"(...) De hecho, los tipos negativos son una forma de impuesto escondido. La
Fed de Saint Louis ha publicado este mes un informe en el que argumenta
que los tipos negativos son una clase de impuesto.
Y es que imponen un gravamen a las reservas bancarias, ya que en vez de aparcar las reservas en el banco central a coste cero o por un tipo de interés modesto, ahora deben pagar por ese privilegio (conviene recordar también que los bancos no tienen muchas opciones, porque las leyes les obligan a mantener un nivel alto de reservas).
Y como cualquier impuesto gravado a las empresas, tiene que trasladarse de alguna manera (en tarifas más altas para los clientes, sueldos más bajos o menos dividendos). Sea donde sea, la factura la tiene que pagar alguien. "Al final, los tipos de interés negativos son impuestos con piel de cordero", concluye el informe.
Muy cierto. La factura puede tomar varias formas. Si los bancos la repercuten en los beneficios, los precios de las acciones caerán y los inversores tendrán menos dinero. Si la trasladan a los gastos de los depositantes (algunos bancos suizos han empezado a cobrar a sus clientes por depositar dinero con ellos) tendrán menos dinero para gastar por ahí.
Alternativamente, si la transfieren a los prestatarios en forma de tasas más altas de préstamos, se deprimirá el crédito y afectará también a la economía. El banco central, propiedad del gobierno, acabará teniendo más dinero y la población menos. Y cuanto más se adentre en territorio negativo, mayores serán los efectos.
Ya se observan las repercusiones en Europa. A medida que los tipos se han vuelto negativos, los precios de las acciones bancarias se agrietan. Pongamos un gigante como Deutsche Bank, antiguamente la entidad financiera más poderosa del continente.
Y es que imponen un gravamen a las reservas bancarias, ya que en vez de aparcar las reservas en el banco central a coste cero o por un tipo de interés modesto, ahora deben pagar por ese privilegio (conviene recordar también que los bancos no tienen muchas opciones, porque las leyes les obligan a mantener un nivel alto de reservas).
Y como cualquier impuesto gravado a las empresas, tiene que trasladarse de alguna manera (en tarifas más altas para los clientes, sueldos más bajos o menos dividendos). Sea donde sea, la factura la tiene que pagar alguien. "Al final, los tipos de interés negativos son impuestos con piel de cordero", concluye el informe.
Muy cierto. La factura puede tomar varias formas. Si los bancos la repercuten en los beneficios, los precios de las acciones caerán y los inversores tendrán menos dinero. Si la trasladan a los gastos de los depositantes (algunos bancos suizos han empezado a cobrar a sus clientes por depositar dinero con ellos) tendrán menos dinero para gastar por ahí.
Alternativamente, si la transfieren a los prestatarios en forma de tasas más altas de préstamos, se deprimirá el crédito y afectará también a la economía. El banco central, propiedad del gobierno, acabará teniendo más dinero y la población menos. Y cuanto más se adentre en territorio negativo, mayores serán los efectos.
Ya se observan las repercusiones en Europa. A medida que los tipos se han vuelto negativos, los precios de las acciones bancarias se agrietan. Pongamos un gigante como Deutsche Bank, antiguamente la entidad financiera más poderosa del continente.
Sus
acciones han descendido de 40 euros en 2013 a menos de 15 euros ahora;
las acciones se han convertido en un refugio tan débil que el banco ha
tenido que emitir comunicados de que no está a punto de quebrar. El
índice financiero Eurostoxx perdió un tercio de su valor el año pasado.
Todos están sufriendo de gravedad, como es lógico cuando se grava un
impuesto. (...)
Desde luego, se puede debatir que la flexibilización cuantitativa, la
primera de las medidas extraordinarias usadas para luchar contra la
crisis de 2008, ha sido otra clase de impuesto. Ha supuesto una carga
enorme para los ahorradores y casi imposibilitado el funcionamiento de
los fondos de pensiones, con un gasto oculto tremendo, mientras reducía
drásticamente el coste de cumplir con amplios niveles de deuda estatal.
Aun así, los tipos negativos van un paso más allá. Las medidas de emergencia tomadas por los bancos centrales desde la crisis de 2008 podrían haber sido un intento de rescatar la economía global, al borde del colapso, pero cada vez más parecen también una forma de subir los impuestos, lo que podría explicar también por qué no han funcionado bien. (...)" (Matthew Lynn, El Economista)
Aun así, los tipos negativos van un paso más allá. Las medidas de emergencia tomadas por los bancos centrales desde la crisis de 2008 podrían haber sido un intento de rescatar la economía global, al borde del colapso, pero cada vez más parecen también una forma de subir los impuestos, lo que podría explicar también por qué no han funcionado bien. (...)" (Matthew Lynn, El Economista)
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