"(...) la eurozona está expuesta a tensiones en sus sistemas financieros: en los bancos y en algunas compañías de seguros.
A
pesar del reforzamiento de su base de capital, del aumento de la
liquidez y la reestructuración de los balances, algunos bancos siguen
siendo vulnerables, especialmente aquellos que mantienen carteras de
crédito dañadas por la crisis.
La elevada morosidad es el principal
reflejo de esas secuelas. En el conjunto de la eurozona a finales de
junio eran más de 900.000 millones de euros los préstamos morosos, de
los que 360.000 millones corresponden a los italianos, con una
manifiesta insuficiencia de capital en algunos de ellos.
Con
posterioridad a la divulgación del GFSR, el 11 de abril, las
instituciones financieras italianas han decidido la creación de un fondo
para auxiliar a los bancos en peligro, aquellos susceptibles de generar
una crisis sistémica. De la suficiencia de ese fondo hay razones para
el escepticismo.
Pero más allá de la calidad de los activos, el
FMI destaca como principal problema el exceso de capacidad en ese
sector, cuestionando los propios modelos de negocio de las entidades.
Cabría añadir que esa especialización de banca al por menor coexiste
difícilmente con bajos ritmos de crecimiento económico, elevado
desempleo, y tipos de interés históricamente reducidos.
No está exento
de riesgos el funcionamiento de un sistema financiero con tipos de
interés nulos o negativos para los instrumentos de mayor calidad
crediticia, como los bonos de tesoros de las economías centrales. (...)
El Fondo destaca los niveles excepcionalmente bajos de rentabilidad
sobre activos de los bancos europeos cuando se comparan con los
estadounidenses, y de ello dan cuenta los descuentos de la cotización
bursátil sobre el valor contable de algunos bancos. Esta misma semana
volvían a recortarse los beneficios estimados de la banca europea y con
ellos las cotizaciones de sus acciones.
Las amenazas sobre la
solvencia de algunos bancos son claras, como son las dudas sobre la
posibilidad de satisfacer las nuevas exigencias reguladoras derivadas de
Basilea III, en especial en algunas entidades generadoras de riesgos
sistémicos. La percepción de que sobran bancos esta asumida.
Una
llamada de atención no menos relevante es la dirigida a las compañías de
seguros de vida, que también han contribuido al aumento del riesgo
sistémico, aunque en menor medida que los sistemas bancarios. No es
nueva la inquietud, pero las señales que emergieron al caer los tipos de
interés ahora se intensifican consecuentes con la exposición de ese
ramo de seguros.
La importancia de este sector es difícil pasarla por
alto: son importantes inversores institucionales que disponen en sus
balances de una importante proporción de los activos financieros de todo
el mundo, ampliamente diversificados y con mayoritarios vencimientos a
largo plazo, lo que constituye una vía de compensación de las
perturbaciones de los mercados financieros.
Pero aunque durante la
crisis mostraron mayor resistencia que las entidades bancarias
(excepción hecha de algunas quiebras importantes, como la de la
estadounidense AIG), la composición de riesgos asociada al entorno
actual ha generado inquietud.
Con independencia de otras, la mayor
fuente de exposición actual deriva del nivel excepcionalmente bajo de
los tipos de interés en el ramo de seguros de vida. (...)" (Emilio Ontiveros, El País, 08/05/16)
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