"Desde hace unas semanas, fuentes generalmente bien informadas hablan de
avances en la resolución de una de las secuelas más graves de la crisis,
el problema de la deuda europea.
Hay un consenso general, entre los
observadores que no son parte interesada, sobre el daño que causa el
excesivo peso de la deuda en las cuentas del sur de la eurozona:
contribuye a impedir que se consolide la recuperación y condena el
mercado de capitales de la eurozona a sufrir una volatilidad mayor de lo
deseable. (...)
No cabe duda de que la gestión de la crisis casi desde sus inicios ha
sido muy mala. Estimaciones cuantitativas realizadas para Estados
Unidos llevan a concluir que si en la eurozona la crisis ha ido mucho
peor que allí, ello se debe al menor acierto en las políticas aplicadas.
Los motivos de esas diferencias residen no tanto en las políticas –que,
desde luego, fueron mucho más acertadas en EE.UU. que aquí– como en las
razones que las inspiraron: en la eurozona, en particular, se tardó
más en reconocer la gravedad de la crisis; se quiso imponer un
diagnóstico único, el que encajaba con el caso de Grecia, a otros países
de la periferia, y las políticas impuestas estaban dirigidas sobre todo
a salvaguardar los intereses inmediatos de los grandes acreedores
hasta donde aguantara la eurozona, cuando hubiera debido ser al revés.
En el diseño de esas políticas ha tenido un papel principal Alemania. (...)
Quizá lo que más daño ha hecho haya sido el empeño en justificar
políticas inspiradas en intereses nacionales por principios a los que se
suponía validez universal: es verdad, hay que pagar las deudas, pero
también lo es que hay que esperar a que el deudor esté en disposición de
pagarlas.
Además, pueden concurrir circunstancias excepcionales que
hagan inevitable una condonación de parte de la deuda, y la historia nos
enseña que ninguna crisis financiera se ha saldado sin alguna forma de
reestructuración de la deuda.
Alemania ha estado desempeñando el papel
del servidor ingrato del evangelio, que ahoga a su deudor cuando acaba
de ser perdonado por su acreedor: porque a nadie como a Alemania le ha
sido perdonada tanta deuda en la historia reciente. (...)
Quizá la lección más importante es que la eurozona, y Europa, no
sobrevivirán sin un elemento de generosidad, porque es la falta de
generosidad, en el fondo, lo que la ha llevado a donde está.(...)" (Tormentas de verano, de Alfredo Pastor, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 24/05/16)
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