"Un examen profundo de las causas que llevaron a la capitulación del
gobierno griego en julio de 2015 y a la firma del tercer memorando
permite trazar una de las principales líneas de separación de este
periodo, una separación que no es un simple asunto de balance histórico, sino que reviste un carácter directamente político. (...)
Éric Toussaint no puede ser más claro con respecto a las razones de esa deriva. Como lo señala en esta entrevista: «el
núcleo alrededor de Tsipras -no hablo ni del comité político de Syriza,
ya que sus miembros fueron excluidos de las decisiones capitales, ni de
los miembros del comité central, a los que también se los mantuvo
aparte-, con Yanis Dragasakis, el viceprimer ministro actual que tiene
un papel clave, tomó en los momentos decisivos la siguiente orientación:
Hay que evitar a cualquier precio el enfrentamiento con el gran capital
griego, los banqueros griegos y los armadores.» Los intereses de los
dos últimos están enlazados, totalmente intrincados. Así mismo, ese
núcleo consideraba que había que evitar el enfrentamiento con las
instituciones europeas».
Como sabemos, el compromiso de no
ruptura con el euro y la UE, a cualquier precio, y la sumisión absoluta
al marco fijado por la OTAN , también formaban parte integrante de esa opción.
Éric
Toussaint, con el fin de conservar la posibilidad de intervenir de la
manera más eficaz posible en su propio campo, o sea el de la deuda
pública, y con buen juicio se cuidó de entrar, en ese momento, en el
debate sobre el euro. Actualmente, como lo señala en esta entrevista,
considera la salida del euro como una etapa necesaria para cualquier
país de la periferia europea que quiera revertir las políticas de
austeridad y romper las cadenas de la «deudocracia». (...)
Según tu opinión, ¿Alexis Tsipras realizó un cambio hacia la moderación después del éxito electoral de mayo-junio de 2012?
Durante una entrevista con Tsipras en octubre de 2012 mis dudas sobre
su cambio de orientación fueron confirmadas. Dos días antes, el The Wall Street Journal
había publicado las notas secretas de la reunión del FMI del 9 de mayo
de 2010, que indicaban explícitamente que una decena de miembros de la
dirección del FMI (de 24 miembros) estaba en contra del memorando ya que
asumían que no iba a funcionar, puesto que era un rescate de los bancos
franceses y alemanes y no un plan de ayuda a Grecia.
Se lo dije a
Tsipras y a su asesor económico: Tenéis un argumento fuertísimo para
luchar contra el FMI, porque si se tiene la prueba de que el FMI sabía
que su programa fracasaría y sabía que la deuda no era sostenible, ese
es el material que nos permite llevar adelante la campaña sobre la ilegitimidad y la ilegalidad de la deuda
.» Tsipras me respondió: «Pero, escucha…. El FMI se distancia de la
Comisión Europea.»
Me di cuenta de que se le había metido en la cabeza
que el FMI podría ser un aliado de Syriza en caso de que éste accediera
al gobierno. Al día siguiente, el 6 de octubre de 2012, Alexis Tsipras y
yo dimos una conferencia pública ante 3.000 personas durante el primer
festival de la juventud de Syriza. Me di cuenta de que mi discurso, que
insistía en la necesidad de adoptar una orientación radical a escala
europea, no le gustaba. |19|
Es evidente que esta experiencia griega ha sido especialmente memorable, aunque finalmente haya abortado… ¿Cómo lo explicáis?
La
capitulación griega ha sido también una capitulación ante los intereses
financieros dominantes ligados al sistema-deuda. Esa experiencia
también fue la ocasión de una recomposición inédita del campo político
griego y se gestó en los cambios de orientación política del pequeño
círculo de asesores y cargos electos gravitando en torno a Tsipras.
Mi
hipótesis es clara: el núcleo alrededor de Tsipras —no hablo ni del
comité político de Syriza, ya que sus miembros fueron excluidos de las
decisiones capitales, ni de los miembros del comité central, a los que
también se los mantuvo aparte—, con Yanis Dragasakis, el viceprimer
ministro actual que tiene un papel clave, tomó en los momentos decisivos
la siguiente orientación: «Hay que evitar a cualquier precio el
enfrentamiento con el gran capital griego, los banqueros griegos y los
armadores.»
Los intereses de los dos últimos están enlazados, totalmente
intrincados. Así mismo, ese núcleo consideraba que había que evitar el
enfrentamiento con las instituciones europeas. A raíz de eso, se
produjeron toda una serie de renunciamientos en cadena: «Si se quiere
evitar el enfrentamiento con esos dos enemigos, es necesario dar garantías
a los banqueros griegos y decirles que en caso de la ascensión de
Syriza al gobierno, sus intereses no se verán afectados.
Por lo tanto,
ninguna nacionalización u otras medidas coercitivas con respecto a los
bancos.» Con respecto a la Unión Europea, con el fin de evitar la
confrontación era necesario apartar la auditoría y la suspensión de
pagos. También había que prometer que un gobierno de Syriza respetaría
la disciplina presupuestaria exigida por las instancias europeas.
Por
ello Syriza afirmó en su programa de Tesalónica, con el que se presentó a
las elecciones del 25 de enero de 2015, que las medidas para ir contra
la austeridad serían contrabalanceadas por una recaudación fiscal capaz
de garantizar el respeto al presupuesto previsto para 2015 por el
gobierno precedente.
El núcleo alrededor de Tsipras y Dragasakis
razonaba de la siguiente manera: «Si no tocamos a los banqueros y si
respetamos la disciplina presupuestaria exigida por Bruselas, nos
dejaran llegar al gobierno y podremos gobernar».
¿Es posible
conocer la composición de ese núcleo duro en torno a Tsipras y su
evolución? ¿Cómo lo habéis percibido a través de la cuestión de la
auditoría?
Antes de la victoria electoral de Syriza, tuve dos
encuentros personales con Alexis Tsipras. La primera vez fue en octubre
de 2012 como ya lo indiqué. |20| Alexis Tsipras estaba acompañado de John Milios, |21|
quien en esa época era su asesor especial sobre las cuestiones
económicas. John Milios no era partidario de la auditoría de la deuda y
de la suspensión de pagos.
Finalmente fue apartado por Tsipras, a partir
de fines de 2014 debido a razones de orientación política, aunque
realmente fuera muy moderado… El otro asesor económico que dejó su
impronta en el seno del equipo de Tsipras fue Yanis Dragasakis, |22|
un personaje muy influyente. Fue viceprimer ministro en el primer
gobierno de Tsipras y todavía lo es, y dirige la política económica.
Dragasakis mantenía desde hacía largo tiempo relaciones con los
banqueros. Fue administrador de un banco comercial de tamaño medio, y
constituyó, de alguna manera, el puente entre Tsipras y los banqueros.
Syriza era una formación nueva, y por lo tanto sus líderes políticos
tenían relativamente poco arraigo en las esferas estatales
—contrariamente, por ejemplo, al partido socialista francés, cuya
historia está ligada a la República y a la gestión de los asuntos de
Estado—.
Con respecto a esto, el perfil de ese nuevo asesor económico
próximo a Tsipras desentonó. Mientras que en 2012 y 2013, entre los
dirigentes de Syriza no había nadie que hubiera ocupado una función en
el Estado, el único que había sido ministro en un momento dado, durante
algunos meses en 1989, era Dragasakis. |23|
Había
participado en un gobierno de coalición entre el partido de derecha
Nueva Democracia y el partido comunista (KKE), del que Dragasakis
formaba parte. Dragasakis era claramente opuesto a una auditoría de la
deuda y a una suspensión de pagos.
¿Cómo se ha manifestado esa pusilanimidad nueva de Syriza frente a
los poderes del dinero? ¿Cuáles eran las divergencias sobre la cuestión
de la deuda?
Una de las iniciativas que deseaba emprender
Alexis Tsipras era la convocatoria de una gran conferencia internacional
sobre la reducción de la deuda en Atenas en marzo de 2014. Tsipras,
bajo la presión de Sofia Sakofara, diputada de Syriza desde 2012, me
encontró de nuevo en octubre de 2013 y me pidió mi contribución a la
celebración de esa conferencia, convenciendo a una serie de
personalidades internacionales para que respondieran afirmativamente a
la invitación.
Confeccioné una lista de participantes y lo discutimos
con Alexis Tsipras, Sofia Sakofara y Dimitri Vitsas, secretario general
de Syriza en eses momento. Había propuesto que se invitara a
personalidades como Rafael Correa, Diego Borja (ex director del Banco
Central de Ecuador), Joseph Stigltz, Noam Chomsky, Susan George, David
Graeber, Naomi Klein, así como a miembros de la comisión de auditoría
ecuatoriana que habían trabajado conmigo en 2007 y 2008.
Me di cuenta de
que de la lista propuesta, Rafael Correa no le interesaba para nada,
pero Tsipras quería al ex presidente de Brasil, Lula, y a la presidente
de Argentina Cristina Fernández. Para Tsipras, Ecuador era demasiado
radical. Y, por supuesto, quería a Joseph Stiglitz y a James Galbraith,
totalmente justificado.
Sin embargo, en su cabeza, todo eso no era para
constituir una comisión de auditoría, sino para convocar a los países
miembros de la Unión Europea a una conferencia europea sobre la deuda, a
imagen y semejanza del acuerdo de Londres de 1953, cuando los
vencedores de la segunda guerra mundial concedieron una reducción de
deuda muy importante a Alemania del Oeste. Le dije que no había ninguna
posibilidad de que se pudiera realizar.
Como dirigente de Syriza, tenía
toda la legitimidad para avanzar ese plan A, pero era impensable que
Draghi, Hollande, Merkel, Rajoy lo consintieran. Le dije que era
necesario un plan B en el que debía haber una comisión de auditoría de
la deuda. También lo declaré ante la prensa griega. Aquí tengo un
extracto de una entrevista que me hicieron y que publicó El diario de los editores, próximo
a Syriza, en octubre de 2014.
El periodista me había preguntado qué
pensaba de la conferencia europea sobre la deuda que proponía Alexis
Tsipras, basándose en la conferencia de Londres de 1953, y le respondí:
«Se
trata, por supuesto, de una demanda legítima (…) pero no podréis
convencer a los gobiernos de las principales economías europeas y a las
instituciones de la UE a hacerla. Mi consejo es el siguiente: la última
década nos ha mostrado que podemos llegar a soluciones equitativas
aplicando actos soberanos unilaterales. Es necesario desobedecer a los
acreedores que reclaman el pago de una deuda ilegítima e imponen
políticas que violan los derechos humanos fundamentales, que incluyen
los derechos económicos y sociales de las poblaciones. Pienso que Grecia
tiene argumentos sólidos para actuar ya para formar un gobierno que
será apoyado por la ciudadanía y que exploraría las posibilidades en esa
dirección. Un gobierno popular y de izquierdas podría organizar un
comité de auditoría de la deuda con una amplia participación ciudadana,
que permitiría determinar qué parte de la deuda es ilegal y odiosa,
suspendería unilateralmente los pagos y repudiaría luego la deuda
identificada como ilegítima, odiosa y/o ilegal.» |24|
Finalmente,
Alexis Tsipras me propuso preparar con él y con Pierre Laurent,
presidente en ese momento del Partido de la Izquierda Europea, una
conferencia europea en la que uno de los temas fuera la deuda. Se
debería realizar en Atenas en marzo de 2014.
Eso no se pudo concretar
porque durante una reunión celebrada en Madrid en diciembre de 2013, el
Partido de la Izquierda Europea decidió convocar una conferencia en
Bruselas, en lugar de Atenas, en la primavera de 2014. En esa
conferencia de Bruselas, que tuvo muy poca repercusión, estaban
presentes entre otros Alexis Tsipras, Pierre Laurent así como Gabi
Zimmer (miembro de Die Linke y presidente del grupo parlamentario de la
GUE/NGL en el parlamento europeo), Willy Meyer, eurodiputado de IU. |25|
Allí participé como conferenciante en un panel con Euclides Tsakalotos,
que se convertiría en ministro de Finanzas de Alexis Tsipras a partir
de julio de 2015. |26|
Me di cuenta en ese momento de que no era en absoluto favorable a un
plan B que contemplara la deuda, los bancos, la fiscalidad.
El plan de
Euclides Tsakalotos era negociar a cualquier precio con las
instituciones europeas para obtener una reducción de la austeridad sin
recurrir a la suspensión de pagos de la deuda ni a la auditoría. Durante
esa conferencia, de nuevo argumenté a favor de un plan B que debía
incluir la auditoría y la suspensión del pago de la deuda.
La
discusión sobre la necesidad de un plan B no proviene de 2015, puesto
que remonta claramente a 2013-2014. El núcleo dirigente alrededor de
Tsipras decidió excluir la preparación de un plan B y se aferraron a un
plan A irrealizable. " (Eric Toussaint y Benjamin Lemoine, Stathis Kouvelakis , CDTM, en Rebelión, 06/10/16)
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