"Recep Tayyip Erdogan se lo había ganado. El ejército turco no iba a
mantener su obediencia mientras el hombre que iba a recrear el imperio
otomano convertía a sus vecinos en enemigos y a su país en una
caricatura de sí mismo.
Pero sería un grave error dar por sentadas dos
cosas: que el sofocamiento de un golpe militar es un asunto momentáneo,
después del cual el ejército se mantendrá leal a su sultán, y considerar
los al menos 250 muertos y más de 2 mil 839 detenidos como algo aislado
del colapso de las naciones-estados de Medio Oriente.
Los sucesos del fin de semana en Estambul y Ankara tienen íntima relación con el derrumbe de las fronteras y de la credibilidad del Estado –la suposición de que las naciones de Medio Oriente cuentan con instituciones y fronteras permanentes–, que ha infligido graves heridas en Irak, Siria, Egipto y otros países del mundo árabe.
La inestabilidad es hoy tan contagiosa en la región como la corrupción, en especial entre sus potentados y dictadores, una clase de autócratas de la que Erdogan ha sido miembro desde que cambió la constitución en beneficio propio y reinició su perverso conflicto con los kurdos. (...)
Los sucesos del fin de semana en Estambul y Ankara tienen íntima relación con el derrumbe de las fronteras y de la credibilidad del Estado –la suposición de que las naciones de Medio Oriente cuentan con instituciones y fronteras permanentes–, que ha infligido graves heridas en Irak, Siria, Egipto y otros países del mundo árabe.
La inestabilidad es hoy tan contagiosa en la región como la corrupción, en especial entre sus potentados y dictadores, una clase de autócratas de la que Erdogan ha sido miembro desde que cambió la constitución en beneficio propio y reinició su perverso conflicto con los kurdos. (...)
Las potencias victoriosas en la Primera Guerra Mundial destruyeron el
imperio otomano –que era uno de los propósitos del conflicto de 1914-18,
después de que la Puerta Sublime cometió el error fatal de alinearse
con Alemania– y las ruinas de ese imperio fueron desmenuzadas por los
Aliados y entregadas a reyes brutales, coroneles sanguinarios y un
montón de dictadores. Erdogan y el grueso del ejército que ha decidido
mantenerlo en el poder –por ahora– encajan en esta misma matriz de
estados desgarrados.
Los signos de alarma ya estaban a la vista de Erdogan –y de Occidente– con sólo haber recordado la experiencia de Pakistán. Utilizado sin vergüenza por los estadunidenses para enviar misiles, armas de fuego y dinero a los mujaidines que combatían a los rusos, Pakistán –otro pedazo arrancado a un imperio (el indio) se convirtió en un Estado fallido, sus ciudades fueron devastadas con bombas gigantes, su corrupto ejército y su servicio de inteligencia colaboraron con los enemigos de Rusia –incluido el talibán– y luego fueron infiltrados por islamitas que a la larga acabarían amenazando al Estado mismo.
Cuando Turquía empezó a desempeñar el mismo papel para Estados Unidos en Siria –enviar armas a los insurgentes, y su corrupto servicio de inteligencia a cooperar con los islamitas para combatir el poder del Estado en Siria–, también tomó la ruta de un Estado fallido, con sus ciudades devastadas por bombas gigantes y su territorio infiltrado por islamitas.
Los signos de alarma ya estaban a la vista de Erdogan –y de Occidente– con sólo haber recordado la experiencia de Pakistán. Utilizado sin vergüenza por los estadunidenses para enviar misiles, armas de fuego y dinero a los mujaidines que combatían a los rusos, Pakistán –otro pedazo arrancado a un imperio (el indio) se convirtió en un Estado fallido, sus ciudades fueron devastadas con bombas gigantes, su corrupto ejército y su servicio de inteligencia colaboraron con los enemigos de Rusia –incluido el talibán– y luego fueron infiltrados por islamitas que a la larga acabarían amenazando al Estado mismo.
Cuando Turquía empezó a desempeñar el mismo papel para Estados Unidos en Siria –enviar armas a los insurgentes, y su corrupto servicio de inteligencia a cooperar con los islamitas para combatir el poder del Estado en Siria–, también tomó la ruta de un Estado fallido, con sus ciudades devastadas por bombas gigantes y su territorio infiltrado por islamitas.
La única diferencia es que Turquía también relanzó una guerra
contra los kurdos del sureste del país, donde partes de Diyabakir están
ahora tan devastadas como grandes zonas de Homs o Alepo.
Demasiado tarde se dio cuenta Erdogan del costo del papel que eligió para su nación. Una cosa es disculparse con Putin y remendar las relaciones con Benjamin Netanyahu, pero cuando ya no se puede confiar en el propio ejército entonces hay asuntos más serios en los cuales concentrarse.
Dos mil arrestos o más dan idea de la seriedad del golpe para Erdogan; mucho más grande, de hecho, que el golpe que planeaba el ejército. Pero deben ser apenas unos cuantos de los miles de oficiales turcos que creen que el sultán de Estambul está destruyendo su país. (...)
Demasiado tarde se dio cuenta Erdogan del costo del papel que eligió para su nación. Una cosa es disculparse con Putin y remendar las relaciones con Benjamin Netanyahu, pero cuando ya no se puede confiar en el propio ejército entonces hay asuntos más serios en los cuales concentrarse.
Dos mil arrestos o más dan idea de la seriedad del golpe para Erdogan; mucho más grande, de hecho, que el golpe que planeaba el ejército. Pero deben ser apenas unos cuantos de los miles de oficiales turcos que creen que el sultán de Estambul está destruyendo su país. (...)
En suma, este fin de semana han ocurrido sucesos más dramáticos de lo
que podrían parecer a simple vista. Desde la frontera de la Unión
Europea, a través de Turquía, Siria, Irak y vastas partes de la
península del Sinaí en Egipto y hasta Libia y –¿nos atreveremos a
mencionar esto después de Niza?– Túnez, existe ahora un rastro de
anarquía y estados fallidos. Sir Mark Sykes y François Georges-Picot
comenzaron el desmembramiento del imperio otomano –con ayuda de Arthur
Balfour–, pero éste persiste hasta nuestros días.
En esta sombría perspectiva histórica debemos ver el golpe frustrado en Ankara. Esperen otro en los meses o años por venir." (Robert Fisk, La Jornada , en Jaque al neoliberalismo, 17/06/16)
En esta sombría perspectiva histórica debemos ver el golpe frustrado en Ankara. Esperen otro en los meses o años por venir." (Robert Fisk, La Jornada , en Jaque al neoliberalismo, 17/06/16)
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