, sin embargo, un retén a todo este desborde de la crítica: lo que
por regla general no se cuestiona es el marco democrático-liberal de
lucha contra estos excesos. El objetivo explícito o implícito es
democratizar el capitalismo para extender el control democrático sobre
la economía a través de la presión de los medios, las investigaciones
gubernamentales, leyes más duras, y las investigaciones policiales
honestas. Pero el sistema como tal no se cuestiona (...)
El error subyacente no es difícil de identificar, es el mismo que en
el célebre chiste: “Mi novio nunca llega tarde a una cita, porque en el
momento que llegue tarde ya no es más mi novio.”
Así es como los
apologistas actuales del mercado, en un secuestro ideológico inaudito,
explican la crisis de 2008: no fue el fracaso del libre mercado lo que
lo causó, sino la excesiva regulación estatal, es decir, el hecho de que
nuestra economía de mercado no era verdadera, que todavía estaba en las
garras del Estado de Bienestar.
La lección de los Panamá Papers es que,
precisamente, este no es el caso: la corrupción no es una desviación
contingente del sistema capitalista global, es parte de su
funcionamiento básico.
La realidad que surge de los PP es la de la división de clases, tan
simple como eso. Los documentos nos enseñan cómo los ricos viven en un
mundo separado en el que se aplican reglas diferentes, en el que el
sistema legal y la autoridad se inclinan a su favor y no sólo los
protegen, sino que siempre están preparados para torcer sistemáticamente
las leyes para acomodarlos (...)
En primer lugar, la línea que separa las transacciones legales
de las ilegales es cada vez más difusa, y con frecuencia se reduce a una
cuestión de interpretación. En segundo lugar, los dueños de la riqueza
que se trasladó a cuentas en el extranjero y a los paraísos fiscales no
son monstruos codiciosos, sino individuos que simplemente actúan como
sujetos racionales que tratan de salvaguardar su riqueza.
En el
capitalismo no se puede tirar el agua sucia de la especulación
financiera y mantener sano al bebé de la economía real. El agua sucia es
efectivamente la línea de sangre, el linaje del bebé sano.
No debemos temer aquí llegar hasta el final. El sistema jurídico
capitalista global es en sí, en su dimensión más fundamental, la
corrupción legalizada. La cuestión sobre dónde comienza el crimen
(cuáles operaciones financieras son ilegales) no es una cuestión legal,
sino una cuestión eminentemente política, atañe a la lucha por el poder.
Entonces, ¿por qué miles de hombres de negocios y políticos hacen lo
que documentan los Panamá Papers? La respuesta es la misma que la del
antiguo y vulgar enigma popular: ¿Por qué se lamen los perros? Porque
pueden." (Slavoj Zizek - eldestape , en Attac España, 18/04/16)
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