"(...) Merkel ha sido responsable de cinco decisiones clave en la economía
política de Europa que primero exacerbaron la crisis y luego
dificultaron su salida.
Cuando las hipotecas basura encendieron la
mecha de un incendio global, fue Angela Merkel quien bloqueó una
respuesta europea ante la crisis bancaria. Fue insistencia alemana que
los rescates financieros fueran nacionales en vez de europeos.
Pero las
respuestas nacionales solo pueden ser tan creíbles como los balances
nacionales, algo que exacerbó la conexión entre la banca y las naciones,
esa gran quimera del Banco Central Europeo (BCE). Los mercados pusieron
el foco en naciones más débiles, empezando por Grecia. Así se inauguró
la época de los rescates soberanos.
Aunque Merkel aceptó el
rescate griego, Alemania rechazó un fondo común europeo durante meses,
lo que sólo empeoró las cosas para Irlanda, Portugal y España. Las
propuestas de Nicolas Sarkozy para usar los fondos para recapitalizar el
sistema financiero cayeron en oídos sordos; en 2012 Merkel prometió a
Mario Monti que el rescate de los bancos se federalizaría eventualmente,
pero en el último paquete —el de España— se puso sobre las espaldas del
fisco español, debilitando al soberano.
Cuando el vehículo permanente
nació (el European Stability Mechanism, ESM), fue tan estigmatizado que
Italia decidió, equivocadamente, no usarlo. Los bancos italianos todavía
hoy no tienen el capital necesario para financiar una recuperación
sostenible. (...)
La falta de flexibilidad de Merkel ha avivado al populismo
anti-europeísta más allá de Atenas. Ahora el preocupante AfD ha traído
la ola a la misma Alemania.
Cuando Europa se decidió a reforzar la
coordinación macroeconómica con el Compacto Fiscal, Merkel fue su mejor
defensora, pero la canciller se olvidó que el control presupuestario de
las naciones no era el destino final sino un paso hacia la
federalización fiscal.
Las propuestas originales incluían no solo un
control estricto de los presupuestos nacionales, sino además eurobonos
como parte de un nuevo presupuesto federal europeo. Los gastos se
controlan mejor que antes pero nadie —excepto Alemania— tiene espacio
fiscal para luchar contra las consecuencias de la crisis.
Otro favor
electoral al populismo. Ante la falta de progreso hacia los eurobonos,
recayó sobre el BCE de Mario Draghi la creación del quantitative easing,
que ha logrado lo que debían hacer los eurobonos: reducir la prima de
riesgo de los países periféricos para alentar la recuperación económica.
Por la negativa de Merkel perdimos la oportunidad de crear el
equivalente al Funding Act de 1790 cuando Alexander Hamilton y George
Washington crearon el mercado de deuda federal americano garantizando
deudas estatales.
Finalmente, aunque Merkel apoyó la creación de una unión bancaria, su
Gobierno ha bloqueado la creación de una garantía común de depósitos;
mientras no haya un seguro europeo los inversores pueden tener dudas de
si sus ahorros están tan seguros en un banco italiano como en uno
alemán. Todavía se recuerdan esas publicidades irresponsables del
Deutsche Bank invitando a inversores españoles a moverse a la “segura”
Alemania. (...)" (Pierpaolo Barbieri, El País, 30/09/16)
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