"Un golpe interno para facilitar con su abstención la continuidad del
gobierno de Rajoy. Eso es, en definitiva, lo que ha desencadenado
finalmente la crisis contenida del PSOE después de su sexta derrota
electoral tras las elecciones autonómicas vascas y gallegas.
Pero el instrumento utilizado para poner fin en las próximas semanas al “empate estratégico” surgido tras las elecciones generales del 20 de noviembre de 2015 es un reflejo de la profundidad de la crisis del régimen del 78.
Incapaces de construir una coalición de gobierno tanto el PP como el PSOE (...) al final han tenido que recurrir a métodos extraparlamentarios para alcanzar lo que en definitiva no es sino una Gran Coalición vergonzosa: un gobierno minoritario del PP apoyado en la abstención de un PSOE abierto en canal en el altar de la estrategia del mal menor.
La condición necesaria para que se haya desencadenado el golpe interno en el PSOE, una crónica anunciada desde hace meses a golpe de editorial del diario El País, ha sido la progresiva desmovilización de las izquierdas.
(...) han optado, a pesar del evidente coste político, por la opción de una Gran Coalición vergonzosa y no esperar tres meses a unas terceras elecciones generales en las que muy probablemente hubiera sumado los seis escaños necesarios para una mayoría absoluta de una coalición de PP y Ciudadanos. (...)
La urgencia de gobierno en este contexto solo podía ser la Gran coalición vergonzosa, la abstención de los diputados socialistas y la violación de la primera parte de las “líneas rojas” del Comité federal de diciembre de 2015. (...)
Pero sobre todo, una vez más, la principal presión sobre las clases dominantes españolas es la que ejerce directamente, con mano de hierro, la Unión Europea.
Desde la crisis bancaria y de la financiación de la deuda pública españolas de 2012, el mantenimiento de la “confianza” de los mercados como principio rector de la política económica se ha convertido en el objetivo principal y obsesivo de las clases dominantes.
El reciente panfleto de De Guindos es un resumen interesado de esta orientación. El mecanismo es de doble presión. Aunque la “confianza de los mercados” ha sido sustituida en la práctica por la política de liquidez monetaria vía compra de activos del Banco Central Europeo, su primera condición para poder acogerse a sus programas es el mantenimiento de los rating de las agencias privadas de calificación de riesgos. Y estás juzgan las primas de riesgo de las deudas soberanas de acuerdo con la aplicación de las políticas de ajuste neoliberal que garanticen el servicio de la deuda.
El 8 de agosto, el gobierno en funciones de Rajoy llegó a un acuerdo de ajuste fiscal de tres años con la Unión Europea, cuyo contenido ya he analizado en otra nota. Como consecuencia, se congelo la asignación de las partidas presupuestarias de 2016 no comprometidas con fecha 31 de julio.
Pero el instrumento utilizado para poner fin en las próximas semanas al “empate estratégico” surgido tras las elecciones generales del 20 de noviembre de 2015 es un reflejo de la profundidad de la crisis del régimen del 78.
Incapaces de construir una coalición de gobierno tanto el PP como el PSOE (...) al final han tenido que recurrir a métodos extraparlamentarios para alcanzar lo que en definitiva no es sino una Gran Coalición vergonzosa: un gobierno minoritario del PP apoyado en la abstención de un PSOE abierto en canal en el altar de la estrategia del mal menor.
La condición necesaria para que se haya desencadenado el golpe interno en el PSOE, una crónica anunciada desde hace meses a golpe de editorial del diario El País, ha sido la progresiva desmovilización de las izquierdas.
(...) han optado, a pesar del evidente coste político, por la opción de una Gran Coalición vergonzosa y no esperar tres meses a unas terceras elecciones generales en las que muy probablemente hubiera sumado los seis escaños necesarios para una mayoría absoluta de una coalición de PP y Ciudadanos. (...)
La urgencia de gobierno en este contexto solo podía ser la Gran coalición vergonzosa, la abstención de los diputados socialistas y la violación de la primera parte de las “líneas rojas” del Comité federal de diciembre de 2015. (...)
Pero sobre todo, una vez más, la principal presión sobre las clases dominantes españolas es la que ejerce directamente, con mano de hierro, la Unión Europea.
Desde la crisis bancaria y de la financiación de la deuda pública españolas de 2012, el mantenimiento de la “confianza” de los mercados como principio rector de la política económica se ha convertido en el objetivo principal y obsesivo de las clases dominantes.
El reciente panfleto de De Guindos es un resumen interesado de esta orientación. El mecanismo es de doble presión. Aunque la “confianza de los mercados” ha sido sustituida en la práctica por la política de liquidez monetaria vía compra de activos del Banco Central Europeo, su primera condición para poder acogerse a sus programas es el mantenimiento de los rating de las agencias privadas de calificación de riesgos. Y estás juzgan las primas de riesgo de las deudas soberanas de acuerdo con la aplicación de las políticas de ajuste neoliberal que garanticen el servicio de la deuda.
El 8 de agosto, el gobierno en funciones de Rajoy llegó a un acuerdo de ajuste fiscal de tres años con la Unión Europea, cuyo contenido ya he analizado en otra nota. Como consecuencia, se congelo la asignación de las partidas presupuestarias de 2016 no comprometidas con fecha 31 de julio.
Se
anunció una nueva reforma del impuesto de sociedades –antes recortado,
ahora restablecido- para recaudar 6.000 millones de euros. Y se cerró el
grifo de las ayudas financieras a las comunidades autónomas,
obligándolas a situarse en las expectativas acordadas de déficit del
0,7% (...)
La vicepresidenta del gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría ya ha adelantado que el grupo parlamentario del PP propondrá una serie de reformas legislativas para poder dar cauce legal a las exigencias de la Comisión.
Con ellas se podrá fijar el techo de gasto tanto para las administraciones autonómicas como para la central. Pero tanto estas reformas, como el nuevo “presupuesto completo” de 2017 que pide la Comisión, exigirán una mayoría parlamentaria que solo es posible con la abstención del PSOE, cuando no su participación activa a favor.
La responsabilidad de estado a la que han aludido Rajoy, primero, Felipe González, Alfredo Rubalcaba y los “críticos” del PSOE encabezados por Susana Díaz después implica un apoyo permanente durante tres años, por activa o por pasiva, a la aplicación del plan de ajuste trienal pactado por Rajoy con la UE. (...)
Un PSOE “alternativo” al PP conllevaría el peligro permanente de una moción de censura a Rajoy, como consecuencia de la inestabilidad social y política, con el horizonte de un gobierno de las izquierdas que cuestionase el plan de ajuste trienal. (...)
Con un PSOE subordinado mediante la abstención, Rajoy recupera un margen de entendimiento en la política económica con la derecha catalana y vasca, especialmente interesadas, por motivos distintos, en sacar brillo a su “europeismo”, con la aceptación incondicional de las exigencias de la UE.
Ésta, creo, ha sido la lógica que ha acabado empujando al golpe interno de dirección del PSOE: “mejor un PSOE roto que uno de izquierdas”.
(...) faltaban menos de dos semanas para que se agotasen los plazos legislativos presupuestarios y un mes para la disolución de las Cortes y la convocatoria de terceras elecciones. El “no es no” a Rajoy de Pedro Sánchez bloqueaba la abstención socialista, al mismo tiempo que la mayoría del aparato autonómico y del comité federal impedían una reformulación de las “líneas rojas”. (...)
Con la excepción de la demoledora intervención de Josep Borrell y de las denuncias de Izquierda Socialista, en especial de su dirigente José Antonio Fernández Tapia, el golpe interno de la mayoría de los aparatos autonómicos avanzó como una apisonadora, aunque estuvo a punto de encallar en su propio éxito. (...)
El debate sobre las consecuencias estatutarias de la dimisión escindió al PSOE en dos direcciones paralelas, provocando algunas escenas grotescas como las declaraciones de Victoria Pérez ante las puertas de la sede central de Ferraz: “la única autoridad del PSOE soy yo”. (...)
Finalmente, el aparato de Ferraz fue derrotado sin otro debate político que las implicaciones organizativas de las distintas interpretaciones estatutarias. Pero el Congreso extraordinario, preceptivo tras las 17 dimisiones de la ejecutiva permanente, quedaba pospuesto a la formación de un gobierno de España y la decisión de la abstención en un segundo debate de investidura de Rajoy en manos de la comisión gestora.
Todavía quedan por delante las peores consecuencias políticas del golpe interno. La abstención ante Rajoy será justificada con el argumento del mal menor de que unas terceras elecciones supondrían una erosión electoral aun más importante.
Tan convencidos están los aparatos autonómicos de las consecuencias de su orientación, que no dudan que los militantes –que las encuestas muestran a favor del No a Rajoy- y también los votantes socialistas castigarían electoralmente el golpe interno a falta de otros canales donde expresar su posición. (...)
En los próximos días y semanas harán presión, fundamentalmente en las redes sociales. Pero no tendrán derecho a cuestionar la orientación impuesta implícitamente por el sector del aparato vencedor, porque todas las instancias decisivas abiertas, como las primarias o el congreso, han sido pospuestas.
Por eso no cabe esperar tampoco fuertes resistencias en el grupo parlamentario, dividido hasta ayer prácticamente al 50%. Como se verá pronto, “coser el desgarro del partido” significará coser la boca de cualquier disidencia. (...)
La crisis del PSOE y la abstención ante un gobierno minoritario de la derecha aplazará por el momento la concreción de una formula de gobierno de las izquierdas. Pero no el debate sobre la acumulación unitaria de fuerzas ni el balance sobre la falta de credibilidad y las deficiencias de las distintas propuestas de gobierno de izquierdas en el ciclo electoral que parece cerrarse ahora. Y poder retomar la iniciativa desde la oposición exigirá, dada la inestabilidad social y política, una formula de gobierno de izquierdas compartida y creíble, que pueda ser transversal." (G. Buster
Sin Permiso, 02/10/2016)
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