8.9.16

El éxito de la huelga general, seguida por más de 200 millones de trabajadores, por el acceso universal a la seguridad social y las pensiones, y contra las privatizaciones y el neoliberalismo, indica el rumbo a la India

"Entre doscientos millones y trescientos millones de trabajadores (según las distintas fuentes) secundaron el viernes 2 de septiembre la huelga general convocada en la India por los sindicatos. En Estados de la importancia de Bengala, Kerala, o Andhra Pradesh (donde la influencia comunista es determinante) la huelga fue completa, y, aunque con menor seguimiento, también en otros Estados indios la movilización fue gigantesca. 

En la industria, los transportes y las oficinas bancarias la huelga fue total, y las calles de las ciudades vieron la paralización de toda actividad. Entre los bancos públicos y privados, casi dos millones de bancarios siguieron la convocatoria. Aunque en Bengala occidental (donde ahora gobierna Mamata Banerjee, la presidente populista que se enfrenta al Partido Comunista), hubo duros enfrentamientos con la policía, en general, no se produjeron incidentes graves. 

En las grandes ciudades como Delhi, Bombay, Calcuta, Chennai (Madrás), los obreros paralizaron el transporte urbano, los trenes, puertos y fábricas. El gran cinturón industrial de Delhi estaba completamente paralizado.

Entre doscientos millones y trescientos millones de trabajadores (según las distintas fuentes) secundaron el viernes 2 de septiembre la huelga general convocada en la India por los sindicatos. En Estados de la importancia de Bengala, Kerala, o Andhra Pradesh (donde la influencia comunista es determinante) la huelga fue completa, y, aunque con menor seguimiento, también en otros Estados indios la movilización fue gigantesca. 

En la industria, los transportes y las oficinas bancarias la huelga fue total, y las calles de las ciudades vieron la paralización de toda actividad. Entre los bancos públicos y privados, casi dos millones de bancarios siguieron la convocatoria.

 Aunque en Bengala occidental (donde ahora gobierna Mamata Banerjee, la presidente populista que se enfrenta al Partido Comunista), hubo duros enfrentamientos con la policía, en general, no se produjeron incidentes graves. En las grandes ciudades como Delhi, Bombay, Calcuta, Chennai (Madrás), los obreros paralizaron el transporte urbano, los trenes, puertos y fábricas. El gran cinturón industrial de Delhi estaba completamente paralizado.

No es la primera huelga general convocada contra el gobierno derechista de Narendra Modi, que llegó al gobierno en 2014, tras su victoria electoral encabezando la Alianza Democrática Nacional, cuyo principal integrante es su partido, el Bharatiya Janata (BJP), una organización conservadora, de matriz hinduista, que ve a los indios musulmanes como enemigos, y peligrosamente nacionalista.

 Con la convocatoria de la huelga general los sindicatos exigen la retirada de la reforma laboral que impulsa el Bharatiya Janata Party, así como el aumento del salario mínimo en el país, junto a la revalorización de las pensiones, y pretenden que el gobierno acceda a ampliar la seguridad social a los sectores obreros del país, muy numerosos, que siguen sin estar protegidos.

 Anteriormente, Modi se había visto obligado a retirar su proyecto de ley sobre la compra de tierras, tras masivas protestas en el país. La protesta tiene antecedentes, y surge como reacción a los proyectos neoliberales de Modi: en enero de 2016, millones de mineros se declararon en huelga contra el propósito del gobierno de dar entrada a empresas privadas en las explotaciones mineras. Gurudas Dasgupta dirigente del sindicato All India Trade Union Congress (AITUC), declaró entonces que la huelga de los mineros era la huelga sectorial más grande de los últimos cuarenta años en la India. 

En septiembre de 2015, los sindicatos convocaron la primera huelga general contra el gobierno conservador, y, ahora, los sindicatos y los partidos de izquierda, que se muestran contrarios a la privatización de los sectores públicos que pretende imponer Modi y que desconfían de las condiciones en que el gobierno impulsa la llegada de inversiones extranjeras, creen que las masivas movilizaciones pueden no sólo conseguir mejoras sociales para la clase obrera si no además, contribuir decisivamente a la derrota de la política neoliberal del gobierno: tienen muy presente que la inflación está golpeando duramente a los trabajadores, que cuentan con salarios muy bajos, por lo que los sindicatos reclaman un salario mínimo de dieciocho mil rupias mensuales (unos doscientos cuarenta euros), así como el acceso universal a la seguridad social y las pensiones.  (...)"             (Higinio Polo, El viejo Topo, 06/09/16)

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