"Entre doscientos millones y trescientos millones de trabajadores (según
las distintas fuentes) secundaron el viernes 2 de septiembre la huelga
general convocada en la India por los sindicatos. En Estados de la
importancia de Bengala, Kerala, o Andhra Pradesh (donde la influencia
comunista es determinante) la huelga fue completa, y, aunque con menor
seguimiento, también en otros Estados indios la movilización fue
gigantesca.
En la industria, los transportes y las oficinas bancarias la
huelga fue total, y las calles de las ciudades vieron la paralización
de toda actividad. Entre los bancos públicos y privados, casi dos
millones de bancarios siguieron la convocatoria. Aunque en Bengala
occidental (donde ahora gobierna Mamata Banerjee, la presidente
populista que se enfrenta al Partido Comunista), hubo duros
enfrentamientos con la policía, en general, no se produjeron incidentes
graves.
En las grandes ciudades como Delhi, Bombay, Calcuta, Chennai
(Madrás), los obreros paralizaron el transporte urbano, los trenes,
puertos y fábricas. El gran cinturón industrial de Delhi estaba
completamente paralizado.
Entre doscientos millones y trescientos millones de trabajadores
(según las distintas fuentes) secundaron el viernes 2 de septiembre la
huelga general convocada en la India por los sindicatos. En Estados de
la importancia de Bengala, Kerala, o Andhra Pradesh (donde la influencia
comunista es determinante) la huelga fue completa, y, aunque con menor
seguimiento, también en otros Estados indios la movilización fue
gigantesca.
En la industria, los transportes y las oficinas bancarias la
huelga fue total, y las calles de las ciudades vieron la paralización
de toda actividad. Entre los bancos públicos y privados, casi dos
millones de bancarios siguieron la convocatoria.
Aunque en Bengala
occidental (donde ahora gobierna Mamata Banerjee, la presidente
populista que se enfrenta al Partido Comunista), hubo duros
enfrentamientos con la policía, en general, no se produjeron incidentes
graves. En las grandes ciudades como Delhi, Bombay, Calcuta, Chennai
(Madrás), los obreros paralizaron el transporte urbano, los trenes,
puertos y fábricas. El gran cinturón industrial de Delhi estaba
completamente paralizado.
No es la primera huelga general convocada contra el gobierno
derechista de Narendra Modi, que llegó al gobierno en 2014, tras su
victoria electoral encabezando la Alianza Democrática Nacional, cuyo
principal integrante es su partido, el Bharatiya Janata (BJP),
una organización conservadora, de matriz hinduista, que ve a los indios
musulmanes como enemigos, y peligrosamente nacionalista.
Con la
convocatoria de la huelga general los sindicatos exigen la retirada de
la reforma laboral que impulsa el Bharatiya Janata Party, así
como el aumento del salario mínimo en el país, junto a la revalorización
de las pensiones, y pretenden que el gobierno acceda a ampliar la
seguridad social a los sectores obreros del país, muy numerosos, que
siguen sin estar protegidos.
Anteriormente, Modi se había visto obligado
a retirar su proyecto de ley sobre la compra de tierras, tras masivas
protestas en el país. La protesta tiene antecedentes, y surge como
reacción a los proyectos neoliberales de Modi: en enero de 2016,
millones de mineros se declararon en huelga contra el propósito del
gobierno de dar entrada a empresas privadas en las explotaciones
mineras. Gurudas Dasgupta dirigente del sindicato All India Trade Union Congress
(AITUC), declaró entonces que la huelga de los mineros era la huelga
sectorial más grande de los últimos cuarenta años en la India.
En
septiembre de 2015, los sindicatos convocaron la primera huelga general
contra el gobierno conservador, y, ahora, los sindicatos y los partidos
de izquierda, que se muestran contrarios a la privatización de los
sectores públicos que pretende imponer Modi y que desconfían de las
condiciones en que el gobierno impulsa la llegada de inversiones
extranjeras, creen que las masivas movilizaciones pueden no sólo
conseguir mejoras sociales para la clase obrera si no además, contribuir
decisivamente a la derrota de la política neoliberal del gobierno:
tienen muy presente que la inflación está golpeando duramente a los
trabajadores, que cuentan con salarios muy bajos, por lo que los
sindicatos reclaman un salario mínimo de dieciocho mil rupias mensuales
(unos doscientos cuarenta euros), así como el acceso universal a la
seguridad social y las pensiones. (...)" (Higinio Polo, El viejo Topo, 06/09/16)
No hay comentarios:
Publicar un comentario