"De nuevo Japón como conejillo de indias, lugar donde experimentar y dar
rienda suelta a nuevas y diferentes versiones de política monetaria. Y
si tienen éxito, ¡magnífico!, se trasladará a otras áreas geográficas.
El objetivo inicial, el de siempre, evitar que se agoten y desvanezcan
los mercados financieros y se inicie un ciclo secular de aversión al
riesgo. No tienen ni idea de lo que va a pasar, pero saben que es
necesario mantener activa la actual burbuja financiera.
En caso
contrario, todo se desplomaría como un castillo de naipes. Lo novedoso
es que la ortodoxia neoclásica se aproxima a la Teoría Monetaria Moderna. ¡Cuánto disgusto nos hubiésemos ahorrado si se hubiese hecho lo correcto allá por 2008! (...)
Se prefirió ganar tiempo y defender los intereses de quienes la
generaron, la élite bancaria. Por eso ahora estamos en una situación
parecida a 2007. Y no se pueden permitir el lujo de que se consolide un
ciclo secular bajista en los mercados financieros de riesgo.
¿Por qué creen ustedes que desde el viernes pasado los mercados se dieron la vuelta? Rumores y más rumores. (...)
Próxima parada de la política monetaria: inyectar directamente dinero a las familias y al gobierno.
Parece que la ortodoxia ha empezado a leer a Willliam Mitchell o Randall Wray, dos de los padres de la Teoría Monetaria Moderna.
Obviamente postkeynesianos, totalmente alejados de la ortodoxia
neoclásica en sus distintas versiones (nuevos clásicos, monetaristas,
neokeynesianos, economía de la oferta…). Pero aún deben afinar más, les
queda camino por recorrer.
La reacción, inmediata, importante subida del Nikkei y depreciación del yen japonés. (...)
El primer ministro Abe, tras su victoria electoral en la renovación del parlamento, avisaba que el gobierno nipón podría impulsar un estímulo fiscal de 10 billones de yenes
(casi 100.000 millones de euros), financiado con la primera emisión de
deuda soberana relevante en los últimos cuatro años. Pero no se trata
sólo de una nueva expansión fiscal.
Se combinaría con un nuevo programa de expansión cuantitativa, es decir, más estímulo monetario por parte del Banco de Japón. (...)
Se trata de una combinación de relajación monetaria extrema y relajación fiscal.
Se aproximan a la Teoría Monetaria Moderna, pero no es lo mismo porque
siguen generando más deuda, siguen beneficiando a bancos zombies, siguen
manteniendo la vulnerabilidad de los distintos agentes económicos, y
siguen sin asumir quitas de deuda. (...)
En la mayoría de los bancos centrales su mandato específico se centra
en la estabilidad de precios. Pero ahora el riesgo es otro. La deflación en casos extremos personifica la caída de precios, disminución de los salarios y la falta de demanda.
Con el fin de superar este escenario de pesadilla, la política económica debe combinar una expansión fiscal con una relajación monetaria.
Surge así una distinción importante entre la expansión cuantitativa y
la nueva propuesta de Bernanke.
Ésta última combina una relajación
monetaria extrema y una expansión fiscal, pero la expansión cuantitativa
¡no!, solo utiliza la expansión monetaria totalmente ineficiente en
recesión de balances. Aunque con mucho retraso, se trata de un avance
importante. Sin embargo, se debe dar un paso más. Bernanke debe empezar a asumir de una vez por todas la Teoría Monetaria Moderna (TMM).
Según la TMM, el consenso sobre la austeridad no se basa en ninguna comprensión lógica del sistema monetario moderno e ignora deliberadamente muchas de las opciones reales que están a disposición de los gobiernos emisores de moneda “fiat”.
El pensamiento gregario dominante tiene un carácter destructivo al
imponer recetas cuyos supuestos macroeconómicos fundamentales no se
basan en la realidad.
Tras la ruptura de Bretton Woods en 1971, la
mayoría de gobiernos empezaron a emitir sus monedas mediante decretos
legislativos bajo un tipo de cambio flotante. Un tipo de cambio flexible
libera a la política monetaria de tener que defender una paridad fija.
Por lo tanto, las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en
garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos
niveles de empleo.
Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero.
El culto a la austeridad se deriva de la lógica del patrón oro y no son
aplicables a los sistemas monetarios “fiat” modernos. Ya no es necesaria la maquinaria institucional creada para la emisión de bonos soberanos en los mercados privados.
A pesar de ello, los gobiernos sufrieron intensas presiones para
mantener comportamientos y estructuras institucionales que limitaban sus
capacidades de gasto. Por eso, siendo importante el paso tomado por Bernanke, hay que dar un paso más,
y derribar toda esa maquinaria privada creada para emitir deuda
soberana innecesaria pero muy útil para repudiar el papel del gasto
público y de la política fiscal." (Juan Laborda, Vox Populi, 13/07/16)
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